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| Cobertura Especial Sitges 2009 |
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Domingo, 11 de Octubre
Final de trayecto. La edición número 42 del Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya – Sitges 2009, ha llegado a su fin. Y lo ha hecho con buen pie gracias a la proyección de un film muy esperado, “The Road”, adaptación de un libro escrito por Cormac McCarthy. John Hillcoat, el director de la obra, sorprende gratamente al haberle encontrado el punto exacto a esta traslación a imágenes del texto del reputado escritor norteamericano. Al igual que el libro, la película se caracteriza por un ritmo narrativo lento, sostenido; también por la monotonía que preside las vidas de un padre y de su hijo pequeño en un tenebroso mundo postapocalíptico. Hillcoat dota a “The Road” de un tono dramático grave y triste, apropiado para entonar un lamento por un mundo perdido, irrecuperable. La adaptación se revela muy fiel al espíritu y a la letra de McCarthy, con alguna que otra variación (mínima) con respecto al desarrollo del libro. El mayor apoyo para lograr transmitir al espectador las implicaciones que tiene y las sensaciones que causa el paisaje que retrata lo encuentra Hillcoat en la extraordinaria labor de fotografía a cargo de Javier Aguirresarobe, una de las más afinadas que se han podido ver en todo el festival. La música de Nick Cave y Warren Ellis, por momentos muy silenciosa y casi imperceptible (a diferencia de la interesante banda sonora que la pareja compuso para “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, más explícitamente poética y “audible” para el espectador) es otro de los acertados complementos que acompañan a las imágenes creadas por John Hillcoat. La película tiene una notable hibridación de planos generales y primeros planos. Los planos generales describen con minuciosidad, pero sin ensimismamiento estético, los diferentes paisajes de un mundo que se cae (literalmente) a pedazos; su ajustado tono visual no impide que de tanta destrucción se despida una cierta y poética fascinación . Los primeros planos adoptan, con seguridad y decisión, el carácter de drama intimo y acotado (a sólo dos personajes, un padre y su hijo) que posee la novela de Cormac McCarthy. Hillcoat emplea el sonido como un apoyo a lo que muestran las imágenes, y hace rugir y lamentarse a ese mundo en descomposición. Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee logran hacer creíbles a sus respectivos personajes, un padre y su hijo, y transmitir toda la extrañeza que surge de una relación paterno-filial nacida de la desesperación y de una (quizá) vana esperanza.
Una buena película, quizás incluso muy buena. Por extraño que parezca, el film no se estrenará en España hasta Febrero de 2010, aunque es posible que la carrera hacia los Oscar tenga mucho que ver en esta decisión de la distribuidora. Su estreno en EE.UU. está previsto para el 25 de noviembre de este mismo año.


Con “Zombieland” no había sorpresa posible. Es una comedia típicamente americana con un adolescente, de nombre Columbus (Jesse Eisenberg), que se ve empujado por las circunstancias (otro mundo postapocalíptico) a sobrevivir día a día viéndose las caras constantemente con legiones de zombis hambrientos. Columbus tiene una serie de reglas que sigue estrictamente para su supervivencia. No tardará mucho en encontrarse con otros personajes tan peculiares como él: Tallahassee (Woody Harrelson), Wichita (Emma Stone), y Little Rock (Abigail Breslin). Todos ellos acabaran conformando una extraña familia para alguien, Columbus, que cree no haber tenido una nunca. Los divertidos planos que ilustran los títulos de crédito, al ralentí y acompañados por la canción “For whom the bell toll”, de Metallica; la delirante aparición de un (falsamente) zombificado Bill Murray, y la contundente manera que tienen los guionistas de deshacerse de él; o la natural bis cómica que muestra Jesse Eisenberg, son algunos de los puntos positivos de un film que divierte y entretiene sin más. Tampoco tenía otra pretensión. La película ha generado la completa adhesión de un público entregado que ha llenado el Auditori de Sitges. Quizá demasiado entregado, por que el film ha ganado el Gran Premio del Público El Periódico de Catalunya en los premios concedidos hoy domingo. Tampoco era para tanto.

Sábado, 10 de Octubre
Penúltimo día del Festival: “Angels with dirty wings”, “La horde” y “Accidents happen”.
La primera de ellas es una producción totalmente al margen de las subvenciones estatales alemanas, es decir, una producción independiente. De todos modos, si una película como esta recibiera dinero del Estado podría implicar que el Estado no está muy cuerdo…aunque eso quizás hasta tendría connotaciones positivas…
Dejándonos de bromas, la película del director Roland Reber es simplemente una broma en si misma: Chicas en cueros, erotismo blando, un porcentaje mínimo de pornografía (un plano explicito de una chica masturbando a un hombre), y cantidades ingentes de filosofía barata acerca de la libertad del individuo (concepto que para el director se resume en que una de las chicas protagonistas folle con todo el que pilla por delante…), son los ingredientes básicos de la ¿película? de Reber.
No vale la pena añadir nada más, por que la película tampoco ofende. El único problema es que uno no sabe lo que va a ver al entrar en el cine, pero eso es normal en el Festival de Sitges (y en cualquier otro festival): uno tiene que arriesgarse un poco para, de ese modo, descubrir alguna joyita (o todo lo contrario).
La película ha provocado deserciones masivas (teniendo en cuenta que éramos cuatro gatos en la sala), carcajadas compulsivas debidas al delirio que provocaba el desarrollo del film, aburrido como pocos (y que, además, tenía el añadido de un subtitulado al castellano puramente demencial, realizado por alguien que debe estar aprendiendo el idioma al mismo tiempo que traduce…), y los simpáticos aplausos de un espectador cada vez que la actriz más atractiva del elenco salía en pelotas (y que otros espectadores han secundado impulsados por el más puro aburrimiento ante las imágenes que desfilaban ante sus ojos). Eso, y nada más, es “Angels with dirty wings”.
Y ahora hablaremos de algo más parecido a un lenguaje llamado cine.
“La horde” es el entretenido debut en la dirección de dos directores franceses, Yannick Dahan y Benjamin Rocher. Se trata de todo un festival zombi, bastante inofensivo pero disfrutable si uno tiene el día apropiado, como ha sido mi caso. Los directores se muestran, durante los primeros 30 minutos de metraje, aceptablemente inteligentes (pero nada originales) en la construcción de la historia, mezclando el thriller con el cine de acción y la más característica película de zombis. La cámara fija, el ritmo lento y grave, y la tensión de los diálogos que mantienen los personajes durante las primeras secuencias, contrastan con la filmación cámara en mano y el ritmo más ágil en el montaje de los siguientes instantes. Dahan y Rocher parecen emplear con sentido común los ritmos de montaje y dotan de sentido específico a la elección de una cámara fija o en movimiento (y, por lo menos, en este último aspecto no pretenden generar un efecto documental, como tantos directores “listillos” que se suben al carro del supuesto efecto realista que se le presupone a este tipo de elección formal con un descaro que da vergüenza).


El problema (o no) es que a partir de la media hora de metraje “La horde” se convierte en un típico (pero muy lujoso) film de acción con zombis. No hay terror, simplemente masacre de zombis, tiroteos espectaculares, alguna que otra pelea cuerpo a cuerpo, un viejo, excombatiente de Dien Bien Phu , al que le gusta masacrar zombis y al que incluso le apetecería follárselos (sic), y algunos otros ingredientes por el estilo.
No aburre, tiene cierta dignidad formal, pero es completamente intrascendente y nada terrorífica.
Y, ya por último, la película de producción australiana “Accidents Happen”, otro debut en el largometraje, en este caso de un tal Andrew Lancaster.
Se trata de la película más interesante que un servidor ha visto a lo largo de esta jornada, con presencia constante de diálogos mordaces y sarcásticos, con una labor de planificación y montaje más que competentes (en algunos momentos bastante inspirada), y un (casi siempre) apropiado empleo de las imágenes ralentizadas; ej.:el prólogo; o la secuencia que ilustra la peculiar forma de cometer un robo que tienen los jóvenes protagonistas: entrar corriendo en una tienda de comestibles, completamente desnudos y con pasamontañas ocultándoles el rostro, para, aprovechando la perplejidad que provocan a su paso, ir cogiendo las cosas que les apetecen y salir por dónde han entrado con la misma celeridad: Ambos instantes necesitan el apoyo del efecto irreal que provoca el ralentí visual.
La buena labor del elenco de actores, del director de fotografía, y sus ajustados 90 minutos de duración se convierten en otra baza a su favor.


Viernes, 9 de Octubre
Cinta de Moebius = Auditori; o algo similar se podría decir al visionar 5 películas seguidas en la sala más grande de Sitges: apenas 15-20 minutos de descanso entre sesión y sesión. Todo un desafío para el espectador más aguerrido.
La mañana ha empezado tibia, con la proyección de “Carriers” (también conocida como “Infectados”), el debut en la dirección de largometrajes de los hermanos Pastor, Alex y David. Una película que, por lo menos, evita recurrir en sus imágenes a la presencia masiva de zombis. Algunas buenas ideas visuales; ej: cuando Bobby (Piper Perabo) establece el primer contacto directo con las secreciones de una niña infectada, los directores filman a la chica con planos dorsales (es decir, con la cámara situada a la espalda del personaje), ocultando su rostro, pues el personaje va a ocultar a sus amigos lo ocurrido, que tendrá trágicas consecuencias para el grupo; en otro momento posterior, la pareja formada por Brian (Chris Pine) y Bobby tendrán una conversación, la primera íntima entre ellos tras lo ocurrido, que los hermanos Pastor visualizan mediante composiciones que muestran a ambos personajes presentes al mismo tiempo en cada plano, pero separados espacialmente, porque la imagen “real” de cada uno de ellos estará acompañada del reflejo en un espejo del otro: una idea visual que marca el inicio del deterioro de su relación; o el breve momento que muestra, con la cámara situada en el interior de un coche, como el vehículo se aleja de Bobby, a la que sus amigos abandonan a su suerte. Estas sencillas ideas, nada originales pero si bien aplicadas, no encuentran una excesiva prolongación en el resto del metraje del film, que se sitúa algo por encima de lo esperado y, sobre todo, filmado con más habilidad narrativa que la que muestran gran parte de los films españoles dirigidos por directores noveles. Eso sí, “Carriers” es de producción norteamericana, y se nota. El resultado es algo así como una versión descafeinada y juvenil de “La Carretera”, de Cormac McCarthy.


La mañana ha continuado fuerte, nada menos que con una de las peores películas vistas en el festival, “Ingrid”, dirigida por Eduard Cortés. Se trata de una obra lamentable desde los primeros minutos de proyección, gárrula hasta decir basta, con unas pretensiones bastante curiosas: por sus imágenes desfilan malas imitaciones del universo cinematográfico de David Lynch; evocaciones gratuitas del universo poético de Arthur Rimbaud; montaje a lo video-clip trapero casero de actuaciones musicales completamente gratuitas con las que el director se recrea con evidente placer; el pobre Houdini y su capacidad ilusoria y trásfuga se erigen (casi) en leit-motiv visual recurrente que expresa torpemente los deseos íntimos de su protagonista femenina de desaparecer; empleo pretendidamente complejo de varios idiomas: castellano, catalán, inglés, francés, alemán, etc., con la supuesta intención de crear misterio en el desarrollo de la trama, pero revelándose una estrategia calculada, artificial, aparente, para dotar de densidad al universo que retrata el film; desastrosa construcción del guión y pésima definición de los personajes y sus acciones; empleo pretendidamente perverso del sexo, pero más parecido a una visión infantil del universo Marilyn Manson. En fin, un auténtico desastre, que ha sido recibido como se merecía: con el desprecio general de la crítica. Una sola mención positiva merece la película, y es la contribución del actor catalán Eduard Farelo, que demuestra su profesionalidad al tomarse en serio (quizá incluso demasiado) al personaje que le toca en gracia, con unos diálogos y unas reacciones de puro chiste, pero que el actor afronta con dignidad.


A partir de la tercera sesión, protagonizada por la sexta entrega (¡¡!!) de la saga de los muertos vivientes creada por George A. Romero, y titulada “George A. Romero´s Survival of the Dead”, el festival ha continuado con la irregularidad creativa que presentaban los sucesivos films proyectados: “Cold Souls” y “Accident”.
La nueva película de Romero está dirigida con cierta dignidad, un talento artesanal que emplea con corrección el formato panorámico y que se permite un montaje anticuado, de un clasicismo neutro (es decir, ni demasiado funcional ni especialmente expresivo en la confección de las imágenes) y algo rancio. Romero se centra en un conflicto entre familias de origen irlandés, los O´Flynn y los Muldoon, para una película sencilla, efectiva, prácticamente un western con zombis y soldados (además de – los tiempos mandan – una soldado lesbiana que se masturba en presencia de sus colegas masculinos), y una duración ajustada de 90 minutos que logran que el film se vea con simpatía. De todos modos, una pena que Romero no tenga la oportunidad profesional de lidiar con otros materiales distintos al de su excesivamente prolongada saga de zombis, por que su mejor película continúa siendo (para quién esto firma) la primera de ellas, “La noche de los muertos vivientes”, filmada hace ya 40 años.


“Cold Souls”, opera prima de la directora Sophie Bartes, es un film interesante, divertido y original, con un notable Paul Giamatti, pero, sobre todo, un excelente David Strathairn, que interpreta a un tal Dr. Flintstein. La trama gira en torno a un actor de teatro, Paul, que debe interpretar un importante papel en la obra “Tio Vania”, de Chekhov, pero el hombre arrastra una crisis existencial galopante y decide acudir a una compañía que se dedica a la extracción de almas. Una vez extraída, el alma de Paul se reduce a un (sic) mero garbanzo seco. En los ensayos de la obra, una vez Paul haya recibido una nueva alma de (sic) origen ruso, el actor interpretará su papel de forma exageradamente extrovertida y histriónica, lo que provocará la decepción del director de la misma, que no comprende lo que está pasando…y Paul intentará recuperar su antigua alma…antes de que la actual propietaria de la misma la arruine participando en telenovelas rusas. Los diálogos de la película parecen escritos por Woody Allen…para un film de Woody Allen.
La película destaca por la dirección de actores y un interesante tratamiento de la fotografía y los espacios, que convergen hacia la grisura visual y los tonos y espacios metálicos, y que logran dar forma a una comedia con fotografía propia de un film depresivo, dramático. Por una vez, y sin que la película alcance la excelencia gracias a este factor, los abundantes primeros planos, que focalizan la atención dramática en los diálogos y la introspección psicológica, se revelan una opción plenamente coherente con la propuesta.


Jueves, 8 de Octubre
Jornada extrema la de hoy en Sitges 2009. Junto a la tibia película de animación “9”, dirigida por Shane Acker, y apadrinada por Tim Burton y Timur Bekmambetov, se han proyectado, por un lado, la extremadamente arriesgada y excesiva nueva película de Gaspar Noé, y por el otro la película que precede a “Tetro” en la filmografía del gran Francis Ford Coppola; se titula “Youth without youth” y adapta una notable novela breve del escritor, filósofo y historiador de las religiones Mircea Eliade, editada en España con el título de “Tiempo de un centenario”.
“9” es una entretenida película de animación, que muestra una notable fluidez en el movimiento de los personajes y un empleo bastante acertado del color, que retrata apropiadamente el oscuro y turbador universo por el que se mueven sus extraños personajes. Lamentablemente, la película tiene una guión extremadamente simple, que apenas desarrolla una trama mínimamente atractiva, ya que la atención de sus creadores parece focalizarse en exceso en la creación de unas escenas de acción, filmadas con corrección y claridad narrativa, que acaparan prácticamente todos sus esfuerzos.


Una extraña fusión parece tener lugar, la de la mente de sus dos productores, Burton y Bekmambetov, ya que el universo visual de la película y los personajes remiten al de películas como “Pesadilla antes de Navidad” o “La novia cadáver”, al mismo tiempo que su tendencia a reducir el argumento a la mínima expresión para dedicarse por completo a las escenas de acción trae a la mente los films del director de origen ruso: éxitos comerciales de la magnitud de “Wanted” o “Guardianes de la noche”.
Otro film que viene a la mente durante el visionado de “9” es la notable “Los Mundos de Coraline”, pero, por desgracia, la obra de Shane Acker apenas logra acercarse a los logros de aquella o de los títulos creados por Tim Burton.
Lo mejor del film se halla, en mi opinión, en los dos breves fragmentos que narran, en blanco y negro, los actos de locura científica y militar que desembocaran en el actual mundo postapocalíptico que se erige en escenario principal de la película, y en algunos detalles visuales originales que salpican “9” en algunos momentos; ej.: el personaje que se provoca placer al pasarse un imán por la cabeza, o el monstruoso ser metálico que paraliza a sus enemigos al hipnotizarlos con unos haces de luz parpadeante.
Cambiando de tercio, Gaspar Noé se lanza directamente al vacío con “Enter the Void”, la propuesta más extrema vista hasta el momento en el Festival, con una duración de 160 minutos y un frenético, epiléptico y lisérgico lenguaje visual que dará mucho que hablar si se llega a estrenar comercialmente en España (algo que me permito dudar).
El punto de partida de la película es, simplemente, extraordinario: un joven, de nombre Oscar, vive el más puro vacío existencial llenando sus días (es un decir) con el consumo de drogas alucinógenas, manteniendo relaciones sexuales con la madre de su mejor amigo, y viendo como su también joven hermana, Linda, se gana la vida como bailarina de strip-tease y prostituta en un local regentado por un mafioso llamado Mario. La vida de ambos jóvenes empezó a torcerse en la infancia, con la trágica muerte en accidente automóvilistico de sus progenitores, siendo separados el uno del otro durante largos años, pero haciéndose el uno al otro un juramento de sangre: aunque mueran, siempre estarán juntos, y Oscar siempre cuidará de Linda. Oscar se dirige a un local, llamado Void, a entregar unas drogas a su amigo Victor, la policía irrumpe en el local, y Oscar recibe un disparo mortal. El joven ha muerto, pero su espíritu deambulará por todos los rincones imaginables intentando proteger a su hermana.


Durante sus primeros 90 minutos “Enter the void” es un film duro y feroz, que recuerda, en su plasmación visual y sonora, a “Irreversible”, con aciertos y defectos similares a los de que aquel interesante film, pero sus siguientes 60-70 minutos, en los que la cámara adopta el punto de vista del espíritu de Oscar, son extraordinariamente autocomplacientes y, en ocasiones, muy molestos para la vista, en su afán por jugar con los parpadeos de luz con la única finalidad de impresionar, y al mismo tiempo de agredir, a los ojos del espectador. Una lástima, pero Noé se cierra él mismo las puertas que le permitirían lograr el film revolucionario que busca con desesperación. Deserciones masivas en la sala (quizás las más abundantes vistas hasta el momento) para un film extremo que es, sobre todo, y por encima de todo, una auténtica experiencia para los sentidos: si esta es gratificante o verdaderamente repulsiva deberá decidirlo el espectador que llegue hasta el final del viaje a la nada que propone la película.



Acabada la proyección, uno diría que la copia proyectada en Sitges es la de 160 minutos que se proyectó en Cannes 2009 (más que nada por que el film ha terminado 30 minutos después de lo previsto), aunque en la programación del festival se indique una duración de 138 minutos, que también es la que aparece indicada en Imdb (Internet Movie Data Base) como proyectada en el Festival de Sitges 2009. ¿Alguien conoce la respuesta a este enigma?.
Más refinada, más elegante, con un pie puesto en el lenguaje clásico, y otro en la experimentación narrativa más sutil, es “Youth without youth”, una de las mejores películas de los últimos años (aunque no una obra maestra) que devuelve en plena forma al más personal Francis Ford Coppola (el mismo que también se prolonga creativamente en la interesante y muy despreciada “Tetro”), adaptando con inteligencia la novela de Mircea Eliade. Al que recuerde la función que tenía la densa obra de antropología “La Rama dorada”, de James G. Frazer, en la concepción de “Apocalypse Now”, no debe cogerle por sorpresa el material que emplea el director en esta ocasión: nada menos que una densa novela acerca del mito del eterno retorno, escrita por un escritor que es reconocido, sobre todo, por su labor de antropólogo de las religiones y las filosofías.
La película cuenta con un excelente Tim Roth y un elaborado entramado visual y sonoro, que seducirá, sin duda, a los que sean sensibles al mejor cine que se hace en la actualidad, y del que Coppola forma parte indisociable. Un director que consigue aunar narrativa y experimentación con notables resultados.
Miércoles, 7 de Octubre
Jornada realmente agotadora en el Festival de Sitges, por lo menos para un servidor, que se ha marcado una auténtica maratón en el Auditori, compuesta por 5 títulos: “Moon”, “Paranormal Activity”, “Tetsuo: The Bullet Man”, “Kinatay” y, por último, “Heartless”, vistas en este orden. La primera y las dos últimas entran en competición.
Pero antes de hablar de los largometrajes hablaremos de un par de cortometrajes que se han podido ver a lo largo del día: “El Círculo Golligher” y “Out of Our Minds”: El primero es un notable cortometraje (catalogado por su humilde director de “amateur”) con una perceptible inspiración Lovecraftiana en la concepción de su argumento y atmósfera. Su director, Jaime Herrero Yacer, se arriesga artísticamente al recurrir al formato cuadrado (1:33) y al lenguaje visual del cine mudo. Una apropiada música acompaña a las imágenes, construidas con notable coherencia narrativa y un poder de sugerencia que indica que habrá que seguir la pista al joven realizador, si alguien le da una oportunidad de debutar en el largometraje, claro está. Mención especial se merecen las imágenes de la cascada invertida, unos de los logros visuales más originales de la propuesta. Out of Our Minds, el segundo cortometraje del día y de producción norteamericana, dirigido por Tony Stone, es la otra cara de la moneda: imágenes muy vistosas (algunas realmente atractivas), una banda sonora que se revela lo mejor de la función, ausencia de narración convencional y una total determinación por parte del director a expresar su “historia” de forma alusiva, mediante unos pocos conceptos visuales que se interrelacionan a lo largo del metraje, que es excesivamente largo. Curioso pero agotador, y programado, con muy mal criterio, justo antes de la proyección de una película no menos agotadora y excesiva, la última obra de Shinya Tsukamoto.
“Moon”, opera prima de Duncan Jones (hijo de David Bowie), satisface las expectativas creadas: se trata de una película más que correcta, dirigida con inteligencia y sensibilidad, que logra transmitir con intensidad el desasosiego, monotonía, aburrimiento y desbordamiento psicológico de un astronauta, de nombre Sam Bell, que trabaja, con ayuda de un máquina cosechadora, en la extracción de un material lunar cuyo uso está logrando acabar con los problemas energéticos de la Tierra.


Abocado a la soledad y a la repetición ritual de sus gestos, actos y pensamientos, Sam descubrirá una aterradora realidad que le concierne muy íntimamente, y que aquí no desvelaremos, pues se trata de una sorpresa argumental importante absolutamente trascendental para el desarrollo de gran parte de la película.
Sam Rockwell está excelente, Clint Mantsell compone una acertada y muy sugestiva banda sonora, Duncan Jones acierta con el ritmo de las imágenes y logra narrar convincentemente la progresiva inmersión en la locura de Sam Bell. El único problema de la película es que su puesta en escena no es extraordinaria, aunque esa humildad honra a su director, que parece asumir que primero tiene que aprender a narrar una historia antes de lanzarse a quehaceres más ambiciosos. La madurez es un punto a su favor.
“Paranormal Activity” ha sido (para quién esperara algo de esta película) una decepción: al finalizar la proyección los abucheos han proliferado, con comentarios como este: –“¡vaya forma de vender humo!; la película es un mediocre exponente de las películas tipo “The Blair Witch Project”, “Rec”, y, a estas alturas, tantas otras.


Formalmente, de la película solo tienen interés los planos generales que la pareja filma desde el interior de su habitación, y que logran transmitir en algún momento algo de inquietud. Pero ese material apenas alcanza a 10 de sus 98 minutos de duración. El resto de metraje no necesita, en absoluto, la presencia de material filmado en todo momento por la cámara de vídeo casera, y se hubiera podido resolver más acertadamente con un lenguaje más tradicional y, para que nos vamos a engañar, mucho más rico: en el cine existen cosas como la luz, fotografía, color, diseño de producción, que para Oren Peli, el director del invento, no parecen existir. Jacques Torneur hubiera extraído oro de un material argumental como el que maneja la película , pero lo que extrae su director es pura chatarra.
“Tetsuo: The Bullet Man” es una película torpe, con una anemia de medios preocupante, y las ambiciones de su director, Shinya Tsukamoto, extraordinariamente grandes: pretende filmar una película, apabullante y destructiva al máximo, con una extraordinaria escasez de medios, y para ello decide recurrir a un montaje frenético y agresivo (acompañado de - en esto sí acierta el director - una apropiada sinfonía de martilleante música industrial), imparable y sin concesiones, que oculte los defectos visuales que arrastra el film. En fin, para todos los gustos.


“Kinatay”, de Brillante Mendoza, si que ha sido, esta vez para mí, una relativa decepción. De producción filipina, como la comentada en esta página “Independencia”, que también se ha proyectado en el presente Festival de Sitges, uno tenía la ilusión de que presentara una calidad similar al film de Raya Martín, y más teniendo en cuenta el prestigio internacional que arrastra la obra de Mendoza.
Película de un vacío formal de auténtica vergüenza, y una no menos preocupante ausencia de cosas que contar, la película tiene la pretensión de aterrar al espectador con un verdadero chaparrón de primeros planos de actores mirándose los unos a los otros mientras viajan en furgoneta, y situaciones no menos penosas, durante 108 minutos. Todo ello para “narrar” la mera anécdota argumental de una prostituta que es secuestrada, violada, asesinada y descuartizada, por un grupo de perversos policías.


La película sólo consigue aburrir a los que buscan buen cine, y apasiona a los que ya se han aburrido del cine más creativo que se rueda en la actualidad, ese que tiene el carácter de “narrativo” junto con el valor expresivo de sus imágenes (grandes creadores como Fellini y Bergman, entre muchos otros, siempre aunaban, con gran habilidad, ambas características). El film de Brillante Mendoza es de una inoperancia enfermiza.
Y ya por último, “Heartless”, de Philip Ridley, una interesante película que mezcla el drama psicológico y el más puro terror con cierta habilidad y algo de excentricidad.
Partiendo de la sugerencia de un verso de Rainer Maria Rilke, “La belleza es el principio de todo terror”, el film plantea una revisión del mito fáustico y tiene capacidad para perturbar en algunos momentos del metraje. Además de en la correcta y elegante puesta en escena del director, la película se apoya en un excelente plantel de actores, como Timothy Spall, Joseph Mawle y Eddie Marsan, y todos ellos encabezados por el convincente y joven Jim Sturgess. No es una obra redonda, desde luego, pero si más compacta y, sobre todo, cinematográfica, que la mayor parte de películas vistas a lo largo de esta agotadora jornada.
Una lástima pero, finalmente, se nos ha escapado la posibilidad de ver una de las más insólitas propuestas del cine español reciente, “Son and Moon”, dirigida por Manuel Huerga. Otra vez será.
Martes, 6 de Octubre
Hoy el Festival de Sitges ha atravesado su ecuador con películas como “Splice”, “TIMER” (ambas en la sección competitiva del festival), “Valhalla Rising” , “The Hurt Locker” o “Chaw”.
De la primera señalar que es, probablemente, la mejor película dirigida hasta la fecha por Vincenzo Natali, sin que tal afirmación implique que estemos hablando de una obra maestra. Natali se siente seguro con el argumento que maneja (que no deja de ser una puesta al día de las figuras de Frankenstein y los clásicos mad-doctors) y entra de pleno en el mundo visual y filosófico que caracteriza la obra de David Cronenberg.


Con una narrativa sobria, pausada, que progresa con coherencia dramática, sin tiempos muertos, a la que el director contribuye con un lenguaje visual en muchos momentos puramente funcional pero muy efectivo. El diseño de la criatura es sutil y creíble, y, por encima de todo, se ve respaldada por una convincente labor de maquillaje y efectos especiales.
Adrien Brody y Sarah Polley cumplen en sus respectivos papeles, y la película se erige en un logrado cuento de terror en torno a los límites morales y profesionales de la investigación científica: robar el fuego de los dioses, como deja claro el mito de Prometeo, puede tener trágicas consecuencias para la Humanidad.
Por su parte, “Valhalla Rising”, dirigida por Nicolas Winding Refn (que también ha presentado en el festival su película “Bronson”), es una de las películas más pretenciosas, aburridas y fallidas de las vistas hasta el momento en Sitges 2009.
90 minutos de cine pseudo-intelectual con vikingos de protagonistas (ahí es nada), durante los que el director demuestra que ha asimilado mal la teoría del cine de Werner Herzog (“Aguirre, la cólera de Dios”) y de Terrence Malick (“El Nuevo Mundo”), pero lo ha canalizado todavía peor en la práctica. Primeros planos de los actores en un lado de los encuadres, y bellísimos y grisáceos escenarios naturales ocupando todo el resto de los mismos: una opción visual que fascina decididamente a Winding Refn, y que parece ser uno de sus recursos expresivos más destacados para lograr una especie de introspección psicológica de los personajes de su película. La cosa no funciona, y el film se hunde en el más profundo de los vacíos, con una preocupante ausencia de historia que narrar, y una todavía más preocupante obsesión por las imágenes casi de diseño publicitario. “Valhalla Rising” se sitúa muy lejos de las mejores películas de Herzog y Malick, pero también demasiado lejos de los mejores exponentes de películas de vikingos, es decir, “Los Vikingos, 1958”, dirigida por el gran Richard Fleischer, y “El Guerrero Nº 13”, del director (ausente durante demasiados años de la gran pantalla ) John McTiernan. Con respecto al cine de Herzog, decir que no vale con copiar algunos planos de su obra “Aguirre, la cólera de Dios”, especialmente aquellos en los que las lanzas y flechas aparecían de la nada y masacraban a los soldados, para lograr un “Aguirre”.
“The Hurt Locker” es otro cantar: se trata de una película tensa, bastante realista y alejada de los efectismos habituales en las producciones bélicas más recientes, con un excelente conjunto de actores, entre los que destaca un brillante Jeremy Renner (a cargo del papel del Sargento William James), que se apodera por completo de la película. Una lástima que la película tenga una inoportuna secuencia: aquella que muestra al mencionado sargento investigando por su cuenta la muerte de un niño, apodado Beckham, al que posteriomente se le han introducido explosivos en el interior del cuerpo. Una secuencia que forma parte de otra película, pero no de “The Hurt Locker”.































Habrá que espera...




