TÃtulo Original: The Adventures of Tintin
Año: 2011
Nacionalidad: EE.UU/ Nueva Zelanda
Duración: 107 min.
Director: Steven Spielberg
Guión: Steven Moffat, Edgar Wright y Joe Cornish, según la serie de cómics Las aventuras de TintÃn, de Hergé
Actores: Jamie Bell (TintÃn), Daniel Craig (Ivanovich Sakharine), Simon Pegg (Inspector Hernández), Nick Frost (Inspector Fernández) Cary Elwes (Milú), Andy Serkis (Capitán Haddock)
![]()
TintÃn adquiere en un mercado de antigüedades la maqueta de un barco de la época de Luis XIV, y , finalizada la compra, es inmediatamente abordado por dos individuos. El primero se presenta a si mismo como Ivanovich Sakharine y se muestra extraordinariamente interesado en comprarle el objeto; el segundo mantendrá su anonimato pero alertará a TintÃn del peligro que puede suponerle poseer el barco. Una vez en su casa, la inesperada aparición de un gato en la vivienda de TintÃn incitará al perro de este, Milú, a perseguir con gran afán al felino, provocando una serie de desperfectos en el mobiliario que concluirán con la rotura de un mástil de la maqueta, de cuyo interior también se desprenderá un pequeño pergamino cuidadosamente enrollado. Al poco, dos importantes acontecimientos se sucederán: en primer lugar, TintÃn se desplazará a casa del capitán Haddock, un buen amigo suyo que le mostrará el retrato de uno de sus antepasados familiares, a cuyas espaldas puede contemplarse también la figura del Unicornio, el modelo real de navÃo que reproduce la maqueta; y en segundo lugar, cuando TintÃn regrese a su hogar descubrirá que la maqueta le ha sido robada, aunque, por suerte, el pergamino sigue en su poder. TintÃn, su fiel perro Milú y el capitán Haddock unirán sus fuerzas para encontrar otras dos maquetas del mismo barco, que esconden en su interior otros tantos pergaminos, y que unidos al primero revelarán el secreto del Unicornio, relacionado tanto con el propio Haddock como con Ivanovich Sakharine, misterioso personaje que se erigirá en el villano de la función.


![]()
Aunque me resultan familiares los tÃtulos de prácticamente todos los álbumes que conforman las aventuras de TintÃn, pues en mi infancia era habitual oÃr hablar de ellos, no soy ni he sido nunca un fervoroso lector de las peripecias del personaje creado por Hergé, de quien apenas recuerdo, en aquella lejana época, la lectura de un par de sus aventuras: por un lado, la del dÃptico formado por Objetivo: la luna (1953) y Aterrizaje en la luna (1954), y por otro la de Las siete bolas de cristal (1948); tal vez alguna más, aunque de ser asà la memoria me traiciona al respecto y ha sumido por completo su recuerdo en el olvido. Reconozco que en aquel momento, mediados de los ochenta y principios de los noventa, me atraÃa mucho más el cómic americano, y especialmente obras tan fascinantes como La cosa del pantano y Miracle Man, de Alan Moore -que muy probablemente no entendÃa del todo-, o las extrañas aventuras protagonizadas por los personajes superheroicos de La patrulla condenada, Excalibur o Batman y los Outsiders. TintÃn, en comparación, me parecÃa un personaje muy poco carismático; a diferencia, eso sÃ, del resto de personajes que le acompañaban, caso del divertido perro Milú, los atolondrados inspectores Hernándéz y Fernández, o, por encima de todos ellos, el alcoholizado capitán Haddock. Vista, hace apenas unos dÃas, la pelÃcula de animación en 3-D producida por Peter Jackson y Steven Spielberg, y dirigida, creo yo, al alimón por ambos, por mucho que en los créditos del film solo figure en este apartado el nombre del segundo, mi opinión respecto al personaje no parece haber cambiado mucho con el tiempo: TintÃn (Jamie Bell) dista mucho, para mi, de ser un personaje atractivo, y la caracterización fÃsica y psicológica del mismo quedan muy por debajo de los de Indiana Jones, el arqueólogo y saqueador de tumbas creado por George Lucas y popularizado por los films del propio Spielberg: es cierto que ambos personajes, TintÃn y Indiana Jones, no se caracterizan precisamente por la complejidad de sus respectivas personalidades, pero el segundo de ellos hereda y aglutina con éxito, como en un destilado -y enormemente favorecido por la presencia en pantalla y el carisma del actor que le da vida, Harrison Ford-, las caracterÃsticas de los héroes precedentes del cine de aventuras norteamericano, erigiéndose tanto en icono del género como en arquetipo máximo del aventurero para el cine de aventuras posterior. Esto me lleva a entrar en una aparente contradicción, que no lo es tanto, pues precisamente el TintÃn de Spielberg y Jackson se asemeja antes, en su desenfreno narrativo, al Indiana Jones del primero -aunque, eso sÃ, desgraciadamente al menos apetecible de ellos, el de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull, 2008)- que no al que protagonizaba los tebeos de Hergé.


En primer lugar, creo necesario hacer referencia a la virtud más evidente del producto (pues no otra cosa es este film), que difÃcilmente pasará inadvertida a cualquier espectador interesado en el mismo: En Las aventuras de TintÃn: El secreto del Unicornio lucen en pantalla, exprimidos al máximo, todos y cada uno de los millones de dólares invertidos en su producción. El aspecto visual de la cinta es apabullante, superando ampliamente los resultados alcanzados anteriormente, en el mismo terreno de la animación digital, por tÃtulos como Polar Express (The Polar Express, 2004), Beowulf (2007) o Cuento de Navidad (A Christmas Carol, 2009), todos ellos dirigidos por Robert Zemeckis. Por tan simple razón, el film de Jackson y Spielberg puede ser considerado, sin demasiados problemas, el espectáculo visual del año, prácticamente sin oponentes que puedan hacerle frente: Las aventuras de TintÃn, como traslación a la gran pantalla de un tebeo, luce mucho más atractiva que Capitán América (Captain America: The First Avenger, 2011), Linterna verde (Green Lantern, 2011), X-Men: Primera generación (X-Men: First Class, 2011), o Thor (2011). La cuestión es, llegados a este punto, si dejando a un lado la valoración de su vertiente tecnológica, también podemos considerar que Las aventuras de TintÃn es un buen film, o, más concretamente, un buen relato de aventuras. Mi opinión a este respecto es más bien negativa, pues si bien la producción de Jackson y Spielberg no deviene el peor film posible, queda bien patente en sus imágenes, y en la construcción del frenético ritmo narrativo del relato, que sus responsables no han logrado desprenderse del (lógico) miedo que tienen a que su producto se estrelle estrepitosamente en la taquilla americana (de ahà la razón de que este llegue con varias semanas de antelación a las salas europeas), y han decidido convertir las peripecias del personaje, cual montaña rusa, en una sucesión inacabable de escenas de acción y destrucción que poco tienen que ver, creo yo, con el espÃritu original que animaba las creaciones de Hergé. No se trata tanto de una posible infidelidad al desarrollo narrativo de los relatos originales que toma como base (y que, como ya he dicho antes, no he leÃdo), El secreto el unicornio (1942-1943) y El tesoro de Rackham el rojo (1944), como de una adulteración interesada del espÃritu que animaba a aquellos.


Lo mejor de Las aventuras de TintÃn se encuentra, a mi modo de ver, en su primera hora de metraje, la más óptimamente cercana en sus resultados a lo alcanzado por Spielberg en films como Indiana Jones en busca del arca perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981), Indiana Jones y el templo maldito (Indiana Jones and the Temple of Doom, 1984), o Indiana Jones y la última cruzada (Indiana Jones and the Last Crusade, 1989), es decir, una buena y atractiva mezcolanza de personajes excéntricos (tanto héroes como villanos), sentido del humor, aventuras y acción, inofensivo cóctel aderezado además, conscientemente por parte de sus creadores, con una inocencia que permita su disfrute en familia. En esta primera parte de la cinta tienen lugar secuencias tan ingeniosas como aquella que muestra a TintÃn intentando recuperar, del interior de un camarote de barco en el que unos marineros duermen la mona -y que previamente han sido descritos por el capitán Haddock como los más peligrosos que quepa imaginar-, y con la inestimable ayuda de su perro Milú, el pergamino hallado al principio del relato en el interior de la maqueta del Unicornio, que el personaje necesita para proseguir con buen pie su aventura. La situación, y sobre todo el espacio en el que esta acontece, permite a Spielberg y Jackson elaborar una de sus caracterÃsticas set-pieces visuales, en las que, a modo de gag cómico propio del cine mudo, TintÃn ve dificultado continuamente su avance por el espacio a causa del balanceo que genera en el barco el oleaje exterior, lo que también provoca el continuo desplazamiento, por los suelos y literas compartidas del camarote, y a modo de obstáculos para el personaje, del cuerpo de los convalecientes marineros. Otra lograda secuencia de la cinta es aquella en la que los inspectores Hernández y Fernández localizan al fin al virtuoso y escurridizo ladrón de carteras que se ha apoderado de la perteneciente a TintÃn, y en cuyo interior este guardaba, como no, el importante pergamino. Los personajes, de comportamiento tan disparatado como cabÃa esperar, y tras contemplar con sus ojos en el salón del piso del ladrón un auténtico "museo de la cartera", seguirán tomando al malechor por una inocente vÃctima, pese a las apabullantes pruebas en su contra y a que este, vencido por los remordimientos, trata infructuosamente de entregarse a la justicia. Finalmente, y tras hacer perder con su estupidez los estribos al ladrón, los inspectores hallarán la cartera de TintÃn, acontecimiento que les permitirá recuperar, aunque momentáneamente, la cordura profesional y proceder a la detención de aquel. Por desgracia, y pese a que su metraje se ve salpicado por algunos otros buenos momentos como los mencionados (Ej: en otra secuencia, la floja resistencia acústica de los tÃmpanos de Milú y del capitán Haddock ante el canto operÃstico de la Castafiore provoca una divertida y delirante reacción de los personajes), Las aventuras de TintÃn, en completa consonancia con las pelÃculas precedentes de sus máximos responsables (1), deviene antes una celebración desbocada del fragmento (casi cada secuencia del film deviene set-piece, y por lo tanto su concepción aislada pretende impresionar por su virtuosismo visual - y también artificiosidad - con imposibles movimientos de cámara y una imparable concatenación de acontecimientos), que no un relato de aventuras compacto y coherente.


Por desgracia, la segunda parte de la cinta, en la que se acumulan sin cesar las secuencias de acción espectaculares y grandilocuentes (también inacabables), fuerza la degeneración a marchas forzadas del relato, que termina resultando más cercano en su delirio visual a aquel que uno puede contemplar en un (mal) videojuego, o en las secuencias que dominan por completo pelÃculas tan lamentables como Piratas del Caribe. El cofre del hombre muerto (Pirates of the Caribbean: Dead Man´s Chest, 2006) o el mismo King Kong (2005) del Sr. Peter Jackson, que no a un excitante y apetecible relato de aventuras. Durante esos instantes (el enfrentamiento de las tripulaciones de dos barcos piratas, la cuasi completa demolición de un pueblecito que da inicio cuando el capitán Haddock dispara al revés un proyectil de bazooka, o la secuencia final en la que el capitán Haddock y Ivanovich Sakharine se enfrentan el uno al otro con sendas grúas), Jackson y Spielberg dejan de lado el sentido de la aventura, y pasan directamente a los fuegos de artificio más pomposos y aburridos. Evidentemente, gracias al mayor control que se puede ejercer de todos los "actores" en una cinta de animación como esta, la planificación y el montaje de estos instantes resulta mucho más transparente y atractiva que aquella de la que hacen gala los films-espectáculo arriba mencionados, más feÃstas visualmente y torpes narrativamente, pero ello no resulta suficiente, ni mucho menos, para que este barco a la deriva recupere un rumbo más provechoso.


(1) Para despejar posibles dudas al respecto, aclaro aquà que Spielberg me parece un cineasta mucho más talentoso que su compañero. Centrándome exclusivamente en la última década de la filmografÃa de ambos realizadores, de Spielberg destacarÃa sin problemas, por su interés cinematográfico, pelÃculas como Minority Report (2002), Atrápame si puedes (Catch Me if you Can, 2002), o Munich (2005), que también se muestran edificadas -aunque de forma más equilibrada que En las aventuras de TintÃn: El secreto del Unicornio- antes en función del impacto que pueda provocar la construcción visual de cada secuencia por separado que no de la eficacia del todo narrativo que las aglutina, lo cual siempre termina por dejar al descubierto las deficiencias de esta forma de entender el relato cinematográfico. En cambio, el cine alumbrado por Peter Jackson durante esos mismos años no ha dejado de mostrar sÃntomas de absoluta decadencia, en los que el realizador neozelandés parece haber aplicado el desenfreno y atrofia visuales de su conocidÃsima y gamberra comedia gore Braindead (1992) al terreno del cine más comercial (sic), buscando con afán el reconocimiento de público y crÃtica, pero sobre todo esperando recibir una lluvia de premios que, aunque tristemente comenzada con la trilogÃa de El señor de los anillos (2001-2003), no se ha visto prolongada, afortunadamente, con pelÃculas tan desastrosas en sus resultados artÃsticos como King Kong (2005) o The Lovely Bones (2009). Una mirada atenta al trabajo con la planificación y el montaje en la trilogÃa de El señor de los anillos puede despejar muchas dudas al respecto: en la primera entrega, La comunidad del anillo (2001) aún se pueden encontrar secuencias planificadas y montadas de forma atractiva, pero en Las dos torres (2002), la colisión entre los trabajos de la primera y segunda unidad de filmación, cada una, es de suponer, rodando con varias cámaras, da como resultado un film con tendencia al montaje confuso y mucho más feo visualmente de lo esperado. El tercer film de la saga, El retorno del rey (2003), ya no alcanza a retomar el vuelo (relativo) de la primera entrega. Prestando atención a los films comentados de Jackson queda patente que no es lo mismo ser Spielberg que pretender serlo.




![]()
Â
Â



































