Rubber (2010)

argumento

En el desierto de California, una audiencia de incrédulos asiste al espectáculo que ofrece Robert, un neumático con poderes psíquicos. Pero éste neumático, que se siente misteriosamente atraído por una bella mujer, descubre una pila de neumáticos abrasados y decide vengar a los suyos…

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critica

No falla: producción que llega de Francia, producción a tener a cuenta. En esta ocasión no por tratarse de una genialidad para la prosperidad, sino por ser la película más absurda de la que el séptimo arte haya podido presumir nunca. Y es que Rubber, la exitosa ópera prima de Quentin Dupieux (director que en la última edición del Festival Fantástico de Sitges se hizo con el Premio de la crítica al Director revelación), es el producto más extravagante y curiosa que jamás se haya visto.

No es sólo (que ya tendría peso) porque la cinta está protagonizada por un neumático con vida propio llamado Robert, es la totalidad de ella, en su conjunto, lo que convierte este metraje en una película de culto al instante, dosificando elaboradas escenas de sangre (muy cercanas al gore) y momentos desternillantes

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El sheriff de un condado situado en el desierto de California (papel que recae sobre el incombustible Stephen Spinella), tras salir del maletero de un coche que anteriormente ha derribado una a una las sillas de la carretera que se encontraba a su paso (este es el insólito comienzo de la historia, sí), ya nos advierte de lo que estamos a punto de presenciar. Realmente se dirige a un numeroso grupo de espectadores que, en vivo y a través de unos prismáticos de largo alcance, seguirán las aventuras de Robert (personas que contemplarán incesantemente la historia, bajo la batuta del simpático y maniático empleado seleccionado para el proyecto, un Jack Plotnick soberbio). Éste, tras aplastar una botella de plástico y un escorpión, descubre que tiene poderes psíquicos; el hecho tiene lugar cuando consigue hacer explotar mentalmente (el neumático tiene mente, en efecto…) una botella de vidrio. Posteriormente hará lo propio con una lata de conservas, un conejo y un cuervo, hasta llegar a una gasolinera. En ella comprobará cómo sus poderes tienen efectos también con humanos (al reventar la cabeza a un pobre hombre que esta repostando en el lugar).
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Más tarde contemplará cómo familiares suyos (otros neumáticos) son carbonizados por unos “crueles” individuos, y toma la decisión de vengarse. En su trayecto se topará con una chica (Roxane Mesquida) por la que siente una inevitable atracción. La sigue hasta un motel de carretera, en el que volverá a actuar; será entonces, cuando la patrulla de agentes se dé cuenta que la historia es real, que un nuevo asesinos anda suelto por el desierto (Stephen Spinella protagoniza la mejor escena de la película, recibiendo tres disparos para comprobar que todo sigue siendo irreal).

La sucesión de hechos insólitos e inexplicables seguirá teniendo lugar, mientras los espectadores (tanto los de dentro como los de fuera de la pantalla) presencian la evolución de Robert, que al principio era todo curiosidad y al final termina siendo un psicópata en toda regla, valiéndose de su talento innato para acabar con todo el que se encuentre en su camino (Wings Hauser, que interpreta a un hombre en sillas de ruedas, será el último en comprobar la ira de Robert, siendo su muerte la más espectacular de la cinta).

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Si el argumento comentado os parece raro, más lo es Rubber, una película difícilmente comprensible con la que solamente hay que pretender pasarlo bien, disfrutar de grandes diálogos y pasar por alto las innumerables incoherencias y absurdeces que se nos presentan a lo largo de los poco más de ochenta minutos que dura, que son sumamente entretenidos, divertidos e incluso (por momentos) inolvidables. Además, las actuaciones de personajes secundarios como David Bowe y Reni Thorne (padre e hijo que tienen unas fugaces vivencias con el famoso y peligroso neumático) dotan de más calidad si cabe al filme, que presenta una estética envidiable y unos efectos especiales de lujo.
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Robert transmite más emociones que muchos actores, es el psicópata más alejado del estereotipo clásico y además, por si fuera poco, se da buenos chapuzones y contempla bellos cuerpos durante la cinta, ¿qué más se puede pedir? ¿Unas actuaciones correctas? Pues así es, porque en Rubber cada actor borda su papel, son todos totalmente creíbles en todo momento y consiguen interpretar unos personajes tan bizarros como singulares, respaldados por las sintonías más acordes para la ocasión (obra del propio Quentin Dupieux en colaboración con Sébastien Akchoté y Gaspard Augé). El resultado de todo esto es una película redonda (y de hecho así lo ha entendido la gente otorgándola en el último Festival Fantástico de Sitges consiguió el premio Méliés d’Argent a la Mejor Película Europea y el premio Carnet Jove a la Mejor Película) que, sin llegar a estar a la altura de grandes clásicos del género (porque tampoco es eso lo que pretende), es un producto totalmente recomendable, presentándonos a un protagonista singular e incluso entrañable, que probablemente tenga continuidad en futuras entregas (o al menos eso se deduce del final, cuando vemos cómo Robert ya tiene su propio ejército de venganza…); así que habrá que tener cuidado cuando vayamos a cambiarnos los neumáticos del coche, no vaya a ser que seamos sus próximas víctimas.
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