Solomon Kane (2009)

argumento

En el S. XVII Solomon Kane es un guerrero sanguinario que ha cometido brutales atrocidades allí por donde ha pasado. En un encuentro con la muerte, a la que consigue burlar, comprende que está condenado al infierno por sus fechorías, Decide, entonces, convertirse y llevar una vida de paz y bondad. Pronto una amenaza oscura le obligará a volver a coger las armas, pero esta vez para combatir el mal en todas sus formas.

Adaptación al cine de las aventuras de Solomon Kane un aventurero puritano del siglo XVI creado por el gran Robert E. Howard. La película está dirigida por Michael J. Basset (‘Deathwatch’) y protagonizada por James Purefoy (Marco Antonio en ‘Roma’)

Solomon Kane

critica

Robert E. Howard tan sólo llegó a escribir 8 relatos protagonizados por Solomon Kane. El interesante conjunto de historias (reunidas recientemente en castellano por la editorial Valdemar, con el título “Las extrañas aventuras de Solomon Kane”) no ha conseguido, con el paso de los años, atraer la atención de los lectores con la misma intensidad que las protagonizadas por el mítico Conan, el personaje más popular del escritor, cuyas aventuras han dado pie a multitud de comics, películas y demás, pero lo cierto es que las breves y dinámicas correrías de Solomon Kane atesoran los suficientes elementos atractivos como para dar pie a una buena película de aventuras. Michael J. Bassett, director de “Deathwatch, 2002”, una mediocre película de terror, ha sido el encargado de escribir y dirigir la primera aventura cinematográfica (a menos que me equivoque) protagonizada por el puritano y violento personaje creado por Howard.

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Los primeros 30-40 minutos de “Solomon Kane” demuestran que Bassett tiene un cierto talento para el cine de aventuras y la creación de atmósferas visuales persuasivas. Durante esa primera parte del film el joven director opta por un tempo y un desarrollo narrativo apropiado para generar expectativas en torno al personaje y su curioso devenir. La planificación y el montaje de Bassett son bastante “clásicos” (empleo este término en oposición al atropellamiento narrativo del que hacen gala tantas películas actuales, de las que “Solomon Kane”, por suerte, se distancia) aunque no puede decirse que el director logre ideas visuales verdaderamente brillantes (para entendernos: “El guerrero número 13”, de John McTiernan, está impregnada de hálito aventurero gracias al ímpetu narrativo que demuestra el realizador de “Depredador” con la planificación, el montaje y los movimientos de cámara: el conjunto de esos elementos permite que la emoción se adueñe del espectáculo).

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En “Solomon Kane”, cuando el misterioso personaje enmascarado que está apoderándose de la voluntad de hombres violentos y débiles mentales para confeccionar un ejército del mal topa con los tres malhechores, que secuencias antes han apaleado al propio (y en tránsito espiritual hacia la paz) Solomon Kane, el citado enmascarado sujeta por la cabeza con ambas manos a uno de los hombres provocándole con ese gesto una transformación física y psicológica hacia la pura maldad: Bassett empieza filmando la acción con un plano que muestra al hombre postrado de rodillas en el lado izquierdo del encuadre y al señor del mal, de pie ante aquel, en el lado derecho; un breve movimiento de cámara parte del encuadre citado y se desplaza, por detrás del diabólico ser, hacia la derecha de la pantalla, hasta invertir la posición de los personajes en el encuadre, es decir, el “siervo” ocupa ahora el lado derecho y su “amo” el lado izquierdo: un sencillo movimiento de cámara y un cambio de la posición de los personajes en el encuadre le bastan al director para sugerir la transformación que ha tenido lugar en el malhechor. Se trata de una idea sencilla, pero expresiva y cinematográfica, que aúna narratividad y expresividad artística, pero la labor de Bassett carecerá, a lo largo del film, de suficientes ideas similares para lograr que “Solomon Kane” se erija en una película realmente a tener en cuenta.

Solomon KaneSolomon Kane

La secuencia inicial del film es, en conjunto, de las más logradas y atractivas, tanto por su ritmo vertiginoso (los hombres que acompañan a Kane, en su tétrica incursión en el interior de un castillo maldito, desaparecen con extraordinaria celeridad, víctimas de unos extraños seres de aspecto algo Lovecraftiano) como por su capacidad atmosférica y sugerente. En el carácter episódico de esa secuencia inicial se hubiera podido encontrar, a mi entender, el camino más apropiado para el film de Bassett, pero el director opta por crear una aburrida historia de tintes familiares que extiende sus tentáculos por todo el film y que persigue atar cabos narrativos en todo momento, algo que esta fuera de juego en relación a los relatos de “Solomon Kane”, mucho más predispuestos a partir de una situación determinada para, a partir de la misma, edificar todo un entramado de personajes, acciones, objetos, descripción de atmósferas, etc. que atrapen al lector de forma primaría, impulsiva, adictiva.
Por otro lado, Michael J. Bassett se apropia del carácter y palabras de las que hacía gala el personaje literario de Howard y los traslada tal cuál a la pantalla, impidiendo que emerja en ningún momento una pizca de humor y ironía que logren ahuyentar la excesiva seriedad y vehemencia narrativas hacia las que tiende la película en todo momento.

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La forma de expresarse que tiene Solomon Kane, literaria y algo afectada, resulta un revulsivo para el espectador en la traslación cinematográfica de sus correrías, resultando ese aspecto del film tan endeble como la traslación literal de los pensamientos del personaje de Rorschach (escritos por Alan Moore y excelentes en su versión comic) lo eran en “Watchmen, 2009”, de Zack Snyder. El personaje surgido de la mente del escritor norteamericano, un auténtico hijo de perra asesino, busca en el film una redención personal que se antoja una curiosa forma de justificar sus acciones y, al mismo tiempo, ganarse la simpatía de los espectadores. John Millius, director de la primera entrega cinematográfica de Conan, entendió mucho mejor el verdadero sustrato del personaje: la barbarie y la muerte eran las verdaderas razones que justificaban la existencia del personaje: Arnold Schwarzenegger resultaba perfecto para tal tarea, desprovisto por completo como actor de complejidades y sutilidades psicológicas que humanizaran al personaje. James Purefoy, que duda cabe, es mejor actor que el astro austríaco, y gracias a su presencia el personaje se reviste de ropajes más humanos y logra ganarse las simpatías del espectador.

Al principio de la crítica he comentado el interés que tiene, aproximadamente, la mitad del film, que en su segunda mitad acumula la presencia de combates y momentos espectaculares en un estilo más convencional, además de insistir con la pesada y nada atractiva historia de vínculos familiares entre el jinete enmascarado, Solomon Kane y su padre.

“Solomon Kane” es una película de aventuras medianamente atractiva pero irregular y descompensada, que queda lejos de los resultados alcanzados por los films de aventuras más sólidos de los últimos años: “El guerrero número 13”, “Master and commander”, y la primera entrega de El Señor de los Anillos, “La Comunidad del anillo”.

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