Plan Siniestro (1964)

argumento
Myra y Billy Savage forman un matrimonio algo extraño: ella es una supuesta médium que organiza sesiones de espiritismo en su casa con unos cuantos asiduos; él es un hombre con una débil personalidad y con problemas para encontrar un trabajo; ambos perdieron prematuramente a un hijo. Myra, obsesionada con la triste perdida del pequeño, organiza un plan para secuestrar a la hija de un matrimonio adinerado, los Clayton. Consumado el secuestro, Myra ofrecerá sus servicios como médium, tanto a la pareja como a la policía, revelando supuestas pistas auténticas que pueden llevar al paradero de la pequeña, logradas gracias a sus teóricos poderes, exigiendo por otro lado, en su faceta de secuestradora, el pago de un rescate. Billy se deja arrastrar por su mujer, pero se muestra cada vez más inseguro con respecto a lo que están haciendo.

Plan Siniestro
critica
El director de origen inglés Bryan Forbes tiene una cierta reputación entre la crítica cinematográfica gracias a la película que nos ocupa, “Plan siniestro”, y a otros títulos asociados al género fantástico, como “Las esposas de Stepford” (The Stepford Wives, 1975), o al margen del mismo, como el film “Cuando el viento silva” (Whistle Down the Wind, 1961) o “The Whisperers, 1967”.
“Plan Siniestro” es una interesante y insólita película, un drama psicológico antes que un film de terror, en el que a Forbes le interesa sobremanera trabajar lo inquietante que reside en las acciones del matrimonio protagonista, las atmósferas visuales de los espacios que filma, y el suspense nada artificial que emerge de determinadas situaciones, logrando respecto a esto último que en algunos momentos el espectador evoque mentalmente ciertas situaciones propias de un film de Hitchcock; ej: la secuencia en la que Billy (Richard Attenborough) intenta torpemente que la niña a la que acaba de secuestrar quite los cierres de seguridad de los asientos traseros del coche propiedad de su padre, en un lugar teóricamente solitario…hasta que la pelota de un grupo de niños que están jugando en la zona rueda a sus pies, aumentando la tensión de un momento bastante delicado para el personaje, y llevándole a tomar una elegante medida disuasoria de la actividad criminal que está llevando a cabo: ¡deberíais jugar más lejos! ¡podríais darle a alguien!: un momento de incertidumbre recorrido por una maliciosa ironía.
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El primer plano de la película ya resulta revelador respecto al talento visual de Forbes: un movimiento de cámara que se inicia con un plano detalle de una vela, con un fondo de oscuridad tras ella, y continua su trayectoria recorriendo las manos entrelazadas de los participantes, sentados alrededor de una mesa, de una sesión de espiritismo a cargo de Myra (Kim Stanley). El plano pone énfasis en el carácter ritual del acto y la necesidad de que este sea colectivo.
Esta particular manera de dar comienzo al film, de forma misteriosa, con planos detalles de una vela y unas manos, puede recordar al de otra célebre película de terror psicológico, “Suspense” (The Innocents, 1961, Jack Clayton), y a la atmósfera característica de otra películas de cine fantástico británicas.
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La vela tendrá una presencia absoluta en el resto de encuadres de la secuencia, y el director incluso se permite un rápido y expresivo movimiento de cámara desde la misma, en un momento concreto en el que la llama titubea, hasta uno de los asistentes a la sesión, que parece interpretar con la oscilación del fuego la posibilidad real de un contacto sobrenatural
La secuencia siguiente incide en la peculiaridad y extrañeza que rodea a los aficionados al espiritismo, algo que Forbes expresa a través de la acciones de sus personajes: cuando termina la sesión, en la calle está lloviendo; los participantes van saliendo de la casa uno a uno, sigilosa y solitariamente, y alejándose cada uno por su lado, excepto un hombre que espera pacientemente a que termine de llover, para entonces sí, irse.

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Extrañeza, soledad, traumas personales que buscan ser resueltos con métodos nada ortodoxos, un acercamiento al espiritismo poco fantástico, más bien todo lo contrario, una búsqueda de respuestas a problemas existenciales que resultará tan frustrante para Myra como lo era el extraño recorrido del protagonista de la novela “El Silencio”, de José María Latorre, que buscaba un consuelo para su tragedia personal (la perdida de Marta, su mujer, en un atentado) a través de un periplo angustioso protagonizado por encontronazos con la iglesia, sectas terroristas y ideológicas, grupos espiritistas, etc.

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El perturbador juego de Myra, capaz de, ingenuamente, pretender engañar a la policía y a los padres de la pequeña secuestrada haciéndoles creer que sus poderes como médium son reales, y por lo tanto eficaces, al dar pistas muy concretas que detallan juguetes de la niña o el lugar en el que se encuentra esta; o la manera de dominar la voluntad de Billy, incapaz de negarse a continuar con el plan trazado cuando empieza a comprender la gravedad de sus acciones, son, en todo caso, el reflejo de una mentalidad cercana a la locura, arrastrada a ella por un trágica perdida personal.
El empleo del espacio fílmico también destaca en la película, con especial mención para la habitación en la que está confinada la pequeña, decorada como si de una característica habitación de hospital se tratara, con el fin de engañar a la niña durante su cautiverio, factor que, debido a los desvaríos de Myra, obliga tanto a ella como a Billy a entrar en la estancia vestidos como enfermeros.

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La pareja de actores que carga con el peso de la película, Kim Stanley y Richard Attenborough, se revelan brillantes en sus interpretaciones: Él, por demostrar lo camaleónico y sutil que podía llegar a ser como actor (Attenborough tiene una faceta como director menos destacada que su faceta interpretativa), y aquí hay que recordar la excelente “El Estrangulador de Rillington Place”, dirigida por Richard Fleischer, dónde el actor inglés componía brillantemente un papel de asesino en serie; ella, por su parte, destaca por dominar el papel más difícil de la película, y por protagonizar la secuencia psicológicamente más intensa de la misma, que tiene lugar durante el transcurso del brillante clímax dramático.
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trailer

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