Crítica por Oscar Navales
Desde el año de su realización, 1983, pocas películas han apuntalado tan contundentemente una nueva perspectiva del género fantástico como "Videodrome". En menos de 90 minutos, David Cronenberg expone una dura y muy surreal mirada sobre el mundo tecnológico que nos rodea; una mirada con capacidad visionaria, que actualmente pocos directores, dentro o fuera del género, pueden igualar.
Cronenberg apuesta por una progresiva fusión de la carne con la tecnología: "Existenz", "El Almuerzo Desnudo" o "Crash", entre otras, reinciden en esta temática aportando nuevas perspectivas sobre la misma.
La pretendida dureza y amplitud de miras de algunos directores con ínfulas realistas poco pueden hacer contra "Videodrome", que 25 años después de su realización se mantiene vigente, y a la altura de la auténtica realidad que nos rodea. Al nivel de grandes clásicos de los años 80 como "Blade Runner, "Blue Velvet", "Sacrificio"(Offret, 1986) de Andrei Tarkovsky o "Something Wicked This Way Comes" (ídem,1983) de Jack Clayton, la película de Cronenberg proporciona entretenimiento (enfermizo, eso sí) y abundantes reflexiones sobre la realidad, nada fáciles ni banales.
Asimilando el concepto Cronenbergiano de "la nueva carne" a una especie de nueva religión, una música electrónica que suena en momentos muy puntuales asemeja su sonoridad a la característica música de órgano propia de una iglesia. Del mismo modo, el creador físico de "Videodrome", Brian O'Blivion, hace sus apariciones de forma no física, siempre a través del marco que proporciona una pantalla de televisor, ya que de alguna manera busca parecerse a un nuevo Dios (ser omnisciente), que se transmite a través de los rayos catódicos. Una nueva religión necesita de una nueva mirada, y en eso la película de Cronenenberg, un año posterior a la obra maestra de Ridley Scott, "Blade Runner" tiene algunos interesantes paralelismos y puntos de contacto narrativo con la película que tiene a Rick Deckard de protagonista. La mirada, los ojos, la percepción de las cosas, se erigen en las dos películas en discurso formal y narrativo.
En ambas hay sendos personajes que se autoerigen en dioses: en el que caso que nos ocupa O'Blivion, un personaje que se adueña de la capacidad sensitiva de las personas que caen en su secta; en el de "Blade Runner", Tyrell, el creador de vida sintética denominada Nexus 6. Si de forma simbólica la Tyrell Corporation de "Blade Runner" era liderada por un gran miope (las sorprendentes gafas del personaje así lo definían), incapaz de comprender el sufrimiento de los seres que había creado, en esta no sólo se manifiesta a través de las ondas catódicas (eje de la mirada del ser humano de la época que nos ha tocado vivir), sino que además tiene un siervo apellidado Convex (la palabra es importante ya que alude a la convexidad de los cristales de las gafas, y no por nada en una óptica es dónde el protagonista y este personaje entrarán en contacto) que será el encargado de proporcionar la primera vivencia directamente virtual de Max Renn.
El propio desarrollo narrativo de "Videodrome" es tan radical y nihilista, que el final es el único que verdaderamente podía encajar en su discurso: el programa videodrome proporciona una confusión tan absoluta entre realidad y ficción en las mentes de sus seguidores, que el protagonista llegará a su autodestrucción: ¿mental? ¿real? ¿ambas cosas?, visualizándolo Cronenberg de forma verdaderamente salvaje. Lo posible y lo imposible andan cogidos de la mano, y a partir de determinado momento de la película tan entrelazados que es imposible diferenciar uno del otro. Cronenberg no juega la baza de los giros de guión a lo Shyamalan o Fincher, sino que su propuesta es mucho más dura y no busca sorprender narrativamente al espectador, más bien angustiarlo ¿Que diría Buñuel si levantará la cabeza? Seguro que nunca alcanzó un grado tan radical de demencia en su imaginación, y su cine, lleno de momentos surreales, nunca fue tan perverso. "Videodrome", "The Fly", "Dead Ringers" o "Crash" sumieron a Cronenberg en tanta oscuridad creativa, que tras ellas, el actual cambio a narraciones oscuras, pero menos, como "A History of Violence" o "Eastern Promises" tiene un cierto grado de lógica. En mi opinión no son estas últimas las películas dónde Cronenberg ha alcanzado sus mayores logros artísticamente hablando, aunque, eso sí, ha logrado un estupendo éxito comercial y crítico.
Para los que no lo hayan hecho ya, animarles desde aquí a ver "Videodrome", la gran película de Cronenberg.
El momento: Max Renn flagelando a un televisor con un látigo...y no diré más.

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