Crítica por Oscar Navales
Desde sus primeras imágenes, “Suspense” pretende ir acumulando una serie de sugerencias a nivel visual que estén en abierta confrontación con la narración en si misma. Es decir, lo que aparentemente está teniendo lugar se pone en tela de juicio al aportar Jack Clayton detalles que ofrecen otras posibilidades. Intentaré clarificar esto en las siguientes líneas, pero antes hablaremos brevemente del relato original en el que se inspira: Otra vuelta de tuerca, de Henry James, publicada originalmente en 1898.
En el relato, cualquier frase y diálogo guarda una clara intencionalidad y sobre todo va encaminada a sugerir algo en la relación entre los personajes o sobre su psicología. La ambivalencia de las situaciones es una de las claves sobre las que James construye el relato. El estilo elusivo del escritor es fielmente adoptado por Jack Clayton, aunque evidentemente su versión cinematográfica sea algo más explícita gracias al lenguaje cinematográfico: el uso del punto de vista narrativo, un efecto lumínico, la forma de usar los encadenados o que plano montar tras el que le antecede y por que, etc.
Desde el principio de la película sabremos que Miss Giddens (Deborah Kerr) es una mujer excesivamente interesada en la felicidad de los niños. De hecho esto lo sabremos en una secuencia que detalla la entrevista que mantiene la mujer con el tío de los niños que se va a encargar de cuidar en una apartada y gran mansión. El espectador no tendría que darle a este momento más importancia del que tiene un acontecimiento normal y cotidiano, pero Clayton ha montado una extraña secuencia antes de la mencionada, en la que las manos en posición de plegaria y la voz de Miss Giddens sobre un fondo negro repitiendo varias veces que solo quiere el bien de los niños, su felicidad, no pueden despertar más que las sospechas del espectador. El montaje parece expresar que el ruego es una voz interior de la mujer en el mismo momento de la entrevista de trabajo: se funden la última imagen de la primera secuencia (las manos en posición de plegaria y la voz obsesionante de la mujer) con la primera imagen de la segunda (un plano de la mujer con expresión un tanto ausente en el momento de la entrevista, y que recupera el hilo de la conversación al escuchar unas palabras de su interlocutor): esa mujer parece obstinada en conseguir ese trabajo como si de una misión personal se tratará.
Los dos niños, Flora y Miles, a los que tiene que ciudar Miss Giddens, se muestran, sobre todo el niño, extrañamente maduros en ciertos aspectos. Tanto ellos como el ama de llaves, Mrs. Grose, hablaran de ciertas historias relacionadas con un oscuro pasado de la casa: la muerte de la anterior institutriz y de un tal Peter Quint. Las historias calaran hasta tal punto en la mente de Miss Giddens (que, hay que remarcarlo, en la citada entrevista de trabajo, y respondiendo a una pregunta del tío de los niños, ha admitido poseer una fuerte imaginación) que esta creerá que los niños están influidos de forma maligna por los espíritus de los muertos. Según todos los indicios, Peter Quint era un ser de gran perversión sexual, y parece que Miles se muestra extraordinariamente
caballeroso y adulador con Miss Giddens. ¿Sé trata de una artimaña de un alma sin rumbo (tal y como sugiera la niña, Flora) que ha poseído la voluntad del niño? Pero Clayton mantendrá la coherencia y la ambivalencia de los acontecimientos de forma rotunda: siempre que Miss Giddens crea ver una aparición, el espectador compartirá el punto de vista de esta, con lo que surgirá la duda: ¿Están teniendo lugar, efectivamente, esas manifestaciones? o ¿Todo es causa de una excesiva autosugestión en la mente de una persona obsesionada con salvar a los niños de algo inexistente? En ningún momento ninguno de los otros personajes será testigo de esas apariciones, por mucho que digan haberlas visto en otras ocasiones, y todo puede consistir en un simple juego infantil.
La crueldad de los niños se revela en varios momentos de la película: Flora observando con delectación como una araña se come a una mariposa en el jardín que rodea la casa; Miles durmiendo con una de sus palomas muertas bajo la almohada, por que alguien le ha roto el pescuezo. Al mismo tiempo, las inquietantes estatuas que rodean la casa son relacionadas por Clayton con lo extraño que anida en los niños: un insecto que sale de la boca de una pequeña efigie de un niño...que sujeta dos manos arrancadas. La infancia vista como algo perverso y maligno.
Los supuestos poderes de Miles (debidos, hay que recordarlo al también supuesto dominio que ejerce Peter Quint sobre la voluntad del niño) son sugeridos por detalles de montaje o estableciendo paralelismos entre acontecimientos. En el primer caso recordar el momento en el que Miles enciende su mirada ante un comentario de Miss Giddens, y por montaje Clayton pasa a un plano de la ventana de la habitación cerrándose violentamente y apagando una vela, dejando la estancia a oscuras. A continuación una frase tranquilizadora acompañada de una extraña mirada infantil: -No se asuste, solo fue el viento.
En el segundo caso, el momento en el que las duras aseveraciones de Miss Giddens inducen a un estado febril a Miles, que empieza a sudar en abundancia al mismo tiempo que las ventanas de la estancia de la casa en la que se encuentran se vuelven opacas por la humedad del exterior. El sudor y la humedad se relacionan ¿es casual?
La sexualidad reprimida late con fuerza como posible causa de las ¿alucinaciones? de Miss Giddens, hija de un pastor de la iglesia, y el beso de buenas noches en la boca de Miles a la institutriz es filmado de forma explícita por Jack Clayton con un primer plano de ambas bocas sellando una extraña relación.
El final del film es verdaderamente extraordinario, y pone la guinda en la magnifica acumulación de ideas y sugerencias de la película, que en los últimos años ha originado películas tan bienintencionadas y “prestigiadas” como “Los Otros” o “El Orfanato”.
El momento: en este caso destacaremos una frase, de boca de Miss Grose, el ama de llaves de la casa, testigo de acontecimientos pasados que aluden a las vivencias de Peter Quint con la anterior institutriz de la casa: -Señorita, he visto cosas que me avergüenza decirlas. Habitaciones usadas a plena luz del día como si fueran los bosques más oscuros.

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