Wolf Children (Mamoru Hosoda) (Sitges 2012)

No he visto ni La chica que saltaba a través del tiempo (Toki o kakeru shôjo, 2006) ni tampoco Summer Wars (Samâ uôzu, 2009), los dos trabajos anteriores de Mamoru Hosoda – también los más famosos -, pero el último de ellos, Wolf Children, me ha causado una buena impresión, pues en reglas generales se trata de un interesante film de animación. Este cuento fantástico narra la historia de dos niños, los Yuki y Ame del título original en japonés, hijos de un hombre lobo y de una humana, que a la muerte del padre serán cuidados por la madre hasta que ambos alcancen una edad lo suficientemente adulta como para poder decidir por sí mismos si prefieren continuar viviendo como humanos o como lobos.

Lo mejor de este punto de partida es que Hosoda se ríe, y no poco, de las convenciones más acusadas de los films con licántropos, los cuales siempre (o casi siempre) han aparecido asociados al cine de horror. Para empezar, la primera transformación que veremos en el film, la del padre de los pequeños protagonistas, resulta sencilla, bella y poética, completamente alejada de la viscosidad, violencia y turbación que acompaña a estos momentos en obras como En compañía de lobos (The Company of Wolves, 1984), de Neil Jordan, o Un hombre lobo americano en Londres (An American Werewolf in London, 1981), de John Landis, por poner tan solo dos ejemplos muy conocidos de este subgénero. A continuación, la madre de los niños, al serle desvelada la auténtica naturaleza de su amado, lejos de sentirse horrorizada, se deja besar y hacer el amor por este con la mayor naturalidad, justo después de haberse operado ante ella una transformación completa, en una relación carnal que en cualquier película de imagen real sería catalogada fácilmente como zoofílica…

Por supuesto, el film de Mamoru Hosoda nunca sobrepasa determinadas fronteras morales, pues al fin y al cabo Wolf Children es un relato que narra el tránsito de dos niños de la infancia a la madurez, y que puede ser disfrutado por pequeños y adultos a partes prácticamente iguales.

De apariencia amable, pero con un espíritu por momentos ciertamente transgresor (sirvan los ejemplos arriba mencionados), Wolf Children es un anime de apariencia visual más sencilla, y de tono narrativo también más blando, que la mayor parte de obras del gran Hayao Miyazaki, a las que no logra igualar en resultados artísticos. El film tiene, como por lo demás tantas películas en la actualidad, una duración algo excesiva para el sencillo relato que lo sustenta. Una media hora menos de metraje no le hubiera venido nada mal, porque aunque Mamoru Hosoda mantiene en todo momento la calidad visual de su obra, lo cierto es que pasada la primera hora de metraje, que es también la más sorprendente y divertida, el relato tiende un poco a la dispersión. De todas formas, Wolf Children es un film recomendable, y sus resultados artísticos quedan por encima de no pocas películas vistas en esta edición del Festival de Sitges. Como curiosidad recordar que ahora hace exactamente un año se proyectaba en el mismo Sitges otro anime, el notable A Letter to Momo (Momo e no tegami, 2011), de Hiroyuki Okiura, que a estas alturas todavía no ha sido estrenado en nuestro país en salas comerciales ni tampoco en formatos domésticos. Una verdadera pena, pues Wolf Children, probablemente, no lo tendrá mucho más fácil.

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