Durante más de dos siglos, en el sur de Nueva Jersey, concretamente en la zona de Pine Barrens, hoy en día una zona protegida por la Reserva Nacional de Pinares de Nueva Jersey, han tenido lugar una serie de avistamientos y encuentros con una criatura mitad hombre y mitad dragón, apodada como el Demonio de Jersey.

El origen de la leyenda se remonta al folclore de los nativos americanos, quienes llamaban a la zona de Pine Barrens “Popuessing”, lo cual significa “Tierra de dragones”. Pero la más popular habla de una bruja, la madre Deborah Leeds, madre de 12 hijos. En 1735, cuando daba a luz al decimotercer retoño, supuestamente hijo del mismísimo Diablo, se transformó en una criatura con cabeza de caballo, alas de murciélago, cola bifurcada y pezuñas. Atacó a la matrona que le ayudó a nacer y escapó volando por la chimenea hasta esconderse en los bosques. El ministro local intentó realizar un exorcismo. Pero la criatura fue vista en varias ocasiones desde entonces, por lo que el ritual no sirvió de nada.

La leyenda pasó a convertirse en un icono de la cultura popular del estado, llegando a bautizar con el nombre, por ejemplo, a equipos de Hockey como los Jesrsey Devils de la liga Este, o incluso la guardia nacional situados en Pine Barrens, quienes usan el mismo apodo.

Y en el cine hemos podido ver a la legendaria criatura en películas como “La última transmisión” (The Last Broadcast, de Stefan Avalos & Lance Weiler, 1998), “Carny” (Carny, de Sheldon Willson, 2009), “El hijo nº 13” (13th Child, de Steven Stockage y Thomas Ashley, 2002) así como en varias series como “Expediente X” o “Sobrenatural”.

Quien se adentra ahora en la leyenda es Darren Lynn Bousman, autor de algunas de las secuelas de la saga “Saw” (Saw, James Wan, 2004), de un infame remake del clásico Troma “El dia de la madre”  y de un fallido experimento musical nada recomendable titulado “Repo! The Genetic Opera” (2008).

Con este nada halagüeño curriculum vitae (no hace falta recordar “11-11-11” ¿No?), era de esperar que su visita por Pine Barrens no fuera ninguna aventura placentera. Y lamentablemente, la cinta de Bousman, a pesar de partir de un interesante planteamiento, hace aguas irremediablemente.

Richard Vineyard, decide llevar a su familia de acampada a Pine Barrens, donde esparcirá las cenizas de su padre recientemente fallecido en el rio donde solían ir a pescar. Una vez en el bosque, Richard empieza a sufrir extrañas alucinaciones. Este se da cuenta de que una herida infectada en su brazo causada por un perro, puede ser la fuente de esas alucinaciones. Pero de pronto, tendrán lugar una serie de sucesos extraños que pondrán en peligro a su familia. Aparecen cuerpos mutilados y Richard ve a una extraña criatura que les persigue.

The Barrens empieza con la típica familia con problemas que decide darse una nueva oportunidad. El punto de partida es pasar un fin de semana de acampada en un paraje idílico como los bosques de Pine Barrens. La acción y el suspense corren a cargo del personaje cabeza de familia Richard Vineyard, interpretado correctamente por Stehen Moyer, quien al encontrarse en los bosques de Jersey, revive oscuros traumas infantiles. Todos ellos relacionados con el Demonio de Jersey, el cual se le apareció en varias ocasiones cuando pescaba con su padre de niño. Todos esos viejos recuerdos, le despiertan algo maligno. Empieza a tener nuevas visiones, ve de nuevo a esa criatura persiguiéndoles, y él mismo empieza a cambiar de forma violenta y oscura. Todo ello afecta al núcleo familiar, quien a base de encontrarse por el camino algún perro y ciervo mutilado y sufrir sus repentinos cambios de humor pasados de rosca, empiezan a temer por su físico. El tratamiento de Bousman nos recuerda directamente a títulos clásicos  como “El Resplandor” de Stanley Kubrick (1980) o “Terror en Amityville” de Stuart Rosenberg (1979). La amenaza la encontramos creciendo progresivamente en el mismo marco familiar, siendo el cabeza de familia, el que supuestamente es el pilar principal de esta, no solo debilitándose (la mordedura de perro parece haberle infectado de rabia) si no que poco a poco parece ser el verdadero peligro. Pero Bousman, en lugar de conseguir un ambiente claustrofóbico y una sensación de aislamiento que acompañen a ese plantamiento, ideal en ese escenario donde transcurre la acción (para semejante historia es imprescindible), se centra más en prepararnos para la serie de giros inesperados que nos esperan al final de la película.  Y  hasta que estos no llegan, y eso que son los momentos más interesantes y amenos de la película, pasa más de una hora de película con un ritmo absolutamente soporífero.

De momento, como podéis ver, la cosa de original tiene bien poco. Y les puedo asegurar que los giros finales tampoco son nada del otro mundo y son tan predecibles como insustanciales.

En conclusión, la película intenta apartarse de lo que podría ser un survival en los bosques con una familia huyendo y luchando con un monstruo. Y para ello se centra en el rol del padre con traumas y desestructuración familiar. Pero lamentablemente se aparta demasiado. Y tampoco no le habría venido mal un poco más de esa magia que tienen el folclore y las leyendas, como bien nos demuestran las escenas donde alrededor de una hoguera  nos narran el cuento de la señora Leeds y su hijo nº 13.

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