Eva, una mujer satisfecha consigo misma, es autora y editora de guías de viaje. Casada desde hace años con Franklin, un fotógrafo que trabaja en publicidad, decide, con casi cuarenta años y tras muchas dudas, tener un hijo. Así nacerá Kevin. Pero, ya desde el principio, empiezan a surgir dificultades…

 

La inocencia sirve para calificar a personas libres de culpa, maldad o fechoría. Algo que se le presupone a cualquier niño al nacer y que más tarde los factores externos son los que van moldeándole psicológicamente, pero ¿y si lejos de infancias complicadas, falta de cariño o cualquier otra circunstancia que con el paso de los años puedan acabar aflorando en forma de personalidades conflictivas o desequilibrios mentales, existiera el mal innato…?

¿Cómo convivir con ello cuando es sangre de tu sangre?, ¿Acaso por ese lazo genético, estamos  obligados a dar un amor incondicional?  ¿La maldad nace o se hace? Son algunas de las preguntas que nos plantea  la directora Escocesa Lynne Ramsay en “Tenemos que hablar de Kevin”. 

Adaptación cinematográfica de la novela homónima del escritor Lionel Shriver. “Eva es una mujer satisfecha consigo misma, es autora y editora de guías de viaje. Casada desde hace años con Franklin, un fotógrafo que trabaja en publicidad, decide, con casi 40 años y tras muchas dudas, tener un hijo. Así nacerá Kevin, sin embargo no resultara ser el dulce niño que Eva esperaba…”

Con una puesta en escena notable, en la que las tonalidades rojas se erigen en protagonistas, Ramsay  hace al espectador participe del particular Via Crucis que ha de soportar Eva, magistralmente interpretada por Tilda Swinton. El personaje interpretado por la actriz se ve desde el primer momento desbordado por el rol maternal que le toca desempeñar, incapaz de lograr corregir a su hijo a pesar de dejarse la piel en ello, abrumada por el hecho de que solamente ella en la familia es capaz de percibir que algo en la mente de su hijo no está bien, una incomprensión que la llevara a una absoluta desesperación y a ser señalada por la sociedad como culpable.

 

Ramsay realiza un trabajo espectacular convirtiendo lo que a priori puede parecer un drama familiar en un convincente thriller con tintes de terror, en el que a través de la relación entre madre e hijo trata de indagar en los orígenes de la sociópata y sus posibles consecuencias. El personaje de Kevin esta magníficamente interpretado por el andrógino  de Ezra Miller que dota a su papel de una belleza y fuerza aterradoras. El reparto lo completa el estupendo actor John C Reilly en el papel de padre ajeno a la realidad.

Merece una mención especial la genial banda sonora que corre a cargo de  Jonny Greewood capaz de crear un clímax asfixiante para el espectador. En definitiva Ramsay logra con pulso firme un filme perturbador y que hará despertar a nuestras aburguesadas conciencias.

  

Lo mejor: El reparto, la atmósfera y la banda sonora.

Lo peor: Un ritmo lento en su inicio que puede hacer desconectar a los más impacientes.

 

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