Crítica por David Solé
Después de años de experiencia en el mundo del cine realizando documentales, comedias y algún spaghetti western, y tras un par de historias que comenzaban a encaminar su obra hacia el Giallo propiamente dicho, como fueron "Una Historia Perversa" y "Beatrice Cenci", Lucio Fulci dirigiría "Una lagartija con piel de mujer", cinta con la que el director se introduciría de lleno en lo que sería la etapa más importante en su carrera.
Para ello, contó por primera vez con la actriz Florinda Bolkan, quien le seguiría los pasos a lo largo de su carrera. La actriz aparece aquí tras el papel de una mujer enferma y desequilibrada a causa de los sueños extraños que está teniendo, unos momentos en los que Fulci, crea un ambiente psicodélico y perturbador, muy acorde a la estética de la época, donde transgrede y se recrea con unas escenas de erotismo lésbico a modo de exhibicionismo, gracias a los cuerpos desnudos de Anita Strimberg y de la propia Bolkan, todo ello amenizado con la perfecta música y acompañamientos de Ennio Morricone.
El film transcurre a un ritmo correcto aunque no tan intenso como posteriores trabajos del director, pero mantiene un aceptable clímax misterioso, siniestro y en ocasiones surrealista, que va ganando en intensidad y acción a medida que avanza el metraje.
Fulci muestra un Londres de contrastes, donde se mezclan serios e importantes abogados, psicoanalistas o políticos adinerados, junto a hippies de insultante extravagancia, drogas y sexo, reflejo de aquella época. Una fusión que aquí nace de la extraña relación entre las dos protagonistas.
La película incluye escenas con las que Fulci volvía a sobrepasar los límites morales, como la de los cuerpos mutilados de unos perros, algo que lo llevo incluso a tener que comparecer ante un tribunal por su gran realismo, efectos que fueron llevados a cabo por el creador de FX Carlo Lambardi.
En definitiva, Una lagartija con piel de mujer, es una interesante propuesta para apreciar el comienzo de la cara más polémica de Fulci, en la que las pesadillas eróticas, los primeros planos, el misterio y la perversidad, se fusionan con una banda sonora de Ennio Morricone.
El momento: Una de las escenas más conocidas del film. El reiterado ataque que sufre la protagonista (Florinda Bolkan) por un gran número de murciélagos

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