Al cumplirse dos años de la muerte de un acaudalado abogado, su viuda decide celebrar una reunión en una casa de campo, invitando a los trece mejores amigos del difunto. Su intención es descubrir al asesino de su marido que se encuentra entre el grupo deinvitados. El transcurrir de los días hará que se vayan esclareciendo los posible móviles de cada uno.

El realizador donostiarra Javier Aguirre, que en la década de los ’80, se encargaria de dirigir las películas del grupo musical infantil Parchís, contó con una filmografia escueta dentro del género de terror, con títulos como “El gran amor del Conde Drácula” (1972), “El jorobado de la morgue” (1973) o la cinta del mismo año que ahora nos ocupa “El asesino está entre los trece”. En la cinta destaca el atractivo elenco, compuesto por el habitual en estas producciones Simón Andreu, con trabajos como “La muerte camina con tacón alto” de Luciano Ercolli (1971), “La novia ensangrentada” de Vicente Aranda (1972) o, la dirigida por Amando Ossorio (1973) “La noche de los brujos”.

Trini Alonso, es otra de las caras conocidas con un par de títulos destacados en su haber, como “Vampiresas 1930” (1960) de Jess Franco o “Un vampiro para dos” (1965) de Pedro Lazaga, que mezclaba la comedia con el fantástico. Una jovencisima e inexperta Carmen Maura, interpretaría aquí uno de sus primeros papeles cinematrográficos, después se convertiría en una chica Almodóvar, siendo una de las fijas para el realizador manchego,  y estaría a las ordenes de Carlos Saura en “¡¡Ay Carmela!!” (1990) o de Alex de la Iglesia en “La comunidad” (2000). Otro de los actores conocidos en la cinta es el mítico actor del fantaterror pátrio Paul Naschy, que aquí interpretaría un papel muy secundario.

Pero este interesante elenco no da lo esperado en la cinta, fruto de un guión muy básico y en ocasiones desestructurado, y de una dirección poco resolutiva, que no aprovecha ni las interpretaciones ni el atractivo que plantea inicialmente la historia. Una historia similar a la propuesta por Agatha Christie en su novela llevada a la gran pantalla por Peter Collinson en 1974 “Los 10 negritos”.

El juego de la búsqueda del asesino comienza interesante, con diferentes personajes con los que barajar posibles móviles, pero poco a poco pierde toda la fuerza inicial y se ralentiza demasiado entre adulterios de lios de faldas, para nada necesarios en el transcurso de la história. 60 minutos de relleno que de repente despierta en un intento por acercarse al género Giallo, un intento frustrado por lo repentino y desconcertante que resulta, un sin sentido con el que llega la oleada de asesinatos (algunos interesantes) pero que no son suficiente para superar una nota baja.

Una propuesta interesante que se evapora por un flojo guión y una mala dirección.

 

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