Maniac, un festín de violencia y maniquíes ensangrentados (Sitges 2012)

Que el remake de una cinta de culto como «Maniac», dirigida por William Lustig en 1980, sea recibido con excelentes críticas por gran parte de los aficionados más curtidos del festival, es toda una sorpresa, y un evidente acierto por los encargados de llevarlo a cabo. En la salida del Auditori, tras la presentación y el visonado de «Maniac (2012), todo eran elógios a lo que acababámos de presenciar, una cinta fiel al espíritu morboso, sucio y enfermizo que presentaba la versión original, protagonizada por Joe Spinelli, que logra una magnífica representación en primera persona, del trastorno mental y psicótico que sufre el personaje principal. La visión subjetiva, utilizada en la película por el realizador Franck Khalfoun, recrea la tensión, el terror y la violencia que contiene una historia como esta, con momentos enmarcables tanto por el climax logrado en cada secuencia, como por el exquisito trato de los efectos de maquilaje, que muestran escenas explícitas de gran poder visual. Una ambientación sobria y malsana, recreada con gran lucidez, hace evidente el esfuerzo por parte de Khalfoun por tocar lo más mínimo y alcanzar al máximo la esencia de la cinta original.

Elijah Wood, un pequeño gran actor, como lo ha demostrado, no solo en la trilogía de «El señor de los Anillos» (Peter Jackson, 2001-2003) sino en películas como «Sin City» (Robert Rodriguez, Quentin Tarantino, Frank Miller, 2005) o «Los Crímenes de Oxford» (Álex de la Iglesia, 2008), sorprende gratamente por la simbiosis que tiene con el personaje y la cruel historia, dando fruto a una excelente trabajo escénico. Y aunque no sea un papel con el que se pueda hacer una exhaustiva valoración interpretativa, los momentos en los que Elijah Wood da la cara, (a través de un espejo, en reflejos o en imagen directa) son fotografiados con acierto, mostrando la enfermiza lucha que el personaje ha de sufrir consigo mismo.

El primero de los asesinatos, escena en la que una mujer es acuchillada en la boca en la puerta de su casa, sorprende a todos, y deja el listón muy alto al resto del metraje. Pero la cinta no decae en ese aspecto, y ésta, nos depara momentos escalofriantes de genial factura, que hará que disfrutemos de unos asesinatos ‘descabellados’ en todos los sentidos. Un festín de sangre, violencia, locura y maniquies ensangrentados, que muestran el grave trastorno mental que sufre el personaje interpretado por Elijah Wood.

Que Alejandre Aja este tras la producción no es casualidad, y en este caso, tampoco se trata de un efectivo juego de marketing, con el que vender mejor la película entre los aficionados, utilizando para ello un nombre llamativo como el suyo, sino que detrás del gran trabajo técnico e interpretativo, hay una mano que maneja con garantias y total conocimiento, todo lo que el espectador quiere ver y sentir. Una participación que va más allá de un simple nombre escrito en los carteles. Las claves de que todo funcione a la perfección y dé como resultado una obra excepcional, son un actor carismático y muy querido, un director prometedor amante de la cinta original y un productor que sabe lo que puede funcionar mejor en cada momento.

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