La Mosca

argumento
Seth Brundle, un científico extravagante y con una nula vida social, entabla contacto con la reportera Veronica Quaife, a la que pretende ofrecer una importante exclusiva: el nacimiento del teletransporte gracias a unas máquinas creadas por él. Seth progresa en los detalles que darán por finalizado el invento al mismo tiempo que entre él y Verónica nace la atracción amorosa. Una noche, tras descubrir que Verónica no ha cortado de forma definitiva con su anterior amante, el editor Stathis Borans, Seth se deja llevar por el alcohol y entra en la máquina con la finalidad de comprobar el teletransporte con humanos, pero una mosca se introduce en la misma cápsula que él provocando la fusión del organismo de Seth con el insecto. Al poco tiempo Seth empezará a sufrir cambios en su organismo.
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critica
Más de 20 después de su realización “La Mosca” continua siendo el film más conocido de Cronenberg, y posiblemente su mayor éxito comercial, que quizá se vea prolongado en la reciente ópera inspirada en la película y dirigida también por el director canadiense.
El film se conserva realmente bien y muestra múltiples ramificaciones temáticas propias del universo Cronenberg: el nacimiento de la nueva carne, temática que en esta ocasión alcanza, probablemente, su manifestación más intensa: el final de la película mostrará una mixtura realmente al límite entre insecto, humano y tecnología; las adicciones, en este caso a la sed de fuerza y energía que adquiere Seth Brundle (Jeff Goldbum) al poco tiempo de unir su metabolismo al de una mosca; espacios cerrados y opresivos, y pocos personajes en el interior de los mismos, al modo de “M. Butterfly”, “Inseparables”, “Spider” o otras películas de su director, etc.
Hasta cierto punto, “La Mosca” es una película muy asimilada actualmente por público y crítica, pero sorprende que Cronenberg lograra rodar con gran libertad esta película inscrita en los márgenes del cine comercial, más cuando, a poco que se piense en ello, sus dos películas más polémicas, “El Almuerzo Desnudo” y “Crash”, no resultan especialmente más fuertes o virulentas que la presente. Lo que hace más comprensible la extendida aceptación de este film puede estar relacionado con el tratamiento que de los personajes protagonistas tiene la película, Seth Brundle y Veronica Quaife (Geena Davis), más humanizados y cercanos al espectador que los mucho más abstractos Bill Lee o los miembros del grupo que alcanzan el clímax sexual estrellando coches en las otras dos películas.

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“La Mosca” tiene una estructura narrativa que fácilmente puede dividirse en tres bloques bien diferenciados. El primero de ellos comprende desde la secuencia inicial, en la que Seth conoce a Verónica en una fiesta de sociedad y le propone seguir el curso de los experimentos que aquel está realizando en secreto, hasta el momento en el que Seth decide llevar a cabo el experimento definitivo con las máquinas de teleportación usándose a si mismo como cobaya.
El segundo bloque detalla minuciosamente el proceso inicial de energía desbordada que muestra Seth al poco tiempo de haberse fusionado su organismo, durante el transcurso del experimento y sin saberlo él, con una mosca; y por otro lado, la progresiva concienciación de que algo malo ha tenido lugar y que los primeros cambios “positivos” son simplemente la antesala de una serie de brutales cambios físicos en su cuerpo.
La tercera parte del film da inicio una vez Seth adquiere conciencia, gracias a la información que le suministra el ordenador que procesa todos sus experimentos, de que su organismo se ha fusionado con el de una mosca. Conocimiento que inocula en el personaje (y también en el propio drama) un sentimiento trágico de la existencia, que le lleva a tomar las medidas desesperadas, sugeridas por ese mismo ordenador, encaminadas a lograr la colaboración de Verónica (con un hijo de Seth en su vientre) en un nuevo experimento que lograría (en teoría) que Seth recuperara la forma humana, aunque ahora fusionado con la propia Verónica y el feto.

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Un argumento de puro terror que Cronenberg maneja con la mayor de las habilidades, y empleando un lenguaje visual muy sencillo (que no simple) muy propio de su forma de filmar.
En el aspecto formal cabe señalar un par recursos cinematográficos interesantes y muy poco habituales en Cronenberg: el fundido encadenado y el fundido a negro.
Cada uno de ellos empleado una única vez en toda la película, pero marcando con su aparición giros en el drama. El fundido encadenado tiene lugar tras el experimento de fusión, en una secuencia que muestra a Seth y a Verónica durmiendo en una habitación en el piso del primero; Cronenberg los muestra en plano general mientras un suave travelling se acerca a la cama; el sonido de una mosca revoloteando por la habitación introduce cierta extrañeza, mayor al ser una secuencia nocturna; finalmente Seth, demostrando unos grandes reflejos, abre los ojos y coge en pleno vuelo al insecto. Este plano y el que le sigue, ahora frontal a la cama (el otro era más bien desde uno de los laterales de la misma), van unidos mediante un fundido encadenado, que expresa visualmente la entrada de Seth (y con él el propio tono de la película) en el territorio del fantástico: es el primer síntoma de que Seth ha cambiado, el tono de la película debe cambiar y dejar de ser más o menos realista. Algo que se extenderá a la textura visual de la película, que empezará a mostrar de una forma más sombría los mismos espacios vistos anteriormente.
El segundo recurso, el fundido a negro, introducirá la caída en la tragedia del personaje y, efectivamente, otro giro, aún más áspero que el anterior, en el drama: Seth decide interrogar al ordenador que maneja todo el experimento acerca del día que tuvo lugar este; tras varias preguntas y respuestas la conclusión no puede ser más fatídica para el personaje: su cuerpo se ha fusionado con el de una mosca. Cronenberg muestra la expresión transfigurada de Seth al recibir semejante golpe para su futuro y acto seguido funde a negro.

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El travelling de acercamiento a la cama, que hemos mencionado líneas arriba, encuentra su continuidad estilística en otros momentos similares (y hay que hacer hincapié en que el uso de esos movimientos de cámara se erige en una cuestión de tonalidad fantástica, atmosférica, y nunca resulta un procedimiento gratuito), como la secuencia en la que Seth deja exhausta a Verónica tras una intensa sesión de sexo: otra demostración de que el organismo del personaje ha cambiado también en otros aspectos. Cronenberg filma el momento con otro movimiento de cámara acercándose a la pareja de un modo muy similar al anterior.

La película tiene muchos momentos destacables y resulta muy minuciosa en la descripción de los cambios físicos, cada vez más terribles, que sufre Seth. Inolvidable, por excepcionalmente filosófico, el momento en el que Seth, ahora convertido, según sus propias palabras, en “Brundlemosca”, entona un trágico monólogo que expresa su deseo de ser el primer insecto político de la Historia, al mismo tiempo que sus palabras se erigen en una emotiva despedida de su condición humana. La música de Howard Shore acompaña con su tono trágico el dolor del personaje, en una banda sonora de las más logradas del compositor en su relación artística con Cronenberg.

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Sí la película recuerda a “La Metamorfosis”, de Franz Kafka, es, aparte de por la obviedad de la transformación física que sufre el personaje, por su concentración narrativa durante gran parte de la película en un único espacio, el piso-laboratorio de Seth, y por la absoluta relevancia que adquiere este personaje. Los otros dos personajes importantes del film son Verónica y su expareja Stathis Borans. A este último personaje le corresponden, en mi opinión, algunos de los momentos más endebles de la película, especialmente presentes en la primera media hora de película. Stathis y Verónica tienen toda una subtrama, paralela a la central (el drama de Seth), encaminada a hacer más comprensible al espectador que “La Mosca” es, en esencia, una trágica historia de amor; pero lo cierto es que la descripción del comportamiento de Stathis es de trazo grueso en muchos momentos, resultando la presencia en pantalla del personaje un verdadero incordio. Ello no impide decir que la labor del actor John Getz, a cargo del personaje, es de veras encomiable: cuando el personaje tiene que estar insufrible el actor está a la altura de las circunstancias (en el mejor sentido), y cuando en la última media hora de película Cronenberg humaniza al personaje, Getz también sensibiliza su interpretación y el espectador llega incluso a sentir verdadera simpatía por el mismo.
Una de las secuencias menos interesantes de toda la película, y que pese a su pertinencia dramática resulta excesivamente obvia en su resolución, tiene que ver con la pesadilla de Geena Davis al enterarse de que está embarazada de Seth: la lógica incertidumbre que le provoca a la chica el nacimiento de un bebé, concebido al contacto con un humano-mosca, lleva a Cronenberg a visualizar explícitamente esa pesadilla, en la que el propio director oficia de médico de parto. Una secuencia que recuerda, y no poco, a la secuencia, de la un par de años posterior “Inseparables”, en la que Beverly, uno de los gemelos ginecólogos, soñaba con Claire Niveau desgarrando salvajemente con la boca una protuberancia carnal que lo unía físicamente a su hermano, haciendo explícita visualmente una información que estaba implícita en el drama que mostraba la película: efectivamente, la chica era la “culpable” de sumir a los dos hermanos en un estado depresivo, y de algún modo, separarlos.

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trailer

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