«Dark Touch» Terror sobrenatural que no termina de enganchar (Sitges 2013)

Si por algo se ha distinguido Marina de Van a lo largo de su corta carrera (apenas cuatro largometrajes) es por construir enigmáticos puzles a partir de relatos tan oscuros como perturbadores, algo que trata (con desacierto) de repetir en Dark touch tras un brutal estallido de violencia evoluciona hacia territorios ambiguos y, es más, indiferentemente tratados, lo cual es una indeseable novedad en la cineasta de origen francés al haber tratado con escrupulosa profesionalidad los argumentos de Dans ma peauNe te retourne pas y Le petit poucet en dos mil dos, dos mil nueve y dos mil once respectivamente, apostando en esta ocasión por una insultante propuestas de tintes sobrenaturales sin sentido alguno (el carácter en cuestión está mal introducido y nulamente razonado), resultando destacable solamente el ardiente (no por tórrido sino por ser el fuego parte activa) desenlace, y más por ofrecer la oportunidad de disfrutar con la agónica muerte de unos personajes que durante noventa minutos (a excepción de algún que otro compás salvable)  desesperan con su tediosa presencia al espectador más paciente, abandonando la quimérica empresa concesiva los menos esperanzados en la mejoría de la trama con el transcurso de la historia a los cinco minutos al saberse con certeza ya que nunca acontecerá la misma; no obstante, sería injusto no destacar la notable fotografía de John Conroy y su paleta de azul nocturno y siniestro junto con el rojo de la mayormente ausente sangre provocada por la telequinesia a raíz de la presentación de traumas infantiles (exacto, nada tiene que ver una cosa con la otra pero ésta es la única conexión que guardan ambos asuntos) en un retorcido psicodrama en el que algunos de los interrogantes que abre respecto a las motivaciones de los personajes o el origen de las facultades de la pequeña protagonista no tendrán una respuesta explícita sino que recaerá en las manos del espectador el deber de extraer las conclusiones, lo cual se antoja detestable al no justificarse apenas lo acontecido como para poder fundamentar la forzada opinión que se urda. (Leer crítica completa…)

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