“Berberian Sound Studio” el sonido como protagonista (Sitges 2012)

Peter Strickland vuelve a sentarse en la silla del director, tras su anterior trabajo “Katalin Varga” (2009), para rendir homenaje al Giallo.

“En la década de los setenta, el Berberian Sound Studio fue el estudio de postproducción de sonido más barato y sórdido de toda Italia, por el que solamente pasaban las películas más turbias y perturbadoras. Gilderoy un tímido editor de sonido inglés, viaja a Italia para encargarse del último Giallo del gran Santini. Pronto se verá atrapado en un mundo sórdido en el que la realidad supera a la ficción”.

Una apuesta totalmente arriesgada por parte de Strickland en la que juega con el sonido, convirtiéndolo en protagonista principal del filme, mostrándonos como la sucesiva inclusión de sonidos en el montaje hace que el miedo y el pavor vayan aumentando gradualmente. Resulta realmente interesante ver cómo se las tenían que ingeniar con trucos muy curiosos para recrear los efectos de sonido necesarios, como rebanaban sandias para emular ataques, etc…

Strickland se rodea de un reparto de actores donde encontramos el rostro conocido de Toby Jones, a quien recordarán por su papel de Truman Capote. Uno de los aciertos del filme es lo sensacional que el director refleja las diferencias culturales entre Gilderoy y los Italianos, convirtiéndose en obstáculo y a la postre en el desencadenante de la desesperación de Gilderoy por volver a su tierra natal. Algo tan inocuo a simple vista termina por convertirse en un infierno para nuestro protagonista teniendo que evolucionar para poder subsistir. Una transformación que Strickland nos muestra muy al estilo Lynch.

Su primera intención era rodar en Italia pero ante los elevados costes decidieron recrear el Berberian Sound Studio en Inglaterra. La puesta en escena es notable, regalando al espectador secuencias realmente bellas y aterradoras. Se podrá acusar a Strickland de pretencioso pero eso sería caer en un error, Berberian Sound Studio es una oda al cine por parte de Strickland a la que no hay que tratar de buscar explicación ni entendimiento simplemente dejarse llevar y disfrutarla como si del mismo Lynch se tratará.

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