Crítica. Stoker (Park Chan-wook, 2013)

Con un presupuesto de escasos doce millones de dólares (teniendo en cuenta que se trata de una producción norteamericana de corte comercial se antoja una cifra insultantemente baja), el laureado surcoreano Park Chan-wook firma su primera película de habla inglesa (aunque éste debe su conocimiento y reconocimiento internacional a la sublime Oldboy, la cual lo convirtió en uno de los realizadores más influyentes de los últimos tiempos y que será objeto en próximas fechas de una revisión presumiblemente prescindible, al parecer fue Sympathy for mister vengeance la obra que llamó poderosamente la atención a la industria cinematográfica estadounidense) encontrando la justificación de su título en el apellido del clan protagonista de la trama, una diversidad de caracteres que a la postre componen un mosaico de sensaciones dificultosamente comparables con las ofrecidas en cualquier otra cinta de parecida temática; un oscuro e incierto (en el sentido más amplio del término, comprendiendo la suscitación de un enorme interés pero también la anarquía de una reconocible figura direccional que puede entusiasmar y al mismo tiempo decepcionar) viaje a las insondables profundidades del terror psicológico disfrazado de mero drama familiar es lo que propone Stoker, una posiblemente incomprendida pieza imperdible del séptimo arte que lejos de nutrirse de tópicos innova sobremanera (tal es así que la incursión del filme en un género concreto se torna imposible desde los primeros compases, en los cuales ya se vislumbra el retorcido devenir de los inquietantes acontecimientos) en todos los aspectos que conforman un metraje tan explícito como éste. (Leer crítica completa…)

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