Anticristo

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Lars Von Trier dedica su nueva película al director ruso Andrei Tarkovsky. Tarkovsky tiene en su haber algunas de las mejores películas que el cine ha brindado en las últimas décadas, viéndose su filmografía abruptamente interrumpida (el director murió poco después de trabajar en la misma a causa de un cáncer) con “Sacrificio, 1986” . A esta última se unen títulos tan importantes como “Solaris, 1972”, “Stalker, 1979”, “Andrei Rublev, 1966”, “El Espejo, 1975” o “Nostalgia, 1983”. El familiarizado con el cine de Tarkovsky puede intuir varias razones plausibles que justifiquen la dedicatoria del danés al director ruso: en “Antichrist” se dan cita varios elementos afines al cine de Tarkovsky, como la presencia de una naturaleza cambiante que parece determinar los destinos de los seres humanos que transitan por ella (aspecto que remitiría a “Stalker”, principalmente, pero también a “Solaris”, en la que un océano pensante ejerce una misteriosa influencia sobre algunos personajes de la película), o la ambigüedad de una historia en la que una mujer puede estar viviendo una progresiva inmersión en la locura, generada por la trágica y accidental muerte de su hijo, o quizá estar sufriendo una misteriosa y embrujadora influencia ejercida por el bosque que rodea la casa en la que vive (esta ambigüedad dramática también se daba, con singular fuerza y intensidad, en “Sacrificio”, película en la que el protagonista realiza un teórico sacrificio personal en nombre de la humanidad, con la finalidad de evitar una catástrofe bélica de proporciones desastrosas, aunque su acto puede haber sido provocado por la paranoia y la locura, o por lo menos así lo considerarán en este film los familiares más directos del personaje en cuestión).

En realidad, varios de los elementos mencionados extienden su presencia, en mayor o menor medida, al grueso de películas que conforman la filmografía de Tarkovsky, dominadas por la presencia de una espiritualidad que liga al ser humano con fuerzas invisibles pero, en cualquier caso, determinantes para su existencia.

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Pues bien, este breve repaso a ciertas características del cine del director ruso únicamente pretende esbozar algunas generalidades temáticas que Lars Von Trier parece haber asimilado de aquel para la confección del guión y las imágenes de su película “Antichrist”.

En principio, nada negativo tienen la intenciones del director dánes, aunque a quien conozca su trayectoria lo suficiente no debería escapársele la tendencia del mismo a llamar la atención desmedidamente, generar polémica previa con sus declaraciones, erigirse en estandarte de cines nuevos y rompedores, etc. Recordemos un par de ejemplos: “Los Idiotas, 1998”, ejemplo del conocido por todos cine Dogma, que pretendía (y en eso se quedó, una pretensión) desprenderse de los artificios técnicos y interpretativos del cine para lograr algo fresco y radical; o “El Jefe de todo esto, 2006”, una pequeña película, que pasó bastante más desapercibida de lo habitual en su director, para cuya planificación se había empleado un programa informático que decidía la planificación y el montaje del film de forma aleatoria; y así podríamos continuar con casi cualquier película de Von Trier, siempre despierto geniecillo del marketing y la pantomima.

“Antichrist”, pese a las credenciales y tendencias de Von Trier, es una película interesante, aunque fallida: en ella se encuentran algunas de las imágenes más estimulantes de todo el cine de Von Trier, tristemente entremezcladas junto a otras bastante menos atractivas.

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El prólogo, con su fotografía en un bello y estilizado blanco y negro, un ralentí de las imágenes (logrado con la cámara Phantom HD) apropiado al carácter ensoñador de las mismas, y un fragmento de música clásica que termina de lograr la atmósfera sugerente buscada por el director, se encuentra entre los logros de la película, y consigue extraer cierta belleza y poesía de un acontecimiento indudablemente triste y trágico.

Las imágenes que retratan el bosque en el que transcurre la mayor parte de la película, húmedas y densamente verdosas, logran transmitir, gracias a una notable labor del director de fotografía Anthony Dod Mantle, la sensación de una naturaleza perversa capaz de ejercer una influencia sobre las personas, o el empleo sugerente del sonido (y también de la ausencia del mismo, como demuestra parte del metraje, para el que Von Trier prescinde, por completo, o casi, de sonidos de ambiente, al margen de los diálogos del los protagonistas), como el que provoca una lluvia de cientos de bellotas, en mitad de la noche, golpeando con su caída el tejado de la casa en la que viven los personajes, generando una sensación verdaderamente irreal. La fotografía y el sonido se convierten en dos apartados interesantes de la película, aunque no siempre alcanzando el mismo grado de sugerencia que en los ejemplos citados.

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La carga sexual de la historia, integrada con coherencia y cierta habilidad por parte de Von Trier en parte del metraje, es una de las principales razones de desestabilización narrativa en el último tercio de la historia, que muestra imágenes y secuencias más propias de una película tipo “Alta Tensión”, de Alexandre Aja, que del film que nos ocupa: ese cambio psicopático en el personaje interpretado por Charlotte Gainsbourg resulta más propio de un film gore o con psycho-killers que de un film de terror sugerente y más pausado, y propicia todo un fragmento, realmente rebuscado y retorcido a nivel narrativo, con un malogrado Willem Dafoe luchando por salvar el pellejo tras haber sufrido unas agresiones físicas verdaderamente sorprendentes.

En cualquier caso, ambos actores, Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg, están a la altura de las exigencias interpretativas de la película, y son otro de los aspectos positivos de la propuesta.

Von Trier también ha invocado, en algunas declaraciones, el cine de Bergman, y la influencia que han tenido en “Antichrist” películas como “Secretos de un matrimonio”.

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Rizando el rizo, uno podría dedicarse a encontrar paralelismos entre estas películas, o entre la película del director danés y algunas inmersiones del director sueco en el cine fantástico, como “La hora del lobo, 1968”; pero lo cierto es que “Antichrist” apenas roza la profundidad psicológica o la textura fantástica de los films más importantes de Bergman.

Aunque la gran propuesta cinematográfica de este verano ha resultado ser “Up”, la última joya de Pixar, y aunque “Antichrist” se ha estrenado con muy mala prensa (aunque en España ha tenido importantes defensores) es una de las pocas películas que han despertado algo el interés del espectador estas últimas semanas, y por lo tanto merece algo de atención pese a sus irregulares resultados: el terror de Von Trier es más autentico y perverso que el que despliega la última, pulcra y decepcionante película de Sam Raimi, “Arrástrame al infierno, 2009”.

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