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argumento

John Connor es el hombre destinado a liderar la resistencia humana frente a Skynet y a su ejército de Terminators. Pero el futuro para el que Connor ha sido preparado y en el que cree, es alterado en parte por la aparición de Marcus Wright , un extraño que tiene como último recuerdo el haber estado en el corredor de la muerte. Connor tiene que decidir si Marcus ha sido enviado desde el futuro o rescatado del pasado. Al mismo tiempo que Skynet prepara su ataque final, Connor y Marcus se embarcan en una odisea que los lleva al centro de operaciones de Skynet, donde descubren el terrible secreto que se esconde detrás de la posible aniquilación de la raza humana.

Terminator SalvationTerminator Salvation

critica

McG declaraba en una entrevista reciente que “Terminator Salvation” es “ciencia-ficción de la buena”, y mencionaba como algunos de los principales referentes para su film la película “Blade Runner”, de Ridley Scott, y el libro “Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas”, de Philip K. Dick. Para un aficionado a la ciencia-ficción “de la buena”, los referentes mencionados son, evidentemente, clavesen la evolución del género, del mismo modo que la nueva entrega de la saga Terminator toma el relevo de todo un hito cinematográfico de los años 80.

Francamente, las intenciones son buenas, pero los resultados no están a la altura deseada.

Terminator SalvationTerminator Salvation

Uno de los defectos principales de la película es que intenta (débilmente) que el espíritu de cómic que fundamentalmente impulsaba las tres anteriores entregas de la saga conviva con un cine de ciencia-ficción más adulto, con un tratamiento (si se quiere) más trascendental.

Ese aspecto más serio, más pretencioso (sin que la palabra en sí misma tenga connotaciones peyorativas) encuentra su plasmación visual en la primera secuencia del film, la que muestra a Marcus Wright (encarnado por la estrella en alza Sam Worthington) encerrado en una celda, y manteniendo una conversación con la Dra. Serena Kogan (Helena Bonhan Carter), en la que el primero acepta participar en la investigación que le propone la mujer, para la que será necesario experimentar con su cuerpo. La secuencia, con un tempo lento, y una planificación y iluminación que puede recordar en cierto modo a algunos momentos de “Blade Runner”, finaliza con un beso entre los dos seres humanos, como modo de cerrar un trato, pero también por que Marcus quiere constatar con ello “ a que sabe la muerte”, puesto que la mujer tiene un cáncer terminal.

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Evidentemente, el descrito es un modo como cualquier otro de plantear problemas existenciales en una película: la secuencia establece temas como el miedo a la muerte, la necesidad del ser humano de esquivar ese estado físico final del cuerpo humano, etc. Pero los guionistas y McG adoptan este tipo de situaciones como una pose en lugar de cómo una finalidad dramática: pronto la trascendencia pasa a mejor vida y el fuego, la furia, y la acción sin fin se adueñan del espectáculo, con lo que el espectador se queda sin un digno sustituto de “Blade Runner”, en una medida similar en que no hace acto de presencia el esperado buen relevo de las películas de Cameron: ni como película de acción pura y dura funciona (McG no llega a la suela de los zapatos como realizador de acción a ninguno de los directores de los años 80 que mejor funcionaron en este sentido, caso de James Cameron, John McTiernan, Walter Hill o Paul Verhoeven) ni como película de ciencia-ficción adulta.

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Es cierto que McG filma, en esta ocasión, mejor que en las tontísimas dos entregas de “Los Angeles de Charlie”. Algún plano demuestra que hay un cerebro detrás de toda la operación comercial; Ej: McG filma una larga acción en un único plano, el que muestra a John Connor (Christian Bale) subiéndose a un helicóptero que alza el vuelo para, breves instantes más tarde, verse contundentemente abatido al suelo. Un plano que, aunque excesivamente artificial en su plasmación visual (nos encontramos ante una película que pocos decorados de estudio emplea, en beneficio de los diseños por ordenador) por lo menos sumergeal espectador en la experiencia bélica que intenta transmitir McG: el tono grisáceo y terroso de la fotografía está a tono con un sinfín de films de los últimos años; los planos contrapicados de helicópteros descendiendo sobre el apocalíptico campo de batalla y el plano que muestra una zona de combate arrasada por un fuego similar al que genera el napalm son evocaciones directas (y conscientes) de la iconografía visual del “Apocalypse Now” de Francis Ford Coppola.

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Por lo tanto, es evidente que uno de los principales objetivos del director es generar una sensación de peligro y muerte constante en el peor de los campos de batalla imaginables: en esta ocasión la estética de “Terminator” es más tétrica y siniestra que nunca, algunos de los modelos de Terminator previos a la llegada del modelo T-800 muestran unos rasgos más afeados y primitivos que en las anteriores entregas, no hay ninguna belleza en un paisaje desértico fusionado con restos de metal, óxido y maquinaria que es omnipresente en la película.

Pero conjuntamente con un lamentable guión (fino como el filo de una hoja), otro lastre insalvable hace acto de presencia: el espectador no logra empatizar con ninguno de los personajes, frecuentemente endebles desde el propio guión, pero además caracterizadoscon apatía por los actores que los encarnan, siendo el más interesante de ellos Marcus Wright, un cyborg que cree ser un humano; algunas decisiones de guión resultan sonrojantes; Ej: Kyle Resse (Antón Yelchin) huyendo de una máquina que los persigue a él y a Marcus, en un coche que el primero no sabe conducir, puesto que nunca ha tocado un vehículo, con una habilidad que muchos querrían tener en su primer contacto con uno estos aparatos; unas muy flojas secuencias entre Marcus y Blair Williams (Moon Bloodgood) que pretenden desarrollar una historia de amor imposible con muy poca gracia y algunas líneas de diálogo de chiste.

De hecho, lo más chocante es que la secuencia más cercana en sus ambiciones dramáticas a las que tenían presencia constante en “Blade Runner” es la primera secuencia de “Terminator: Salvation”, como ya hemos dicho al principio de esta crítica; en las dos horas restantes ni rastro de ese espíritu.

La aparición de un Arnold Schwarzenegger de “postal digital” es otro de los lamentables momentos de la película, comparable a la risible aparición de Charles Xavier (Patrick Stewart) en la reciente “Wolverine”.

Terminator, rest in peace.

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trailer

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