TÃtulo original: The girl with the dragon tattooAño: 2012
Nacionalidad: EEUU
Duración: 155 min.
Director: David Fincher
Guión: Steven Zaillian
Actores: Daniel Craig, Rooney Mara, Christopher Plummer, Stellan Skarsgard, Steven Berkoff, Robin Wright, Yorick Wageningen, Joely Richardson, Geraldine James, Goran Visnjic, Donald Sumpter, Ulf Friberg, Holger Palmgren, Bengt Carlsson, Tony Way, Per Myrberg, Josefin Asplund, Eva Fritjofson y Moa Garpendal.
Mikael Blomkvist es sentenciado por difamar a un importante empresario a través de su revista de actualidad polÃtica y económica Millennium, que dirige junto a su compañera Erika Verger. Aprovechando la situación, Henrik Vanger, ex-director de la Corporación Vanger, le propone un trato, consistente en escribir un libro sobre su imperio y su extensa familia y, a la vez, investigar la desaparición en 1966 de la sobrina de Vanger, Harriet, que ha sido dada por muerta. Blomkvist accede, y contará con la ayuda de Lisbeth Salander, una afamada hacker de pasado oscuro, modales ariscos y atuendo gótico que busca trazar su propia venganza.


Siempre resulta difÃcil de creer (e incluso de imaginar) que una cinta prácticamente insuperable pueda ser mejorada a partir de un presupuesto más alto y un reparto de más renombre (además de un personal de producción con largas etapas de experiencias que los avalan), pero como ya sucediera con la inmejorable Déjame entrar (cinta revisionada por Matt Reeves de la originariamente dirigida por Tomas Alfredson) volvemos a encontrarnos ante tal situación; y es que David Fincher (quien ya demostrara su inmenso don de dirección en joyas como El club de la lucha y Se7en) se encarga de llevar a cabo un presumiblemente innecesario remake (aunque a la postre completamente imperdible) de una de las pocas producciones no americanas que han cosechado innumerables elogios en los últimos años, la sueca Millenium I: Los hombres que no amaban a las mujeres.


Mikael Blomkvist (Daniel Craig, mucho más tierno y humano que de costumbre, al que muchos sorprenderá por no estar encasillado en esta ocasión en un personaje frÃvolo e impersonal como a los que suele dar vida) es un periodista públicamente defenestrado por sus calumnias, mientras que Lisbeth Salander (Rooney Mara, soberbia y difÃcilmente olvidable merced a la inmaculada a la par que difÃcil interpretación que realiza) es una investigadora muy especial, poseedora de una mente privilegiada y un curioso aspecto; sus caminos se van a cruzar de un modo tentadoramente inevitable, y es que tras el declive del hasta el momento reputado periodista, Henrik Vanger (Christopher Plummer), miembro de una familia tan enrevesadamente complicada como secretista, contratará a ambos con la finalidad de destapar un misterio que lleva más de cuarenta años oculto, una mentira que trasciende el ámbito familiar y se circunscribe en la historia de un asesino en serie cuyas vÃctimas eran pertenecientes exclusivamente al sexo femenino (entre ellas a Harriet Vanger, a la que éste ansÃa encontrar desde entonces) y del que nunca se ha conocido ni la identidad ni el paradero.


La cinta es una auténtica delicia técnica (los explosivos tÃtulos de crédito cyber-punk ya nos hacen presagiar que asà será), gozando de una puesta en escena soberbia (tan voluntariamente frÃa como la historia que cuenta, que no es sino una brutal crÃtica a la mugre que palpita en el corazón de la Europa más próspera) y más gélida aún que el marco, casi pictórico, en el que se desarrolla; prÃstina fotografÃa, una dirección artÃstica mimosa y planificada al milÃmetro, juegos compositivos en el montaje, ritmo hipnótico e inquebrantable y un aspecto musical se convierten en un personaje más a la hora de atrapar al espectador durante, aunque parezca mentira, más de dos horas y media de duración que sin embargo se convierten en segundo debido a la intensidad con el que es presentado el metraje.


Quizás la novela trate sobre un asesino en serie que despedaza mujeres siguiendo un código que entremezcla sin pudor misoginia, religión y xenofobia, pero eso es algo secundario en esta nueva Millenium I: Los hombres que no amaban a las mujeres cuyo máximo interés radica en la construcción de un personaje icónico como es indiscutiblemente el de Lisbeth Salander; es en el retrato (delicado y feroz al mismo tiempo) del complejo carácter de la hacker donde el director concentra lo mejor de sà mismo (ya sea en la secuencia de la atroz violación como en los momentos de máxima ternura entre actualmente fracaso periodista y ella) y consigue con ello que el espectador termine sometido irremediablemente a la atracción autárquica del cuerpo de ésta, con sus tatuajes y sus piercings, con su extrema delgadez y su natural desnudez, un tapiz en el que habitan tanto todos los males de la humanidad como la resistencia que se opone firme frente a ellos.









































