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Crítica
En esta octava parte, se ha intentado algo así como innovar, saliendo del típico bosque y el lago para trasladarse a la cosmopolita ciudad de N.Y., pero en realidad lo que encontraremos es una triste y patética película, en definitiva, un bodrio. Es una porquería todo, no vale la pena nada, ya que nada se salva. Con unos diálogos sin sentido y muy básicos e interpretaciones, que ni echas a propósito salen tan mal, y lo peor y más decepcionante, si cabe, es Jason. Encontraremos a un Jason con las nuevas capacidades de: 1.espiar por los rincones, cosa extraña en Jason, ya que siempre se ha presentado como un asesino frío que llega, mata y se larga, pero aquí nos lo presentan como si de otro adolescente se tratase y en más de una ocasión lo veremos escuchando a escondidas. 2.desdoblarse y aparecer en sitios increíbles. Jason siempre persigue a sus víctimas o aparece cuando alguien abre una puerta, pero aquí no, aquí Jason persigue a la víctima, la cual tiene la opción de subir o bajar escaleras, pero haga lo que haga, se va a encontrar a Jason de frente, como lo hace? Igual es la precuela de Matrix.
Decir para concluir, que lo que decenas de campistas no han podido lograr en años, en esta película tanto el director como los guionistas y demás integrantes del equipo, lo han conseguido, matar a Jason Voorhees y sustituirlo por un patético personaje.
El momento: El mejor momento a destacar es: Ninguno, ya que toda la película me parece una basura, no encontramos en ningún momento ninguna escena de terror ni de intriga, los asesinatos son previsibles y sosos haciendo al tan peligroso personaje de Jason un ridículo asesino que mata a sus víctimas porque son aún más ridículas que él.
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