Judex

argumento
Favreaux, un banquero sin escrúpulos, empieza a recibir notas amenazadoras firmadas por un tal “Judex”. Tras el intento, por parte del banquero, de matar a un pobre hombre arrollándole con su coche, Judex y sus colaboradores secuestran a Favreaux y lo condenan a una reclusión perpetua como pago por todas sus acciones. Varios extraños personajes vinculados de un modo u otro a las acciones de Favreaux intentarán liberar a este de su encierro, mientras el justiciero Judex lucha por impedirlo.
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critica
“Judex”, realizada pocos años después de la mítica “Ojos sin rostro” (Les Yeux Sans Visage, 1961), supone una curiosa revisitación de los clásicos héroes enmascarados del cómic, de los seriales de Louis Feuillade (Fantomas y Judex, entre otros) y de las novelas pulp de misterio.
“Judex” y “Ojos sin rostro” se mueven en terrenos dramáticos y conceptuales similares, y son varias las constantes del mundo artístico de Georges Franju que encuentran acomodo en ambas: una música que bascula entre la tensión de los momentos de acción y lo abiertamente sentimental en otros; actrices de aspecto frágil que intentan reflejar a través de sus interpretaciones una cierta pureza femenina; la paloma como animal que se erige en símbolo de esa misma pureza; historias oscuras, inquietantes y extravagantes que, pese a todo, no evitan (conscientemente) la presencia de cierta ingenuidad en la construcción de algunas secuencias y en la definición de algunos personajes.

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La primera secuencia del film, en la que el banquero Favreaux lee consternado la misiva amenazante del tal Judex, y en la que un encuadre apropiadamente cercano al personaje (la misiva le afecta de manera muy personal) amplia su espacio, mediante un travelling de retroceso, hasta mostrar al inspector de policia que le está escuchando, se revela una manera efectiva de ir al grano con la narración y, al mismo tiempo, de introducir constantes narrativas propias de este tipo de historias: la presentación alusiva del misterioso Judex (el protagonista de la historia), a través de una misiva amenazadora, o el característico nombre que le identifica, manteniendo oculta su verdadera identidad.

La caracterización visual de los antagonistas, en determinadas secuencias, deja de lado completamente la sutilidad y opta por un simbolismo muy directo; ej: en la secuencia de la extraña fiesta de disfraces que tiene lugar en la casa de Favreaux, Judex, del que todavía desconocemos su identidad, aparece disfrazado con una gran cabeza de halcón; unos hombres comentan que el disfraz más apropiado para el banquero sería el de buitre y, efectivamente, al momento aparece Favreaux portando una cabeza de dicho animal. El justiciero queda definido visualmente como alguien noble y elegante, mientras su contrincante puede ser considerado como un carroñero de formas bastantes brutales (atropella a un pobre hombre que le ha echado en cara sus malas acciones, y al que casualmente se encuentra poco después transitando por el mismo camino por el que avanza él con su vehículo).

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Este tipo de definición de los personajes, rápida y eficaz, se extiende también a otros personajes del film, caso del chaval que se descubre más avispado y audaz que el teórico detective que investiga el caso de las extrañas misivas a Favreaux: una sola mirada de sorpresa del pequeño a la extraña mujer que va ataviada de (falsa) monja le impulsa a correr al interior de su casa y comprobar que en la fotografía familiar que descansa en una repisa en el salón aparece la misma chica.
Los giros dramáticos delirantes, más allá de lo creíble en una película que se pretendiera seria, en “Judex” se asumen como algo lógico y natural, a tono con los personajes, las situaciones, y la atmósfera del film. Hijos que desconocen quienes son sus padres, padres que buscan a sus hijos, y que por azarosas circunstancias se topan con ellos en situaciones límite o al borde de la muerte; el disfraz como herramienta fundamental para desenvolverse en un contexto en el que la apariencia y la mentira están a la orden del día; peleas silenciosas filmadas prácticamente al modo del cine mudo (incluída -conscientemente- la poca destreza física de los actores que ejecutan las coreografías): el universo que plasma “Judex” está, evidentemente, al margen de la realidad, y el film requiere del espectador una cierta inocencia en la mirada para poder disfrutar con la propuesta.

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Georges Franju apoya el material narrativo con el que trabaja en su indudable talento visual, haciendo de tan peculiar propuesta una película estimable gracias a la excelente fotografía, a su talento al crear una planificación que logra aunar narratividad y expresividad visual con sencillez, y al buen partido que extrae, por regla general, de los actores.
No es “Judex” una película perfecta, y quizá su mayor defecto resida en ser un buen entretenimiento, digno y sólido, pero carecer de mayores ambiciones que la hagan más densa y trascendente. Uno de los aspectos menos logrados de la película, en mi opinión, es la banda sonora de Maurice Jarre, que en algunos momentos tiende a una excesiva sensiblería y que quizá no resulte la más apropiada para un film de estas características: aunar la frivolidad de un cómic de justicieros enmascarados y la sensiblería musical de un film dramático donde afloren sentimientos ternuristas resulta un poco chocante, pero en todo caso, es sólo mi opinión.

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trailer

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