Scanners (1981)

argumento
Cameron Vale, un tipo de aspecto desastrado, ataca telepáticamente a una mujer en un centro comercial. Por otro lado, un tipo llamado Darryl Revok hace estallar la cabeza de su interlocutor durante una demostración de “scanners” (gente con poderes telepáticos). Cameron es detenido por los hombres del Dr. Paul Ruth, que tiene la intención de enseñarle a controlar sus poderes con el fin de poder enfrentarse al peligro que representa Darryl Revok como líder de una extraña organización.
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critica
La cuarta película de importancia en la filmografía de Cronenberg es también una de las que peor han resistido el paso del tiempo. Tras la interesante “Cromosoma 3” (The Brood, 1979), película que indica una evolución en la calidad de las películas del director canadiense, éste afrontó otro proyecto con guión propio y una clara adscripción a sus temas habituales, que supuso una cierta decepción cualitativa al mismo tiempo que un pequeño éxito comercial.
El principal problema de “Scanners” reside en que sus imágenes reflejan una tendencia excesivamente comercial que repercute claramente en los resultados finales del film. Cronenberg necesita apoyarse en relatos más pausados y atmosféricos, que vayan revelándose progresivamente más inquietantes, y en este caso, siendo el punto de partida lo suficientemente atractivo, el desarrollo no está a la altura.
Una vez establecidas las dos primeras secuencias de “choque”, que presentan a los dos personajes centrales del film, Cameron Vale (Stephen Lack) y Darryl Revok (Michael Ironside), la película se diluye progresivamente en secuencias no muy bien planteadas y resueltas sin el brillo de otras películas de Cronenberg.

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Con respecto a esas dos secuencias mencionadas, la primera, que presenta a Cameron Vale vagando por un centro comercial con un aspecto un tanto pintoresco, y que finaliza con el violento contacto telepático que establece el personaje con una mujer que está criticando, precisamente, ese “look”; y la segunda, en la que Darryl Revok hará estallar el cráneo de un hombre en una sesión demostrativa sobre los “scanners” (gente con poderes telepáticos con cierta presencia entre la población en la ficción que plantea la película), presentan una idea de color que las relaciona íntimamente: el color rojo se apodera de los espacios en los que actúan los dos “scanners”: tanto en los planos del centro comercial que siguen a la brutal acción de Cameron en la que éste es perseguido por un par de tipos que le disparan; como en el lugar en el que Darryl provoca un “descabezamiento”. El rojo es el color de respaldos de sillas, alfombras y de otros elementos de los decorados, contribuyendo a la violencia que generan ambos momentos; también hay que decir que el aspecto visual global de la película es excesivamente deudor de la estética de cierto cine comercial de los años 80.

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En otra secuencia, Cronenberg muestra la casa de un peculiar personaje del film, Benjamin Pierce (Robert A. Silverman), un scanner que ha logrado canalizar la angustia que le provocan sus voces interiores creando esculturas con formas un tanto desgarradas y deformes, a tono con su sentimiento interior, y ese espacio, con sus elementos y objetos definidores se convierte en una de las buenas ideas visuales de la película.
Las tres secuencia comentadas, junto al final del film, en el que Cameron Vale destruye la mente del “scanner” que rivaliza con él en poder, su propio (como el personaje averiguará mucho antes en el film) hermano Darryl Revok, y pasa a ocupar con su propia mente ese vacío, al mismo tiempo que el cuerpo de Darryl, me parecen lo más destacable de la película en cuestiones de desarrollo argumental y trabajo visual.

La banda sonora, aunque tiende a una (lógica en la época del film) experimentación con los sonidos electrónicos, y Cronenberg intenta adecuarla a la propia ambientación de ciencia-ficción de la película, resulta verdaderamente mediocre y perfectamente olvidable.

Por otro lado, el uso del sonido sí que revela una labor más apropiada y audaz que favorece algunos momentos de la película; ej.: el estallido de la cabeza en la segunda secuencia de la película va acompañado de un sonido ascendente que recuerda al que haría una olla a presión.
En algunos momentos de la película Cronenberg emplea un caos sonoro de voces entrelazadas de diferentes personas que intentan sugerir al espectador en que consiste el funcionamiento de la mente de un “scanner”. Es de rigor decir que, en todo caso, el realizador se excede en algunos momentos en el uso de los sonidos, y cuando estos coinciden con la música compuesta para el film, la atmósfera sonora acaba resultando verdaderamente cansina para el oído del espectador.
Las interesantes ideas apuntadas no logran que el film esté completamente logrado, siendo una de las películas más fáciles y superficiales de todo el cine de Cronenberg.

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La secuencia en la que el Dr. Paul Ruth presenta a su círculo el hallazgo que supone para ellos Cameron Vale, cuyo poder les puede ayudar a destruir al peligroso enemigo encarnado en Darryl Revok, adolece de un poco apropiado montaje alternado de planos encaminados a expresar visualmente el nerviosismo de Cameron, que está atado en una camilla frente a su público: planos de corta duración con las nerviosas reacciones de Cameron se alternan con un travelling lateral, fragmentado en varios insertos, que recorre a los asistentes a ese espectáculo. El montaje se revela ineficaz en su conjunto y muy mecánico, además de convertir una situación de nerviosismo y miedo claramente personificada en un solo personaje en una cuestión formal muy artificial. El montaje debería estar completamente centrado en Cameron y lograr una expresión visual a través de él, en lugar de recurrir a un movimiento de cámara absolutamente ajeno a él o a su punto de vista.

Las cansinas persecuciones, tiroteos o asaltos a viviendas que tienen lugar en el film no logran hacernos añorar en la actualidad a un Cronenberg asentado en el cine de acción y pirotecnia convencional; una parcela que en los años 80 manejaban con más habilidad directores como Paul Verhoeven, John McTiernan o Walter Hill.
El propio Cronenberg parece claramente consciente de qué situaciones le son más cercanas, como ha demostrado en las mucho mejor filmadas secuencias violentas de sus dos películas más recientes, “Una Historia de Violencia” y “Promesas del Este”.

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