Crítica. “Ex-Machina” (Alex Garland, 2015)

Un programador multimillonario contrata a Caleb, un joven empleado, para que pase una semana en un lugar remoto con el objetivo de que participe en un test en el que estará involucrada su última creación: un robot-mujer donde la inteligencia artificial lo es todo.

Por Montse Rovira

Los límites vienen a ser nuestra condición de posibilidad (igual que el aire que frena a la paloma es el que le permite volar), determinarlos es lo que nos permitiría avanzar en nuestro conocimiento científico sin empantanarnos en razonamientos falaces. Así pensaríamos si sólo pesase sobre nosotros la herencia de la Ilustración, y en parte somos sus herederos, sí, pero también descendemos del Romanticismo, y ello nos lleva a querer rebasar continuamente los límites. Junto a la ciencia está el arte y desde el arte siempre hemos querido asomarnos sobre el abismo, vislumbrar y rozar con nuestros dedos lo ilimitado. No nos basta conocer, necesitamos crear.

Ser hombres nos impele un poco a querer ser dioses y a tener conciencia de nuestra voluntad sacrílega. Lo hemos expresado en nuestros mitos, pero sobre todo en uno, el de Prometeo y sobre él hemos ido componiendo variaciones, la más célebre se la debemos a Mary Shelley: Frankenstein o el moderno Prometeo encadenado. Ex Machina retorna a Prometeo, esta vez con la Inteligencia Artificial como fondo. Alex Garland en su debut como director nos trae la historia de Caleb (Domhnall Gleeson), joven informático, que gana un premio en la compañía de internet para la que trabaja, Bluebook (nacida a partir de un importante buscador). El premio es jugoso: visitar durante una semana el enorme paraje natural privado y la casa de su multimillonario jefe, Nathan (Oscar Isaac). Pronto descubre que el premio esconde algo más, Nathan le ha atraído para que le ayude a probar su último prototipo de Inteligencia Artificial, que está incorporado en el cuerpo de Ava (Alicia Vikander) una atractiva mujer robot (que no oculta sus circuitos). Caleb y Ava mantendrán una sesión cada día, dedicada a mantener conversaciones de cualquier tipo para averiguar si el robot podría pasar perfectamente por una persona, o lo que es lo mismo si supera el Test de Turing. Sin embargo, la cosa no será tan sencilla a partir de que la seductora Ava le diga al muchacho que Nathan no es lo que parece ser. (Leer crítica completa…)

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