31 de Rob Zombie. Vuelta a los orígenes sin gracia #Sitges2016

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El cine de Rob Zombie no es para todos los públicos, eso nadie puede negarlo. La Casa de los 1000 cadáveres y Los Renegados del Diablo supusieron un soplo de aire fresco en un género que comenzaba a dar síntomas de agotamiento. Y aunque a posteriori Zombie dirigiría los reboots de la saga de Michael Myers, fue cuando se estrenó Lords of Salem en 2012, que hubo masas enfurecidas que le criticaban el hecho de que se vendiera al gran circuito comercial, realizando un cine más convencional y más alejado de los elementos que le habían hecho ganarse la confianza como cineasta de millones de fans este antiguo líder de la mítica banda White Zombie.

31 suponía la vuelta a los orígenes de Zombie, o así lo prometía su impactante tráiler. Y es cierto, 31 es una vuelta a sus orígenes, pero con muy poca gracia. Los elementos que manejaba Zombie con extremada soltura en La Casa de los Mil Cadáveres o en su secuela, aquí aparecen reducidos a meras parodias de los mismos, comenzando por unos personajes poco imaginativos y carentes de toda carisma, especial mención a los villanos, muy poco inspirados, meros clichés miles de veces vistos en el género, como payasos con motosierras, enanos y locos con la cara pintada.

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Por otro lado, teniendo en su plantel de actores al gran Malcolm McDowell se le podría haber sacado más provecho, pero Zombie se limita a mostrarlo en planos totalmente aislados, y con unas vestimentas que recuerdan a lo visto en decenas de videoclips de su banda, ridiculizando las apariciones de este actor de culto.

Pero la referencia al videoclip no acaba aquí. Rob Zombie utiliza el montaje “videoclipero” de forma muy habitual en su filmografía, pero en 31 lo exagera hasta la extenuación, abusando de forma repetida de recursos como, por ejemplo, un slowmotion con fundido a negro, o congelar la imagen con un sonido estridente para acabar impactando al incauto espectador con un zoom y un fundido a negro de nuevo. Es inaudito que un director como Rob Zombie, con cierto bagaje y experiencia en el set de rodaje, se apoye en un recurso tan simplón y propio de director novel como son estos esquizofrénicos movimientos de cámara que más que aportar calidad al montaje, provocan el efecto contrario.

Habrá que esperar a la próxima.

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Jorge Manrique

Jorge Manrique

@jorgemanrique_

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