Crítica. Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013)

No hay duda de que el tildado por muchos como visionario (aunque normalmente sobrevalorado al antojarse repetitivas sus obras) Guillermo del Toro ha mantenido desde su inicios un estilo particular, una manera de ver el cine como ningún otro autor primando su lado más juvenil e incluso dotando a sus proyectos de un aire singular (en contadas ocasiones acertado y en muchas otras no tanto) indudablemente único y divertido, traduciéndose su amor desde niño por los siempre recíprocos géneros de terror y fantástico en un fascinante mundo irreal repleto de asuntos oscuros y habitado por los seres más atemorizantes surgidos de su imaginativa mente forjada en una retahíla de aventuras próximas más a la ciencia ficción que a cualquier otro género (ahora decide dotar de componentes épicos, pinceladas de aborrecible patriotismo y cargamento de acción a la trama con desigual conveniencias según los compases que se analicen); en los trabajos del nominado al Oscar por El laberinto del Fauno aparecen con frecuencia los monstruos, seres diversos por los que ha reconocido en numerosas entrevistas sentir una especial predilección que lleva a entender su filmografía (lo cual le ha valido ganarse un lugar privilegiado en el actual panorama cinéfilo pero también encasillarse desagradablemente en un terreno que no trasciende la mera fantasía) y en última instancia Pacific Rim, su nueva y más costosa producción que además de dirigir ha escrito también junto aTravis Beachman (responsable del mejorable guión de Furia de Titanes) cuya secuela ya ha sido confirmada de forma oficial para dos mil quince, atrevimiento de cuanto menos dudosa necesidad sin saber de antemano la aceptación que ésta va a tener, hasta el momento nefasta. (Leer crítica completa…)

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