Tsunamis, asesinos y robots en la 4ª jornada – Cobertura Especial Sitges 2012 –

El primer domingo de festival será un día intenso, con seis títulos destacados, entre ellos, la esperada Lo Imposible de J.A. Bayona, quien firma una producción a gran escala, un film basado en los hechos reales acontecidos en 2004 en Tailandia. Noami Watts y Ewn McGregor son sus protagonistas. Una de las cintas que más darán que hablar, es sin duda alguna «The Cabin in the Woods». La cinta dirigida por Drew Goddard, plantea una nueva vuelta de tuerca al género fantástico y de terror, mostrandonos una trama original, divertida y terrorífica a partes iguales. Una de las que no hay que perderse por nada. «Robot & Frank» de Jake Scherier, pondrá la nota tierna y melancolica de la jornada, una cinta de ciencia ficción que conecta con las entrañas del ser humano. Por otro lado, «Ace Attorney», segunda propuesta de Takashi Miike en el festival, «Citadel» de Ciarán Foy, «Girls against boys» de Austin Chick, o la cinta española de animación «O Apóstolo» de Fernando Cortizo, mostrarán variopintas propuestas dentro del género para el día de hoy. Una jornada entre Tsunamis, asesinos, fantasmas o robots, que no dará tregua al espectador.

COBERTURA DEL CUARTO DÍA DE FESTIVAL

«Lo Imposible» (J.A. Bayona, 2012) por Oscar Navales

Tengo que reconocerlo: después de la mediocre El orfanato (2007), mis expectativas personales respecto al segundo largometraje de J.A. Bayona eran más bien pocas, y justo después de haber asistido al pase matinal del mismo en Sitges 2012, y a tenor del resultado final que arroja el film, apenas puedo permitirme cambiar de opinión. Lo imposiblese ajusta punto por punto a los parámetros habituales en aquellas producciones que buscan – a cara descubierta y sin compasión, y en el orden que cada uno prefiera-  el éxito desmedido en la taquilla, el reconocimiento de prestigiosos galardones cinematográficos, llegar al corazoncito (y si es posible arrebatárselo) de los espectadores, y dar la falsa impresión, gracias a la autoinducida inercia mediática que las acompaña, de que su realizador es un fenómeno artístico nacional sin parangón, y de que nadie puede/debe perderse el acontecimiento cinematográfico de gran magnitud que representa el estreno en salas de su obra.

Siendo honestos, el film tiene sus incuestionables virtudes: en primer lugar, posiblemente estemos hablando, en su vertiente técnica, del film visualmente más espectacular de la historia del cine español. Y esto puede significar, en un plazo de tiempo más o menos breve, y como también demuestra el auge del cine de animación español en estos momentos, que el cine de nuestro país alcance finalmente una excelencia técnica, que desde muchos atrás parece haber sido exclusiva en toda Europa de la poderosa industria cinematográfica francesa. Por otro lado, tanto Naomi Watts como Ewan McGregor defienden con profesionalidad sus respectivos roles principales, los cuales les exigen un trabajo físico y emocional que se intuye agotador, y además aparecen muy bien secundados

por el pequeño actor Tom Holland, quien interpreta con convicción al hijo mayor de la pareja. Y ya por último, la fotografía de Óscar Faura presenta una factura técnica a la altura del cine comercial de gran espectáculo norteamericano.

Todo lo dicho es bueno en si mismo considerado, pero no logra dotar de auténtica alma y interés humano a un film que opta en todo momento antes por sacrificar la autenticidad de las emociones de los personajes en beneficio del sensacionalismo emocional más descarado (ya se sabe, la madre coraje…) y de las convenciones narrativas más anquilosadas de las que ha hecho gala durante décadas el cine-espectáculo más rancio. Con el pretexto de estar basada en hechos reales, Lo Imposible pretende vendernos descaradamente todo un arsenal de convenciones narrativas, y de personajes y emociones arquetípicos, como si fueran nuevos, complejos o dignos de interés. Todo esto ya lo hemos visto mil y una veces anteriormente en el cine, a veces con mejores resultados, a veces con peores, pero casi siempre con pretensiones artísticas bastante más modestas. Bayona y sus productores pretenden ofrecer gato por liebre al espectador, o lo que es lo mismo, venden un producto comercial cuya existencia obedece a las leyes más elementales de la mercadotecnia bajo la apariencia engañosa de cine de altos vuelos artísticos: pocos días antes, y en el mismo marco del Festival de Sitges, ha podido verse un film en cuyas imágenes se encuentra todo el cine que la obra de Bayona no sabe o no puede ofrecer: se trata de Holy Motors, de Leos Carax.

«Ace Attorney» (Takashi Miike, 2012) por Oscar Navales

Hay ocasiones, en el transcurso de un festival como el de Sitges, en las que uno se siente dentro de una proyección no muy diferente a como lo haría E.T. El extraterrestre. Con Ace Attorney, del inefable Takashi Miike, uno puede llegar a sentirse así. Adaptación en imagen real de un conocido y muy exitoso videojuego de Nintendo, el film de Miike vendría a ser una mezcla muy sui géneris entre los relatos judiciales propios de clásicos como Anatomía de un asesinato (Anatomy of a Murder, 1960), de Otto Preminger, y la reflexión, en clave de ciencia-ficción especulativa – un poco a la manera de Minority Report (Steven Spielberg, 2002) – en torno a los mecanismos de la justicia y a la relatividad de conceptos como verdad y mentira en un entorno judicial. Así dicho, todo parece muy digno y muy serio, pero desde el primer minuto de metraje uno es consciente de haber pisado un territorio harto resbaladizo para el espectador occidental: el del humor japonés claramente localista, casi, casi el mismo que hacía insoportable el visionado de Yatterman(2009), también de Miike.

La trama del film es voluntariamente convencional y repleta de tópicos acerca de las falsas apariencias, de personajes que no son quienes dicen ser, de revelaciones asombrosas e inesperadas cuando el juicio está a punto de alcanzar su conclusión, etc.; en fin, todo un arsenal de convenciones narrativas propias del cine judicial, un subgénero cinematográfico muy amplio, y que en no pocas ocasiones, en su vertiente más seria, puede llegar a ser extraordinariamente aburrido y tedioso, algo a lo que tampoco logra escapar esta Ace Attorney, pese a que Miike intente dinamitar en todo momento la supuesta seriedad de los acontecimientos con todo un arsenal de personajes extravagantes y situaciones surrealistas, conjunto que probablemente alcanza su apogeo cuando en un momento del film el abogado Phoenix Wright, heroico protagonista del mismo, decide interrogar a conciencia a un loro con la finalidad de que este le proporcione una información decisiva que le permita inculpar con éxito a un sospechoso de asesinato. Miike, como en tantas otras ocasiones durante los últimos años, demuestra que puede llegar a ser un realizador muy elegante y concienzudo a la hora de planificar un film, patente todo ello en su meritoria forma de emplear el formato panorámico y de organizar a los actores en el espacio dramático, además del acertado partido estético y dramático que extrae de la fotografía de Masakazu Oka. Lástima que todo ello no termine conduciendo a buen puerto a este Ace Attorney de difícil digestión, como he dicho antes, para un espectador poco receptivo al humor (por no decir pura estupidez) del que hace gala el film constantemente. Aunque ahora que lo pienso, a lo mejor mi negativa percepción de Ace Attorney podría ser fruto de un sentido del humor algo estancado por mi parte, pues en la sala en la que se ha proyectado Ace Attorney no pocos espectadores se descacharraban de risa y aplaudían a rabiar con las ocurrencias del cineasta.

«The Cabin in the Woods» (Drew Goddard, 2012) por Daniel Espinosa

the cabin in the woods

“The Cabin in the woods” parecía maldita y es que esta película debió estrenarse en 2010 pero por diversos motivos su estreno en las salas de cine estadounidenses no se hizo realidad hasta Abril de este año, su estreno en los cines estatales esta previsto para octubre…

 Tras este proyecto que trata de homenajear  y a la vez satirizar los clichés del genero, de la misma manera que ya hizo en su momento “Scream” (1996) de Wes Craven con unos resultados bastante más satisfactorios…, se encuentran el director Drew Goddard y el ya de sobra conocido por todos Joss Whedon, alguien por el que a pesar de ser responsable de la estupenda “The Avengers” (2012) me echo a temblar cada vez que veo su nombre relacionado con alguna producción, no entiendo como se lo puede tener en tan alta consideración como tampoco comprendo como “Buffy” se convirtió en un icono, misterios… (Leer crítica completa…)

«E.T. El Extraterrestre» (Steven Spielberg, 1982) por Oscar Navales

¿Qué duda puede existir a estas alturas de que Spielberg es el cineasta vivo más influyente de las últimas cinco décadas? Como si afirmar lo anterior no se sostuviera lo suficiente por si solo, la proyección de la versión restaurada en alta definición de E.T., para algunos todo un clásico del cine contemporáneo, ha sido programada por los organizadores del Festival de Sitges justo después del pase matinal de Lo imposible, realizada por uno de los descendientes claros del realizador norteamericano, lo que en ningún modo debe ser considerado como una mera coincidencia. En Sitges, las coincidencias en la programación raramente pueden ser consideradas como tales.

Mi motivación personal para asistir al pase de homenaje al film de Spielberg ha sido reencontrarme con una obra que tan solo había visto una vez en mi vida, poco más de veinte años atrás, es decir en mi infancia, o dicho de otro modo, en el momento idóneo para acercarse al mismo y verlo con los ojos apropiados. Lo cierto es que, por lo que recuerdo, aquel primer visionado no logró impresionarme demasiado, aunque llegado el momento llegué a implicarme emocionalmente en el relato cuando E.T. parecía estar a punto de pasar a lo que algunos llaman “mejor vida”.

Esto ha sido así porque de la primera época de Spielberg – cineasta al que aprecio en ocasiones, pero en otras no tanto – siempre he preferido, con bastante diferencia, films como El diablo sobre ruedas (1971), Tiburón (1975), En busca del arca perdida (1981) o Indiana Jones y el templo maldito (1984). No es que E.T. me parezca el peor film posible, pues es innegable que dispersas a lo largo de su metraje se encuentran algunas ideas cinematográficas interesantes, pero también es cierto que como fábula acerca del tránsito que todo ser humano debe realizar de la infancia a la madurez, el relato carece en casi todo momento de la dureza y mordiente que si atesoran otros films que plantean para sus pequeños protagonistas un pathos similar al de Elliott (Henry Thomas) en el relato de Spielberg, caso de obras maestras como Los contrabandistas de Moonfleet (Moonfleet, 1955), de Fritz Lang, o de Viento en las velas (A High Wind in Jamaica, 1965), de Alexander McKendrick, o si me apuran incluso de la extraordinaria El viaje de Chihiro(Sen to Chihiro no kamikakushi, 2001), de Hayao Miyazaki.

E.T. es un film clave en la filmografía de Spielberg porque en él el cineasta impuso ya definitivamente, como marca de la casa, una serie de conceptos, narrativos y también estilísticos, muchos de los cuales ya habían hecho acto de presencia en sus anteriores obras, especialmente en Encuentros en la tercera fase (1977), que definen con transparencia lo que hoy en día puede ser considerado como spielbergiano, y cuyos rasgos más significativos, tal vez, vendrían a ser un tono narrativo algo blando y en ocasiones incluso lacrimógeno, el dar siempre que puede un aspecto de fábula o cuento a los relatos que decide llevar a la gran pantalla (aspecto al que suele contribuir decisivamente la marcada y reconocible forma que tiene el cineasta de iluminar algunas secuencias de sus films, con la ayuda indispensable de excelentes directores de fotografía), situar como epicentro dramático del relato la importancia que adquiere para los protagonistas de cada uno de ellos la necesidad de preservar su entorno familiar, hacer avanzar en muchas ocasiones el relato mediante una progresión por bloques, que llegan a funcionar de forma autónoma, y que no siempre engarzan convenientemente en una unidad narrativa verdaderamente sólida, o dar una importancia generalmente desmedida al acompañamiento de las imágenes por parte de una música extradiegética que no solo no pasa desapercibida para el espectador sino que pretende manipular activamente, como si el cineasta desconfiara de la elocuencia de sus imágenes, las emociones del mismo. De la unión de todos estos elementos acostumbran a salir, o bien obras interesantes, pese a sus defectos, como Minority Report (2002), Munich (2005) o War Horse (2011), o cintas tan endebles como Amistad (1997) o Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio(2011).

Lo mejor de E.T. se encuentra, en mi opinión, en ciertas ideas poéticas meritorias, como la milagrosa resurrección de E.T. como consecuencia del acto de fe por parte del pequeño Elliott para la recuperación de su amigo alienígena, el cual aparentemente ha fallecido. Una situación dramática que Spielberg no necesita justificar recurriendo a elementos que pretendan dotar de verosimilitud al momento, ya que la idea funciona por si sola en el mismo sentido maravilloso, mágico, que otros milagros cinematográficos, caso de los que tienen lugar en films como La palabra (Ordet, 1955), de Carl Theodor Dreyer, o  Stars in my Crown(1950), de Jacques Tourneur.

A ello se suman algunas imágenes o momentos divertidos, caso de la monumental borrachera de E.T. al beberse varias latas de cerveza, o el plano en el que el alienígena, oculto al modo de un fantasma bajo una sábana blanca, posa para una foto de halloween junto a sus dos nuevos amigos, Elliot y su hermano, ante la cámara de la madre de los niños. El flash de la cámara deslumbra de tal modo al asombrado E.T. que este cae de bruces al suelo. Tal vez E.T.no sea un mal film, pero lo cierto que el momento apropiado para ver esta obra de Spielberg es en la infancia, cuando uno sintoniza más apropiadamente con su tono narrativo dulzón y carente de malicia. De todos modos, de ahí a elevar a este curioso y simpático film a un pedestal del séptimo arte creo que media todo un abismo, y obras más trascendentales de la historia del cine no parecen provocar, injustamente a mi modo de ver, tantos vítores y atención mediática cuando tiene lugar una nueva proyección de los mismos.

 

«Robot & Frank» (Jack Schreier, 2012) por Gorka Moreno

Este  fin de semana se ha podido ver en Sitges el filme “Robot & Frank”. Esta película ha supuesto  el salto del cortometraje, “Christopher Ford sees a filme”,  al largo para el director Jack Schreier.

“En un futuro no muy lejano los avances tecnológicos harán posible la integración robotica en la sociedad, siendo utilizados muchos de ellos para el cuidado de personas mayores. Esa es la solución que encuentra Hunter para aliviar la soledad de su padre, Frank, que chocara con las reticencias de su hija Madison que no es partidaria de la “dependencia” que supone adquirir un robot. Frank en principio no acoge de buen grado este cambio en su cotidiana vida, ya que supone una alteración en ese desorden que tiene establecido y en el que vive plácidamente.  Con el paso del tiempo acaba encontrando a un buen amigo en el robot. Esta nueva amistad hará que Frank contemple la posibilidad de volver a su antigua profesión, ladrón de joyas, pero esta vez con su nuevo amigo como socio”.

En este debut el director ha logrado rodearse de un elenco de actores impresionante, contando ni más ni menos que con Frank Langella (Frank), Susan Sarandon (Jennifer), Liv Tyler (Madison) y James Marsden (Hunter). Actores que logran otorgar una gran solidez a la trama con su interpretación, de paso sirve para devolver al panorama cinematográfico a dos actrices de la talla de Susan Sarandon y Liv Tyler y es que ya sabemos que Hollywood tiende al olvido de las que en otro tiempo fueran reclamo para la taquilla cuando se supera cierta edad…

A pesar de lo que pueda parecer en un inicio Schreier nos regala una pieza de gran profundidad para nuestro visionado. Una historia en la que convergen géneros como la ciencia-ficción, comedia o el policiaco que no son más que una mera excusa para analizar los sentimientos y relaciones entre las personas. Todo ello envuelto en un dulce dramatismo nostálgico dando como resultado una excelente película en la que realizando una parábola sobre los recuerdos tratará de llegarnos al corazón.

«Lo Imposible» (J.A. Bayona, 2012) por Penélope Callau)

Film sobre la supervivencia de una familia española durante el tsunami de Tailandia el 26 de diciembre del 2004.

J. A. Bayona, ha sabido salir con gran entereza ante esta superproducción en la que plasma el desastre, la devastación, el drama, la supervivencia, la muerte, la vida…. de todo un pueblo durante un tsunami. Las caras conocidas de la película son Naomi Watts y Ewan McGregor, pero el peso total del film lo lleva el joven actor Tom Holland, el hijo de ambos en el largometraje.
Tom Holland, a su corta edad, ya es todo un genio en su medio, haciendo un papel excepcional e intachable, dando a la vez, esos toques dramáticos y mágicos al film, llevando a sus espaldas todo el peso y protagonismo de la película.

A pesar de que sepamos de antemano que el film se trata de un drama conocido en todo el mundo, J. A. Bayona, ha sabido como introducirnos dentro del film, haciéndonos partícipes del desastre que ocurrió. Tal y como dijo el propio director en su presentación, nos mete en un avión y nos introduce en medio de todo aquel caos. Una cinta bien dirigida y protagonizada, con unos efectos especiales realmente bien logrados, que nos da la sensación de que estemos nosotros mismos dentro de la ola gigante.

J. A. Bayona, consige dar en el clavo con el film, y no cae en la fácil noñería, y en donde sufrimos, lloramos, nos alegramos, nos sorprendemos… junto a los actores de la película. Ha logrado introducir al espectador en la catástrofe, y eso hoy en día, es algo muy dificil.

La veterana actriz Dee Wallace recibe el Premio Maria Honorífica

Making of del cuarto día de festival

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