Nadie se imaginaría jamás que ellos fueran los responsables de ninguna masacre. No obstante, lo han sido de unas cuantas, las cuales repasaremos en este artículo. Veremos a muchos y diferentes diablillos que han aterrorizado al respetable desde la gran pantalla. Y es que al provenir el mal desde algo tan angelical e inocente como puede ser un niño, la cosa suele  ponerse más interesante. Y hablando de diablos, veamos como Satán ha hecho de las suyas a través de algunos niños.

Empezaremos con una de las más grandes y memorables como fue El Exorcista (William Friedkin, 1973). La víctima, una dulce muchachita llamada Reagan MacNeil de doce años de edad interpretada por Linda Blair. Interpretación del todo admirable, teniendo en cuenta el infierno que pasó con el duro rodaje (se cuenta que el director William Friedkin, hizo sufrir a todo el elenco para así conseguir un excelente realismo, imprescindible para el resultado final de la película). El que quiso llevar la novela a la gran pantalla fue el propio escritor de ésta, William Peter Blatty. Blatty se inspiró en un suceso real de los años cuarenta. La historia ya la conoce todo el mundo: Una jovencita cae enferma y su madre no logra encontrar la solución en la medicina, por lo que en un momento de desesperación recurre a la iglesia. Estos últimos, creen que el caso merece un exorcismo ¡Y vaya exorcismo! Los efectos especiales de Dick Smith revolucionaron el cine de terror a partir de El exorcista. El film no solo engendró mil y una versiones y plagios, sino que lo más importante fue que se tomo como ejemplo su estructura, su dureza y su festival de efectos impactantes en muchas películas en los setenta. Se estrenó en el 1973, llegando a las pantallas españolas dos años después. Exceptuando el Festival de cine fantástico de Sitges, donde proyectaron la película sin la aprobación de los censores franquistas a riesgo de que en cualquier momento irrumpiera la guardia civil en el teatro Retiro.

Si Regan tenía el Demonio dentro, en La profecía tenemos nada más y nada menos que la reencarnación del mismísimo Anticristo. Vale que esta surge de la lánguida sombra de El exorcista, pero en este caso nos encontramos ante una obra magistral. Magistrales Gregory Pek y Lee Remick, magistral la batuta de Richard Donner y magistral el astuto guion de David Seltzer. El pequeño Damien, interpretado acertadamente por Leo MCKern y su rostro tanto angelical como terrorífico, va creándose poco a poco su reinado del mal, eliminando a todo aquel que se cruce en su camino o descubra su verdadera identidad. Ya sea atravesándole el cuerpo a un cura con un pararrayos, decapitando a alguien de forma brutal o intentando matar a su propia madre con un triciclo ¿No es una monada de niño? El clímax final en la iglesia con el padre intentando acabar con el demonio no tiene precio. El film de Donner engendraría dos secuelas: La maldición de Damien (Don Taylor, 1978) con un Damien adolescente haciendo de las suyas en una academia militar y El final de Damien (Graham Baker, 1981), con el popular Sam Neill haciendo de un anticristo ya adulto.

En 1991 aparece un telefilme titulado La profecía 4: El renacer.  Se trata de una infame secuela dirigida por  Jorge Montesi donde se dedica a plagiar el esquema de La profecía sustituyendo al crio por una niña. Y ya en el 2006, en plena era de los remakes, le llegaba el turno a Damien. En esta ocasión, el director John Moore, acaba optando por remakear el original casi plano a plano. Nada nuevo.

Sigamos con los niños demonio y demos una vuelta en esta ocasión por el maldito edificio Dakota. Hablamos, como no, de una de las obras más perfectas de Roman Polansky, nada menos que La semilla del diablo. Una pareja compra piso en el Dakota (por si hay algún despistado, el Dakota es un edificio neoyorkino donde hizo de las suyas Aleister Crowley, ritos satánicos, brujas y liquidaron en él a John Lennon) y todo va bien hasta que empiezan a entablar amistad con sus pintorescos vecinos. Ella está en cinta (una Mia Farrow de lo mejorcito. Y con su famoso peinado a cargo de un tal Vidal Sassonn, con el que se supone se catapultó a la fama) y los vecinos con el apoyo de su propio marido, le dan brebajes y hierbas varias. Por las noches tiene horrendas pesadillas y se encuentra cada vez peor de salud.  Y no es de extrañar, ya que en su tripa está engendrando nada menos que al anticristo. La película es redonda y como decíamos, del todo perfecta.

Otro tipo de niños terroríficos son los niños mutantes. De ello nos habló en su trilogía “Estoy vivo” (It´s alive 1974), “¡Sigue vivo!” (It lives again 1978) y “La isla de los vivos” (Island of the Alive 1986) el carismático y cineasta independiente Larry Cohen. La trilogía nos relata como la pareja Davis (John P. Ryan y Sharon Farell) da a luz a un monstruito que solo piensa en matar y comerse a los demás. Tras esta disparatada premisa nos encontramos con un cruce entre melodrama y terror, cargado de mala leche pero sin escatimar un toque de parodia malsana. El causante de los bebés mutantes es el abuso de píldoras anticonceptivas, y los Davis, en un principio sentirán rechazo hacia el bebé, para al final, no poder evitar sentirse unidos a su retoño. A pesar de que el retoño, un bebé mutante con dos colmillos infernales, es todo un mortífero bebé-monstruo-psicópata que elimina a todo el que se le pone por delante. La película estuvo tildada de muchas formas, apología del aborto, fascista y un largo etc… de despropósitos. Lo cierto es que la trilogía, y sobretodo la última secuela, es de lo más divertida. En la época de los remakes, también “Estoy vivo” ha tenido el suyo con “Está vivo” (2008). Otro grupo de bebés mutantes y mortíferos son los surgidos de “La nueva carne” del genial David Cronenberg en la ultra-extraña “Cromosoma 3” ( 1979). En ella, nos encontramos con un grupo de pequeñajos enfundados en unas chaquetas rojas con capucha y con muy mala leche. Un psiquiatra, Hal Raglen (Oliver Reed), inventa un tipo de terapia muy especial para tratar trastornos mentales, pero la cosa desatará la furia de los enfermos. Y dicha furia, se trasforma en estos salvajes retoños. De lo mejorcito del Cronenberg del principio, del de la obsesión por la carne y el cuerpo humano. La escena final es apoteósica. No sé muy bien si para “Línea mortal” (1990) de Joel Schumacher se inspiraron en los bebés de Cronenberg pero el muchacho que apalea a Kiefer Sutherland se parece bastante. En 1990 nos llega desde Francia la película “Baby Blood”, de Alain Robak, una rareza de lo más exquisita en clave de un humor muy, muy negro. La historia nos cuenta como una muchacha sabe que está embarazada de una criatura sedienta de sangre, y se dedica a liquidar hombre tras hombre para satisfacerla. Las radiaciones de una central nuclear hacen que los niños viajeros de un autobús escolar se transformen en criaturas de uñas negruzcas que liquidan a la gente abrazándoles en “Abrazo Mortal” (The Children 1980) de Max Kalmanowicz.

Pero si lo que usted busca es niños que provoquen verdadero repelús, lo suyo son los niños fantasmas.  Desde Italia tendremos muy en cuenta  “Operazione paura” (1966), la obra maestra de Mario Bava, donde una niña que llama a la puerta de noche aterroriza a un pueblecito. O como los espectros del Hotel Overlook de “El resplandor”  (The Shining, 1980), dos niñas gemelas que aparecen en el pasillo en el que se encuentra la temible habitación 237. Y es que Stanley Kubrick sabía muy bien lo que hacía y la estética del encuentro es formidable, desde los vestiditos de la pareja de gemelas hasta sus movimientos sincronizados. Otro que sabe muy bien lo que hace es Guillermo del Toro. Por ejemplo en El espinazo del Diablo, (2001) donde se aparece el fantasma de un niño ahogado. Pero si se trata de niños fantasmales, donde hay que recurrir si lo que se busca es verdadero pavor, es en los films asiáticos. Una de las mejores es Ju-On, (The Curse, 2000) y  “La maldición” The grudge (2002). Ambas de Takashy Shimizu. La primera y su secuela fueron filmadas en video, pero la fama que corrió por la red como la pólvora le llevó a realizar esta “La maldición”. En ellas tenemos la espectral y terrorífica aparición de un niño blanquecino de unos diez años del todo pavorosa. Según nos prologa el film: Ju-On: Maldición de alguien que muere preso de una ira intensa. Esta queda en los lugares en los que dicha persona estuvo en vida. Quienes van a parar a ellos sufren sus efectos, mueren y se genera una nueva maldición”. La película también tuvo su remake americano, el cual no alcanzaba la atmosfera de las originales de Shimizu. Otro que aterrorizó a los aficionados fue Hideo Nakata con su niña peluda del pozo en “Ringu” (1998) y Kim Ji-Won en “Dos hermanas” (2003).

En 1972, Robert Mulligan realizaba “El otro” (The Other). Nilles y  Holland son dos gemelos totalmente iguales pero de distinto carácter. Mientras uno es apacible y bondadoso el otro es malvado y todo un trasto. Un trasto y un malvado niño el cual se caracteriza sobre todo por estar fiambre. Nilles habla y se ve con él, cada vez más hasta que Holland acaba poseyéndole para hacerle obrar malvados actos. Lo original de la cinta, es su ambientación, a la luz del día y en una apacible granja familiar, sin necesidad de recurrir a la oscuridad ni a las tinieblas para hacer la historia terrorífica. Muy parecida en ese aspecto a “Picnic en Hanging Rock” (1975). El productor del film fue Tom Tryon, también autor de la novela.

Otra historia de fantasmas es “¡Suspense!” (1961) adaptando la novela de Henry James “Otra vuelta de tuerca”. En ella, los hermanos Flora y Miles se  codean y son visitados por dos fantasmas de dudosa reputación. Haciendo que tras los juegos de los hermanitos hay algo malsano. La cinta es estupenda y muy recomendable. Destacando sobretodo las escenas donde la institutriz protagonista (Debora Kerr) ve las apariciones. Además del clímax final de la película.

En otros títulos que repasaremos a continuación, veremos una pequeña lista de niños zombificados o que han regresado de la muerte, con macabras intenciones. Una de ellas, la mítica y formidable iniciadora del moderno cine de terror. Hablamos de “La noche de los muertos vivientes” (1968) de George A. Romero. En ella, un grupo se esconde en una granja defendiéndose de una plaga de muertos vivientes. Se que esta película no centra su trama en especial a niños, pero la escena final de la niña (Kyra Schon) del sótano acuchillando a su madre (Marilyn Eastman) bien se merece un lugar en este articulo. La escena es escalofriante y quita el hipo. Otro niño que regresa de la forma indeseada es el pequeño y adorable Miko Hughes en “El cementerio viviente” (1989) de Mary Lambert. Película basada en la novela “El cementerio de animales”, obra del prolífico Stephen King. En ella, un padre de familia descubre un lugar más allá del cementerio de mascotas donde lo que entierras vuelve a la vida. Pero no vuelve como uno desearía o esperaría. Con ello vemos que su principal referente es el relato “La pata de mono” de W. W. Jacobs. Y a quien entierran al final es al citado hijo pequeño de la familia tras morir al atropellarle un camión. Este vuelve y ataca a los suyos con un afilado bisturí en mano y riéndose con una tétrica y malévola risita. ¡Espeluznante!

Otra forma de regresar desde el más allá, es convertido en todo un vampiro. La imagen más emblemática, puede que sea la del niño vampiro  llamando a la ventana de su amigo en “El misterio de Salem´s Lot” (1979) de Tobe Hooper. Una historia de vampiros llevada a la televisión en forma de miniserie. La cual se pasó a video reduciéndola a formato de película sin buenos resultados. Esta también tuvo su remake en el 2004 protagonizado por Rob Lowe.

Por otra parte, tenemos un excelente film sueco de vampiros titulado “Déjame entrar” (2008) dirigido por Thomas Alfredson. Algo exquisito y lleno de magia y buen cine se lo mire por donde se lo mire. El film narra como una niñita dulce, feroz y devoradora de sangre entabla amistad con un niño rarito. A pesar de que la llegada al barrio de la niña vaya acompañada de una serie de asesinatos, al niño le da lo mismo. Y por mucho que las evidencias prueben que ésta es un vampiro, hace que Oscar le tenga más aprecio. La peli es cinefilia en estado puro. Sobria, magnífica y también tuvo su remake americano.  Aunque parezca raro, éste estuvo a su altura, cosa poco común.

Vamos con niños asesinos de verdad en plan psicópata. Y que mejor lugar que el american gothic, ubicado en Nebraska, y con unos maizales regados en sangre. Hablamos de “Los chicos del maíz” (1984) de un tal  Fritz Kiersch. A un pueblo de Nebraska, Gatlin, llega un extraño muchacho llamado Isaac, llevándose a todos los infantes lugareños a una extraña secta en medio de los maizales. Estos muchachos, acabarán con la vida de todos los adultos del lugar. El film tuvo cierto éxito en su momento, a pesar de que no sea un film del todo destacable, si lo fue en los circuitos comerciales de doble sesión en los ochenta. “Los chicos del maíz” cuenta con una saga de siete películas y un remake. “Los chicos del maíz 2, el sacrificio final” (David Price 1993), “Los chicos del maíz 3: Cosecha urbana” (James D.R. Hickox 1995), “Los chicos del maíz 4: La reunión” (Greg Spence 1996), “Los chicos del maíz 5: Campos de terror” (Ethan Wiley 1998), “Los chicos del maíz 6: El retorno Isaac” ( Kari Skogland 1999) y “Los chicos del maíz 7: Revelación” (Guy Magar 2001). Y en 2009 Donald P. Borcherse dirige el  remake.

Hay quien dice que Stephen King, para el relato de “Los chicos del maíz”, se inspiró en esta película. Hablo de “¿Quién puede matar a un niño?” (1976) de Narciso Ibáñez Serrador. Probablemente, la mejor película de niños asesinos de la historia. Empezando por su realismo (Hay que ver su versión original sin doblaje, donde los protagonistas hablan en “guiri”, obteniendo así un verdadero realismo casi documental). Su primera virtud, la de hacer una historia tan terrorífica en un paraje idílico a plena luz del día. Y momentos tan duros como el del juego de la piñata, el del anciano apaleado fuera de plano o el del niño muy pequeño intentando manejar un revolver. Y mención aparte la del feto que termina con su madre desde el vientre. Y es que Narciso estuvo en todo, como el prólogo inicial. Insuperable.  Aunque no era la primera vez que trataba el tema, en su otra producción para el cine, “La residencia” (1969), ya trabajó de refilón el asunto de infantes homicidas.

También existe un film en plan slasher titulado “Cumpleaños sangriento” (Ed Hunt 1980). Nos cuenta como un extraño eclipse con el planeta Saturno, influye en el nacimiento de tres muchachos que se transforman en despiadados asesinos. La fiesta de su décimo aniversario se convertirá en una verdadera masacre. Otro que empezó desde muy pequeñito fue el célebre psicho-killer Michael Myers, personaje de la saga “La noche de Halloween” (1978), creado por John Carpenter y Debra Hill, como vemos en el prólogo de la película. A su vez, también vemos a Myers en acción en el inicio del aceptable remake de Rob Zombie. En esta última ocasión, de una forma bruta y totalmente asfixiante.  Casi tanto como la conversación de Ana Torrent con la abuela del film de Carlos Saura “Criacuervos” (1975).

Macaulay Culkin protagonizó junto a Elijah Wood  “El buen hijo” en el año 1993. En la que Culkin interpreta al hijo de los Evans, un angelito en apariencia, pero que otro niño si se dará cuenta del monstruo que esconde tras dicha apariencia. Olvidable. Como también lo es “Expediente 39” (2009), donde una trabajadora de los servicios sociales acoge a una niña a la cual han intentado asesinar sus propios padres. Y olvídense también de “La mala semilla” (1956) donde la puesta en escena y el guion son aborrecibles.

Un título que no terminó por tener distribución en la piel de toro fue la británica “The Children” (2008). Donde un idílico y bucólico fin de semana se acaba estropeando cuando los críos de las parejas empiezan a provocar extraños accidentes mortales. Del todo recomendable. Otro film con niña malvada es el tercer largometraje de Jaume Collet-Serra “La huérfana”  (2009). Donde las buenas intenciones de un matrimonio al adoptar a una dulce huerfanita acaba en tragedia. Pero si hay una niña que sabe tocar los huevos, y sobretodo amenazar con arrancarlos de cuajo, esa es “Hard Candy” (2005). Una dulce caperucita secuestra en su propio domicilio a un acosador infantil y se las hace pasar canutas en clave de ve3nganza por parte de las víctimas del acoso por  parte de pedófilos. Ganadora en el festival de Sitges del premio por parte del público en 2005,  destacar el trepidante ritmo de la historia, juntamente con el estupendo guión, cargado de un suspense desasosegador.

Luego tenemos a encantadores niños con poderes extraños, capaces de liarla parda, como hizo la dulce Drew Barrymore en “Ojos de fuego” (Mark L. Lester 1984). Donde nos narran la historia de una niña con el poder de incendiar las cosas y incluso a la gente. Ello proviene de un experimento secreto de las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Este es un film fruto de la fama de las adaptaciones de novelas de Stephen King. Y además, de las exploit surgidas a finales de los setenta y principios de los ochenta sobre poderes extrasensoriales fruto de “Carrie”, donde tenemos a otra niñita con poderes mentales y que cuando la cabrean la lía parda. Otro niño que tiene un temible poder, en este caso todo lo que desea sucede en la realidad y mantiene atemorizados a toda su familia, es en el film de historias cortas “En los límites de la realidad” (1983) de John Landis, Steven Spielberg, Joe Dante, George Miller, basándose en la célebre serie “La dimensión desconocida”. En el clásico de la ciencia ficción “El pueblo de los malditos” (Wolf Rilla 1960) todo un pueblo cae sumido en un profundo sueño. Al despertar, increíblemente un buen número de mujeres están en cinta. El gobierno estudia el asunto y cuando estos niños nacen, resultan ser todos albinos y poseen poderes extrasensoriales. Pronto dejan ver su vena malvada y sus temibles ojos brillantes. Goza de un remake realizado por el célebre John Carpenter en 1995.

Hasta aquí este humilde repaso por el fantástico infantil. Ya saben, no  se dejen engañar por cualquier retoño.

 

 

Articulo: Ramón Ruestes

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