El retrato de Dorian Gray

argumento

Cuando un joven Dorian Gray, de extraordinaria belleza y gran ingenuidad, llega al Londres victoriano, se ve arrastrado a un torbellino social por el carismático Henry Wotton, que inicia a Dorian en los placeres hedonistas que ofrece la ciudad. Basil Hallward, artista de sociedad y amigo de Henry, pinta un retrato de Dorian con el que pretende captar toda la fuerza de su juvenil belleza. Cuando se presenta el cuadro, Dorian realiza una frívola afirmación: daría cualquier cosa, hasta su propia alma, por permanecer tal como aparece en el retrato.

El retrato de Dorian GrayEl retrato de Dorian Gray

critica

 De Oliver Parker sólo había visto hasta la fecha dos películas: “Othello”(Ídem, 1995) y Fundido a negro (Fade to Black, 2006). Lo mejor que puede decirse de ambas es que resultaban aceptablemente entretenidas, aunque poco (o nada) interesantes desde un punto de vista cinematográfico.Su recientemente estrenada en España adaptación de “El retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde, se inscribe coherentemente en la filmografía de este realizador, pues anteriormente ya había dirigido sendas adaptaciones para la gran pantalla de dos obras de teatro del mismo escritor, “Un marido ideal” y “La importancia de llamarse Ernesto”.

Lo cierto es que la tarea de adaptar cualquier trabajo de Wilde no se intuye sencilla, pese a que, sin ir más lejos, de “El retrato de Dorian Gray” pueda decirse, a estas alturas, que se trata de una obra clásica: el espesor narrativo y la sutilidad en la definición de los diferentes personajes con los que Wilde impregna esta obra, difícilmente pueden ser “atrapados” por un realizador que no tenga un talento artístico realmente notable. En 1945, el cineasta Albert Lewin acometió una excelente adaptación de la misma novela de Wilde, que, a nada menos que 65 años vista, todavía no ha sido superada. El asunto revela que, por mucho que una novela (u otro tipo de obra: una pintura, una composición musical, etc.) pueda ser considerada “clásica”, su asimilación y correcta interpretación, por la sociedad de una época determinada, puede ser más bien discutible. En todos los aspectos en los que Lewin reveló su inteligencia (y sensibilidad) como artista, a la hora de adaptar la obra de Wilde (y de llevarla a su propio y personal terreno como cineasta cuando era de rigor), Oliver Parker sólo demuestra torpeza: su proceso de “modernización” de la obra pasa por escoger a Ben Barnes, un joven (y por ahora pésimo) actor de look fashion, para convertir aDorian Gray en un personaje más propio de las tontísima saga para adolescentes “Crepúsculo”; hacer explícito (cara a la galería, más que por necesidad narrativa) el componente homosexual (intuido en la novela deWilde) de la relación entre el pintor, Basil Hallward, y su modelo, Dorian Gray; salpicar el metraje de su film con breves escenitas supuestamente eróticas y atrevidas (que no asustarían ni a un niño de parvulos), y con efectismos visuales pesimamente empleados (ralentíes, salpicones de sangre que más bien parece ketchup, la torpe recreación digital, en algunos planos generales, de las calles de Londres, o los insertos visuales relativos al pasado de Dorian: mal filmados y peor montados, etc.).

Todo lo que la película de Lewin (insisto: filmada hace ya 65 años) tenía de audaz, sugerente y moderno, lo tiene la película de Parker de superficial, explícito y anticuado (por momentos más bien recuerda a alguno de los peores films Hammer filmados en los años 70).

El retrato de Dorian GrayEl retrato de Dorian Gray

El proceso de adaptación, que de la obra de Wilde lleva a cabo el guionista Toby Finlay, pasa por (aparte de los ya mencionados detalles – hay algunos más – que “modernizan” la obra original), modificar el orden de algunos de los acontecimientos de la novela, o el papel de algunos personajes en la historia (aparte de incluir también algunos de cosecha propia, aunque esto no sea inicialmente algo reprobable). Uno de los cambios más peculiares (y caprichosos) es el que sufre Alan Campbell, personaje que tanto en la obra de Wilde como en la película de Lewin se ve forzado por Dorian Gray a hacer desaparecer el cadáver de Basil Hallward, para, algunos capítulos más adelante, suicidarse impulsado por sus remordimientos al respecto. En el film actual, Alan Campbell tiene una aparición realmente breve y peculiar: se sugiere que es un amigo (o conocido) de Gray, y cuando este es atacado por James Vane (el hermano de Sybil Vane, la chica que se suicida impulsada por las malignas palabras del propio Dorian), Alan es el encargado (por decisión propia, nada menos) de encerrar a James en una institución psiquiátrica, el cual, al salir de la misma varios años después, volverá a intentar vengar a su hermana.

El retrato de Dorian GrayEl retrato de Dorian Gray

Es evidente, para cualquiera que haya leído la obra de Wilde, que el personaje de James Vane es otro de los que sufren una curiosa y absurda modificación como personaje (en el contexto mencionado en las líneas anteriores), pero he decidido centrarme únicamente en Alan Campbell para no extenderme demasiado al respecto. Los cambios que atañen al personaje de Alan resultan tan torpes, que modifican por completo el sentido del texto y del carácter de los personajes en la narración de Wilde: si en la obra de este, Alan ayudaba a Dorian forzado por las circunstancias (Dorian amenazaba con hacer públicos algunos secretos de la vida privada de Alan), en la película de Oliver Parker el mismo personaje ayuda a Dorian por voluntad propia, y éste último se deshará por sí mismo del cadáver de Basil tirándolo a un río (siendo ayudado previamente por un agente de Scotland Yard a cargar en el interior de un coche el fardo con el muerto: un detalle pretendidamente irónico que alguien como Hitchcock habría manejado con más habilidad). En la obra de Wilde, la manipulación que sufría Alan a manos de Dorian ponía de relieve la perversidad y inteligencia del segundo, que contactaba con el primero debido a los conocimientos científicos que le daban prestigio y que posibilitaban que hiciera desaparecer con éxito el cadáver de Basil sin dejar rastro. Que en la película de Oliver Parker, Dorian se deshaga del mismo cadáver tirándolo a un río, convierte automáticamente al célebre personaje en una mediocre creación (pues el mismo proceder criminal ha sido visto mil y una veces en películas, libros, obras de teatro, etc.).

El retrato de Dorian Gray El retrato de Dorian Gray

El film de Oliver Parker ha contado con un ajustado presupuesto de 15 millones de euros (según datos publicados en la página web www.boxoffice.es) y se trata de una producción de la reverdecida (más bien deslucida) productora británica Ealing Studios (aquella de la que surgieron, muchos años atrás, films tan importantes como “El quinteto de la muerte”The Ladykillers, 1955, Alexander McKendrick -, o “Ocho sentencias de muerte”Kind Hearts and Coronets, 1949, Robert Hamer – ). El encorsetamiento económico de “El retrato de Dorian Gray” queda puesto de manifiesto en secuencias como la que tiene lugar en el interior de una estación del metro de Londres, que hace alarde de un decorado francamente pésimo y casi de cartón piedra.

La verdadera modernización de la obra de Oscar Wilde deberá esperar (si llega) a un cineasta con una personalidad artística mucho más solida que la demostrada por Oliver Parker, pero para los que no quieran esperar a que llegue este momento, conviene insistir de nuevo en la existencia de la adaptación dirigida por Albert Lewin en 1955, que a la postre fue también uno de los mejores films fantásticos de su década.

El retrato de Dorian Gray

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