Ponyo en el acantilado (Ponyo on the Cliff by the Sea) (2008)

argumento
El pequeño Sosuke encuentra a un extraño animalito moribundo atrapado en el interior de un frasco de cristal, junto a la orilla del mar. Sosuke logra reanimarlo, le pone el nombre de Ponyo, y lo adopta con entusiasmo con la aceptación de Lisa, su madre. Al poco, Fujimoto, un curioso personaje que vive en las profundidades del mar, comienza a buscar a Ponyo, ya que la madre del mismo lo necesita a su lado. Fujimoto logra devolver a Ponyo al interior del mar, pero ahora, la intensidad con la que este desea regresar junto a Sosuke logra lo extraordinario: que le crezcan unas manos y unos pies para adaptarse a la vida fuera del agua. Ponyo escapa nuevamente de su hogar y reaparece frente a Sosuke y Lisa con el aspecto de una niña pequeña. Los dos niños se hacen grandes amigos y viven extraordinarias aventuras, mientras Fujimoto, presionado por la poderosa madre de Ponyo, intenta afanosamente recuperar a la pequeña antes de que su relación con un humano provoque una catástrofe.
Ponyo en el acantiladoPonyo en el acantilado
critica
No soy un experto en la obra de Hayao Miyazaki, del que a fecha de hoy solo he visto las notables “La Princesa Mononoke” y “El Castillo Ambulante”, y la extraordinaria “El Viaje de Chihiro”, además de la película que nos ocupa, pero me parece indiscutible que el director japonés tiene una gran imaginación y una sensibilidad especial para captar las vibraciones del mundo infantil, ciertamente distanciada de la propia de las películas de Disney (que en los últimos años de trabajo con animación tradicional daban muestras de agotamiento creativo) y de los genios de Pixar.
Ponyo en el acantiladoPonyo en el acantilado
Hay que reconocer que tanto el cine de imagen “real” como el anime japonés requieren de una cierta apertura mental por parte del espectador: es una cinematografía que parte de una cultura sustancialmente distinta a la occidental, en ocasiones opuesta, pero en lo más esencial planteando conflictos reconocibles universalmente: Japón cuenta con representantes en el cine tan ilustres y memorables como Mikio Naruse, Akira Kurosawa, Kenji Mizoguchi o Yasujiro Ozu.

Las aventuras de Ponyo y Sosuke tienen la misma función iniciática que las de Chihiro, por ejemplo, y la inspiración de Miyazaki en esta ocasión tiene  un carácter reivindicativo de la naturaleza tan transparente como el que enarbolaba “La Princesa Mononoke”, pero quizá sin la misma gravedad dramática y estética que destilaban las películas citadas, ausentes en esta ocasión el barroquismo visual y los excesos formales (sin considerar tales características, claro está, como algo negativo).
Ponyo en el acantiladoPonyo en el acantilado
“Ponyo en el acantilado” es más suave y sencilla que las otras películas de Miyazaki que he visto, aunque el director despliega el mismo talento narrativo que impide la existencia de tiempos muertos en una historia que se requiere viva (por algo los protagonistas son niños, y como todos sabemos, a esas edades, las ganas de conocer son infinitas, casi tanto como la propia imaginación del director japonés), pero que contiene una carga surreal y imaginativa similar a las otras películas citadas. Empezando por Ponyo, un “pez” muy extraño que es adoptado por un niño humano y que logra transformarse en una niña para poder tener amistad con su nuevo amigo, o Fujimoto, un humano volcado a la lucha ecologista y enemigo de los hombres, que consiguió adaptarse a la vida en las profundidades del mar, y que para moverse fuera del líquido elemento lleva consigo unos aspersores de agua para humedecerse continuamente.
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La película contiene logrados momentos surrealistas: Sosuke dándole en primer lugar un pedazo de pan a Ponyo, que esta rechaza, para acto seguido ofrecerle un trozo de jamón, que el extraño ser devora con fruición: Ponyo, una vez transformada en niña, se volverá loca cada vez que el jamón haga acto de presencia en la película. O la secuencia en la que Ponyo, devuelta a la fuerza  por Fujimoto  a su hogar en las profundidades marinas, empieza a desarrollar, a fuerza de deseo mental, unas extremidades para parecerse a los humanos, mientras el extraño hombre se esfuerza, primero con el uso de la fuerza física, y luego con el empleo de pócimas, en reducir a Ponyo a su estatus físico natural. Las secuencias con las viejecitas del centro para la tercera edad donde trabaja Lisa, la madre de Sosuke, y los deseos de estas de volver a poseer la agilidad física de una jovencita propician otros cómicos momentos del film.
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La película de Miyazaki puede ser infantil, pero de ningún modo infantiloide, algo que no logra con el mismo acierto “Monstruos contra alienígenas”, uno de los recientes estrenos de cine de animación, una película demasiado preocupada por epatar al espectador con los efectos tridimensionales, pero con una línea argumental excesivamente simplona y tontorrona.

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Ponyo en el acantilado

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