Crítica por Oscar Navales
Uno de los primeros planos de esta película es toda una declaración de principios por parte de John Brahm, su director: se trata de un plano con grúa que recorre una de las estancias principales de la casa de los Hammond, deteniéndose momentáneamente en varios objetos, estatuas, escudos, etc. que definen a la familia, por un lado; pero por el otro ese plano crea un clima y proporciona un tono a la narración que certifica que nos encontramos en el territorio de lo fantástico: ese espacio nos revelará aspectos muy ocultos de los Hammond. Y la extraordinaria fotografía y el trabajo con los decorados no son ajenos a ese efecto.
John Brahm demuestra ser muy consciente del material que tiene entre manos, nada extraordinario y en cambio sí muy convencional, pero ello no le detiene a la hora de demostrar que su talento se crece ante las adversidades. Hay que decir, por otro lado, que pese a todo, el relato se muestra bien estructurado y algo que sería totalmente insólito hoy en día, es sintético: 60 minutos, es decir, dura lo que tiene que durar. Hoy un material como este podría alcanzar las dos horas perfectamente.
Brahm no filma por filmar y se puede decir que cada plano en el film obedece a una idea que se quiere expresar; y además consigue que cada encuadre tenga una lograda composición visual capaz de expresar el drama (en realidad la tragedia) que se esconde en el ámbito de la casa, y también en los espacios exteriores que la rodean.
Brahm se sirve, por ejemplo, de los árboles de ramas largas y retorcidas que rodean el acantilado cercano a la casa, para atrapar repetidamente a los personajes en esas “garras”, en lo retorcido de la historia.
En otra secuencia, una chica es atacada por la bestia que atemoriza a la gente del lugar, y el director se permite el uso de la cámara en mano para dotar tanto de inestabilidad a la imagen, como sobre todo de carácter sobrenatural a lo que tiene lugar ( el plano esta filmado desde el punto de vista del animal).
No es esta la única incursión del director en el territorio de lo terrorífico, algo que demuestran películas como “The Mad Magician, 1954” y sobre todo la excelente “The Lodger, 1944”, una de las mejores visiones sobre Jack el Destripador que ha proporcionado el cine.

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