Dos tipos duros, la comedia que supuso el debut de
Juan Martínez Moreno en el año 2003, nos dejó una imagen típica del incombustible
Quentin Tarantino trasladada al cine español, la de
Rosa María Sardà sangrando a borbotones al serle amputadas las manos; con su segundo largometraje, el dramático
Un buen hombre, el director demostró que sabía adaptarse a toda clase de circunstancias, contemplando los más variados géneros; en esta ocasión (su tercera película) retoma la senda de su ópera prima imprimiéndola, eso sí, un toque fantástico en el que el equipo de maquillaje ha realizado un trabajo costoso y formidable.
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