An American Crime (2007)

 Lo primero que sorprende de esta película es el currículum anterior de su director, formado por nada más y nada menos que productos como “Billy’s Hollywood” (ídem, 1998), “Así es el amor” (Get Over It, 2001) o “Hechizada” (Ella Enchanted, 2004); lo mejor será hacer borrón y cuenta nueva y ver la nueva película de Tommy O´Haver como una tentativa más personal dentro de su carrera.

Inspirado en hechos reales, el guión de Tommy O´Haver y Irene Turner utiliza al personaje de Sylvia Likens, la chica que vivirá repetidas humillaciones durante varias semanas encerrada en un sótano, como elemento humano inductor que provocará una especie de catarsis colectiva protagonizada por niños, adolescentes, y la mujer, Gertrud, que debería cuidar de Sylvia y de su hermana; todos ellos conviviendo en una comunidad fuertemente constreñida por dogmas religiosos profundamente conservadores.

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El material de partida es, desde luego, interesante, pero tanto la estructura del guión como la definición de algunos personajes, muy importantes para una buena comprensión de los acontecimientos, hace aguas. Por un lado, el muy convencional uso de fragmentos del juicio posterior al asesinato de Sylvia, intercalados en la narración del devenir de esos mismos acontecimientos, se revela frágil y impide una mayor implicación por parte del espectador en ese turbio universo que se va desvelando ante la chica; es decir, el espectador se sentiría más perdido y agredido al desconocer por completo los acontecimientos futuros; además, con muy mal criterio, O´Haver y Turner se permiten un giro engañoso, aunque breve, fabulando con la posible salvación de su calvario por parte de la protagonista, expresando de esa forma un deseo interior de la chica que rompe el tono pretendidamente realista de la película.

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Llegados a este punto, queda al descubierto que si lo que pretendían los guionistas era confeccionar un relato lo más objetivo y realista posible, esos momentos cara a la galería (que buscan una adhesión incondicional del espectador, o dicho de otro modo, pura manipulación emocional del espectador en una película que no debería recurrir a ella, pues los acontecimientos hablan por si solos), dejan la sensación de que O´Haver no tiene la suficiente confianza en su material y en los potenciales  espectadores de la película como para despojar al relato de artificios narrativos de todo tipo.Los personajes masculinos son, o muy esquemáticos, o definidos de forma tan ambigua que es imposible comprender por que hacen lo que hacen, caso del amante de Gertrude, o del adolescente que parece tener un honesto interés emocional en Sylvia.

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En una película que pretende hacer algo más comprensible un horror cotidiano surgido de la nada, del  más puro vacío existencial de sus personajes, resulta absolutamente indispensable la adecuada definición de los mismos; no es lo mismo la realidad que una ficción que pretende recrear esa realidad mediante el lenguaje del cine, y en este sentido la tentativa de O´Haver se revela lamentablemente fallida, pues en más de un momento el espectador asiste incrédulo a varios acontecimientos que requerían de mayor tacto en el acercamiento.

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Mejor desarrollados están los personajes femeninos, aunque por encima de todos destaque, por derecho propio, el de Gertrude, el más complejo de todos: una mujer hundida en sus repetidos fracasos sentimentales, que siente celos de Sylvia solo por ser más joven y bella, y que debe mantener ocultos los múltiples deslices de su familia en una sociedad que impide que los sentimientos se manifiesten de forma natural.

Las próximas películas de O´Haver confirmarán o desmentirán si su paso por el horror cotidiano es puntual, o se enmarca en una búsqueda personal del director.

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