Entrevista al director Stefano Bessoni

Antes incluso de ver la película, salta a la vista el hecho de que se trata de un experimento totalmente único en el cine italiano de hoy en día…

Nuestro antiguo cine de género ya no existe. En los años 50 y 60 se vieron verdaderas obras pioneras en el campo de lo fantástico y del horror, sólo hay que pensar en Freda o en Mario Bava. En los últimos años parece que todo esto se acabó, y un universo lleno de referencias y de incursiones en el cine fantástico se desvaneció de golpe.

Aparece entonces Imago Mortis

… sí, estoy orgulloso de haber contribuido un poco a relanzar un género olvidado desde hace tanto tiempo. Sobre todo teniendo en cuenta que la película nació hace ya mucho tiempo, por lo menos en mi imaginación.

Entonces, veamos. Stefano Bessoni es igual a decir dibujante de cómics, zoólogo frustrado, y ahora director. ¿Falta algo?

Eso es todo. Digamos que siempre he sentido una fascinación total hacia el mundo científico. Hace algunos años pensé que la cosa más normal para alguien como yo era ocuparme a tiempo completo de la ciencia, especialmente de la zoología. Por eso me inscribí en la facultad, para poder introducirme en ello.

¿Un ambiente que no era para tí?

No, más bien un trabajo que no correspondía con lo que yo tenía en mente. Y por fin comprendí que no quería vivir ese mundo, sino que quería contarlo.

Y entonces empezaste con esos maravillosos dibujos que ahora campan a sus anchas por tu blog…

A través del dibujo he creado mi universo fantástico, un mundo lleno de personajes, historias, situaciones que manifiestan mi pasión por un mundo totalmente real para mí, aunque sea fantástico, encantado.

Adoro las fábulas, sobre todo las fábulas negras…

Y en el fondo tu película es una fábula negra, y a la vez, como tú la has descrito, una historia de fantasmas.

¿Cuál fue la razón que te hizo abandonar los lápices para utilizar la cámara?

El cine siempre ha sido una de mis pasiones. Crecí devorando centenares de películas, con una predilección particular por todo aquello que se me antojaba más cercano a mi sensibilidad.

Desde las maravillosas películas de los años 50 de la Hammer, a los clásicos del expresionismo alemán, pasando por todo nuestro cine de género de los años 40. Nunca habría pensado que llegaría a dirigir una película, me parecía uno de esos sueños imposibles de realizar.

Y sin embargo…

La idea me vino en torno a los años 80 con el cine de autor europeo. Una verdadera iluminación. Hubo dos películas que despertaron en mí una nueva concepción: Juegos en el agua de Greenaway y El cielo sobre Berlín de Wenders. En aquel momento comprendí que mi futuro , de un modo u otro, estaba en el cine. Comencé entonces a mover mis primeros cortometrajes, participando en algunos festivales dedicados a directores independientes donde conseguí incluso algún premio. Sin contar con que durante algunos años colaboré con Pupi Avati, a quien debo todo mi reconocimiento. Finalmente llegó mi primer largometraje, Frammenti di scienze inesatte, que sin embargo no consiguió distribución en salas.

 

Imago MortisImago Mortis

¿Cómo llegó entonces Imago Mortis, tu primer largometraje con distribución oficial?

Fue un camino bastante tortuoso, sobre todo en lo que respecta al guión. Algunos de mis colaboradores, entre los cuáles estaba el gran Richard Stanley, dieron vida a borradores que no me convencían, los sentía lejos de mi mundo, de lo que quería contar realmente. Después tuve la suerte de encontrar a Luis Berdejo en Madrid…

Guionista de la famosa [Rec], y además uno de los nombres clave en el cine español de hoy en día…

Absolutamente. Y me sentí realmente feliz cuando descubrí que Luis estaba en la misma onda que yo. Tenemos los mismos gustos y la misma visión, tuvimos una sintonía total que hizo que en dos semanas de trabajo naciera el guión definitivo de la película. De los borradores anteriores no quedó prácticamente nada.

Y esto abre un paréntesis sobre la influencia que el nuevo cine español (aunque no sólo éste) ha tenido sobre tu película…

Decir que las películas de Del Toro, Balagueró y los demás me han influido es decir poco. Es un cine que adoro por su capacidad de crear historias con muchas capas, mundos encantados en los que el horror más profundo se alterna con la poesía más sorprendente. El nivel técnico, además, es altísimo; no hay un movimiento de cámara que sobre y el cuidado en la realización es realmente extraordinaria. Me gusta mucho también el cine de género francés, de Alexander Aja a Pascal Laugier, de quien adoro El Internado.

Llegamos entonces a Imago Mortis: la primera cosa que resalta es la profunda atemporalidad de la historia. No presenta ninguna coordenada ni punto de apoyo. El escenario parece realmente fuera del tiempo y del mundo…

Como ya he dicho, adoro las fábulas. No quería que mi película estuviese contextualizada en un momento concreto. Es por eso que en la historia no aparecen teléfonos móviles, ni ordenadores ni nada que represente el mundo tecnológico, que se queda fuera de campo. Me gusta la definición de una película analógica en la que lo digital queda fuera y se asiste al triunfo de la película antigua.

Tu película es extremadamente matérica, capaz de emanar olores, atmósfera, extractos de materia. Una bella respuesta a todo el cine digital que se ve hoy en día…

No habría conseguido realmente hacerlo de ninguna otra forma. Me gusta vivir el cine en todos sus aspectos, digamos que en todas sus capas y no puedo hacer otra cosa que sumergir la historia en una dimensión más física y, digámoslo así, alucinante. En este sentido una de las cuestiones más delicadas de planificar fue la relativa a la organización del espacio de la puesta en escena. Rodamos en un viejo hospital y en los estudios Lumiq en Turín, y me surgió de repente el problema de la relación entre los protagonistas y las cosas, los muebles, las habitaciones, las aulas universitarias.

El resultado es extremadamente claustrofóbico, la impresión es que es un lugar totalmente impermeable. Sin contar con la presencia de una amenaza que se respira desde la primera secuencia…

Lo que quería llegar a expresar era un sentimiento de peligro inminente. Entre mis autores predilectos está claramente Roman Polanski, películas como Repulsión o El quimérico inquilino no envejecen nunca. Una lección extraordinaria para todos, y además un buen motivo de inspiración para Imago Mortis. No quiero desvelar el final, pero uno de los momentos cruciales de la película es la “teoría del complot”, una de las piezas fundamentales de la poética de autor de Polanski.

En resumen, era fundamental crear un espacio lleno de tensión para resaltar mejor el tema central de la película.

Ese sería sin duda la tanatografía…

La tanatografía, entendida como una técnica es una pura invención, aunque tiene sus raíces en algunos experimentos.

Siempre me han atraído las ciencias ocultas y la alquimia. He llevado a cabo diferentes estudios acerca de este tema, y me he documentado lo mejor posible. La captura de las imágenes es sin duda uno de los mundos más fascinantes en los que me he sumergido. Capturar la muerte en el ojo del cadáver es algo que va más allá de la imaginación de cualquiera, aunque no es un tema que tenga que ver directamente con lo sobrenatural. Es por eso que inventé el personaje de Girolamo Fumagalli, el personaje central de la película, un misterioso científico del Seicento que inventó una macabra técnica denominada tanatografía y construyó el tanatógrafo, un instrumento con el que fotografiar la persistencia retiniana de la muerte en el ojo del cadáver.

Aparte de Cuatro moscas sobre terciopelo gris, no creo que el cine se haya interesado por este argumento…

El cine se ha interesado poco, pero el fenómeno de la persistencia retiniana sí que encontró su lugar en la literatura, en algunos comics. A raíz del interés suscitado por el tema, encontré que era un vehículo maravilloso para tratar el tema de la muerte. Es por eso que cuando dibujo me gusta imaginar personajes que están en equilibrio entre las dos dimensiones. No es casualidad que entre mis mayores referencias se encuentra Tim Burton.

Hablemos de los intérpretes: para un debutante como tú tener a una actriz del nivel de Geraldine Chaplin no es algo muy común…

He sido muy afortunado. Cuando el personaje de la condesa Orsini, propietaria de la escuela de cine, tomó forma en mi imaginación, la referencia era sin duda Geraldine. Simplemente intenté contactar con ella, enviándole rápidamente una copia del guión. La respuesta tardaba en llegar, por lo que seguí con el casting y me acerqué a Londres para buscar a la protagonista.

En aquel momento la suerte llamó a mi puerta de la forma más imprevisible. Sólo después de haber elegido a Oona Chaplin me enteré que tenía un parentesco con Geraldine, descubrí que aquella chica era la hija. Y fue ella misma quien me dijo que su madre había aceptado participar en la película. No me parecía real: iba a dirigir a madre e hija, por primera vez en el mismo escenario. Fue un encuentro entre dos generaciones y dos modos de vivir en el mismo set..

 

 

Ficha de la película: ‘Imago Mortis’

 

 


 

 

Etiquetas: , ,