Pese a que muchos críticos de cine parecen convencidos de que en la actualidad se ruedan obras maestras a diestro y siniestro (basta con echar una mirada a cualquier cuadro de puntuaciones de esos que acompañan a la mayor parte de revistas del gremio), lo cierto es que los logros de la cinematografía mundial contemporánea se encuentran, en su conjunto, considerablemente por debajo de lo alcanzado por este arte en, por ejemplo, la década de madurez del cine mudo, los años veinte. El año en que Paul Leni rueda su mejor obra, la magistral El hombre que ríe, una extraordinaria cantidad de cineastas estrenan algunas de las mejores películas de sus respectivas filmografías. (Leer crítica completa…)

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