Terminator 2: El día del juicio final (1991)

argumento
Años después de su primer encuentro con el T-800, Sarah Connor permanece encerrada en una institución psiquiátrica. John Connor, el hijo que Sarah concibió con Kyle Reese, ya es casi un adolescente. Su futuro como líder de la rebelión contra las máquinas ocasiona que un nuevo terminator, el T-1000, sea enviado desde el futuro con la misión de eliminarlo, pero al mismo tiempo tiene lugar el regreso de un T-800, que debe evitar a toda costa la perdida de la vida del pequeño. Sarah consigue huir de su encarcelamiento como consecuencia del terrible combate entre los dos seres que tiene lugar en el interior de las dependencias de la institución psiquiátrica. Ahora Sarah, John y el T-800 deberán huir sin descanso del acecho del T-1000, un enemigo hecho de metal líquido.
Terminator 2Terminator 2
critica
La secuela (o remake, como se prefiera) del primer Terminator dio como resultado un ágil y dinámico film de acción, alejado de la oscura y terrorífica atmósfera que impregnaba las imágenes de la primera película, y a cambio revestido de una intensa aureola de ciencia-ficción high-tech.
En mi opinión, uno de los mayores aciertos de “Terminator 2” reside en la inquietante presencia que aporta el T-1000 (excelentemente encarnado por el actor de gélidos rasgos Robert Patrick), villano absolutamente innovador en 1991 y que casi 20 años después del estreno de la película pocos films posteriores han sabido (o podido) igualar.
El T-1000, una “máquina” fabricada con metal líquido, interactúa con todo tipo de máquinas: enormes camiones, helicópteros, motocicletas, etc. logrando con ello James Cameron que la presencia abusiva de tecnología en torno al hombre resulte inquietante. Por supuesto, esta sensación resulta bastante paradójica viniendo de un director absolutamente fascinado con la tecnología y su uso aplicado al cine, pero en todo caso dota a la película de una indudable coherencia en el uso de vehículos o espacios tecnológicos, no recurriendo de forma injustificada a las persecuciones espectaculares: en “Terminator 2” se asiste a un enfrentamiento de proporciones mitológicas, el T-800 y el T-1000 son dos dioses de metal ofreciendo su desconcertante y destructivo combate a los ojos de seres humanos de carne y hueso, es decir, es una pelea al margen de lo humano.
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Sarah Connor llega a la conclusión (una vez ha sido debidamente informada por el T-800 acerca de quién es el creador de la tecnología que resultará fatídica para el ser humano en cuestión de años), de que hay que destruir toda la parafernalia creada por un tal Miles Dyson (Joe Morton), pero para ello Sarah y sus compañeros necesitarán recurrir a todo un arsenal de armamento “antiguo”, pero tan destructivo como cualquier otro armamento…
Este factor, unido a la intención de Cameron de intentar humanizar al T-800, resultan lo más desconcertante de la función, aunque las frases que memoriza y repite el cyborg caracterizado por Schwarzenegger se han convertido en lo más famoso de la película: “Sayonara, baby”, “volveré”, etc.
Dejando de lado estos detalles (que básicamente están condicionados por la presencia del astro austriaco: antes era un desconocido, por lo tanto podía ofrecer una imagen oscura y perversa de su personaje; ahora, toda una estrella del cine, debe ganarse al espectador de forma incondicional; es un cyborg, pero debe llegar a empatizar mínimamente con los humanos, y de este modo resultar más simpático para los espectadores), es indudable que “Terminator 2” es un buen espectáculo visual, filmado con mayor habilidad y talento que la mayor parte de películas de acción de los últimos años, y con cierta originalidad en la creación de situaciones.
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La ocurrencia de Cameron de situar la reaparición de los terminator en la vida de Sarah Connor nada menos que en el interior de una institución psiquiátrica lleva aparejada un cierto humor perverso.
La capacidad del T-1000 para imitar las voces o las formas de otros seres humanos, además de poder camuflarse con los espacios, resultan imaginativos, sin duda, y además añaden tensión a las persecuciones protagonizadas por el ser de metal líquido. El propio T-1000 es el personaje que tiene a cargo las situaciones más explícitamente violentas de toda la película: la eliminación de los padrastros de John Connor, de un vigilante que trabaja en la institución psiquiátrica en la que está internada Sarah, o del piloto de un helicóptero; en cambio, taquillas mandan, el T-800 dispara sólo a zonas no vitales del ser humano (su precisión matemática en el disparo se justifica por su naturaleza cibernética).
La espectacular y contundente secuencia del asalto al complejo Cyberdine Systems, dónde decenas de policías se enfrentan a Sarah y el T-800, deja de lado la violencia sangrienta que el momento en buena lógica demandaría por que John ha pedido al cyborg que no mate a nadie: el T-800 disparara metódicamente a las rodillas de los agentes (¡¡¡!!!).
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La película regala algunas de las imágenes más llamativas del cine de Cameron: el T-1000 emergiendo, por detrás de un agente de policía, de un suelo ajedrezado con el que su organismo está fusionado, para progresivamente ir transformándose en una copia exacta del agente de la ley. Acabada la transformación, el agente contempla estupefacto a su propio doble, que señala a su frente con un dedo que se convierte en un mortal punzón que le atraviesa la cabeza penetrándole por un ojo.
El propio T-1000 emergiendo infernal, como una pura forma metálica, para sorpresa de sus enemigos, del fuego surgido al colisionar el gigantesco camión que momentos antes estaba conduciendo; o ya cercano el clímax del film, demostrando la capacidad que tiene su metabolismo para adaptarse a temperaturas extremadamente altas o bajas, y pasando su materia de metal líquido por estados muy líquidos o de solidificación máxima, son algunos de los memorables momentos de “Terminator 2”.
Con sus defectos, Cameron finaliza la película coherentemente y cerrando (en lo que a él respecta) la posibilidad de otra entrega, que finalmente tuvo lugar unos años más tarde: “Terminator 3: Rise of the machines”, una más bien floja continuación dirigida con cierta sobriedad por Jonathan Mostow, el impersonal director de correctas y muy funcionales películas como “Breakdown” o ”U-571”.

Terminator 2

trailer

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