Crítica por David Solé
El director Tom Shankland, nos ofrece este thriller de género policiaco, que sigue una temática similar a la exitosa saga de Saw, utilizando la figura de un asesino en serie al que le gustan los juegos macabros y los mensajes por descifrar. Waz, también mira de reojo a dos de los grandes iconos dentro del género, como fueron El silencio de los corderos de Jonathan Demme (1991) y Seven de David Fincher (1995).
El film, a pesar de contar con un buen ritmo y una correcta trama con la que se sabe guardar hasta el final, una de las incógnitas de la cinta, se va encaminando poco a poco hacia una historia simple, que solo tendría cabida para amenizar la sobremesa de los domingos, o en algún capítulo de una serie policíaca de polis corruptos y peleas entre bandas callejeras. El resultado es un quiero y no puedo, que durante gran parte del metraje parece lograrlo dada la base argumental o el modus operandis del psychokiller, que sitúa a sus víctimas no solo en un juego personal sino ante la difícil elección entre su vida o la de alguien querido, algo así como una definitiva prueba de amor. Otro de los momentos destacables que dan esperanzas a la película, es cuando se nos presenta una escena dura a modo de flash back, donde vemos el posible motivo de los asesinatos
que parecen venir por venganza. Pero todo lo demás, a parte de muy visto, es cansino, y nos conduce hacía la identidad del asesino y sus intenciones finales, que lejos de sorprender, más bien resulta poco creíble, debido a toda la parafernalia que tiene montada, difícil de creer.
Todo ésto con un elenco de segunda fila compuesto por Stellan Skarsgard, a quien hemos podido ver en "El Indomable Will Hunting" o "Piratas del Caribe", Selma Blair ("Hellboy I y II"), y Melissa George, ("La Morada del Miedo" o Turistas") quien se supone, que ha de llevar el peso de la historia como una agente recien llegada a una unidad solo de hombres, en la que además todos tienen trapos sucios que ocultar. Pero ni Stellan Skarsgard es Brad Pitt, ni Selma Blair es Tobin Bell, ni por supuesto Mellisa George se asemeja a Jodie Foster, por lo que la película, a pesar de la buenas intenciones como se demuestra en el retorcido final, queda en una copia más de las citadas con anterioridad.
El momento: El flash back, en el que la vejación, humillación y violación, no son lo peor.

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