The Yellow Sea (2010)

argumento

En la frontera entre las dos Coreas y Rusia, la mitad de la población vive de actividades ilegales. Un taxista lleva tiempo sin ver a su mujer, que se ha ido a Corea del Sur en busca de una vida mejor. La única solución pasa por aceptar un trato que le han propuesto: lo ayudarán a cruzar la frontera a cambio de que cometa un asesinato. Na Hong-jin, director de The Chaser, regresa con un thriller de acción sin tregua y discurso social, a la manera del mejor Michael Mann. Un filme oscuro y de secuencias espectaculares que actualiza el cine negro y que arrastra al espectador por los derroteros de la alta tensión.

The Yellow SeaThe Yellow Sea
critica

The Yellow Sea era una de las películas más esperadas del presente Festival de Sitges, pues su realizador, el coreano Na Hong-jin, sorprendió gratamente en el marco del mismo, varias ediciones atrás, con su debut tras las cámaras, el atractivo thriller The Chaser (Chugyeogja, 2008), relato que arrancaba prometedoramente y conseguía mantener la atención del espectador hasta aproximadamente su tercio final, en el que la aparición de ciertos excesos visuales y algún que otro giro de guión bastante inverosímil impedían a Hong-jin lograr un film redondo. Algunos de los aciertos de aquel film vuelven a estar presentes en The Yellow Sea, desde el indudable talento del realizador para describir atmósferas sucias y turbulentas hasta su predilección por el hieratismo interpretativo de gran parte de los actores que conforman el elenco, pasando por cierta habilidad para acumular planos de corta duración, que describen de forma muy breve ciertas situaciones narrativas – aportando ello cierta densidad al conjunto del relato -, y que por inercia y acumulación acaban generando tensión narrativa. Pero, en mi opinión, el nuevo film del coreano, por desgracia y pese a lo dicho hace un instante, termina por acumular más defectos que aciertos. De ambos hablaré en las siguientes líneas.

The Yellow SeaThe Yellow Sea

Lo mejor de The Yellow Sea acaece durante, aproximadamente, los primeros cuarenta minutos de proyección, tiempo durante el que el relato progresa favorablemente y acumula interés, y que Hong-jin aprovecha para describir pormenorizadamente las razones por las que Ku-Nam (Ha Jung-woo), un desgraciado taxista que vive en Yanbian – prefectura fronteriza con los territorios de Rusia, Corea del norte y China -, que está endeudado hasta las cejas porque como jugador de Mahjong es más bien patético y que ha sido recientemente abandonado por su mujer, la cual le ha dejado a su cargo a una hija pequeña a la que Ku-Nam debería cuidar pero a la que este tiene abandonada, aceptará la propuesta de un mafioso para ganar una sustanciosa cantidad de dinero – cuyo cobro permitiría al personaje zanjar de un plumazo todas sus deudas – a cambio de cometer el asesinato de un – para él – completo desconocido. Las condiciones de extrema pobreza y miseria del personaje y de los que le rodean quedan correctamente expuestas y resultan verosímiles, y su descripción se prolonga hasta la llegada de Ku-Nam a Corea – en barco y de forma clandestina -, ciudad en la que deberá encontrar y matar a su objetivo, que resultará ser nada más y nada menos que un importante mafioso fuertemente protegido por guardaespaldas. Una vez en Corea, Ku-Nam tendrá un plazo de diez días para completar el encargo, finalizado el cual deberá regresar nuevamente en barco a su ciudad y cobrar el dinero acordado, pero la situación se complicará cuando, por un lado, las pesquisas de Ku-Nam para reencontrar a su mujer – en realidad, la principal e importante razón que han llevado al personaje a aceptar un trabajo para él completamente inusual – le lleven al conocimiento de que la misma ha desaparecido misteriosamente, y en segundo lugar cuando, en el momento elegido por él como propicio para asesinar al mafioso, le tomen la delantera dos completos desconocidos, tan desarrapados como él, que parecen haber recibido idéntico encargo.
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La secuencia más lograda de The Yellow Sea tiene lugar precisamente poco antes de que el relato alcance el último acontecimiento mencionado, cuando Ku-Nam inspecciona cuidadosamente la escalera que permite el acceso a los diferentes pisos del edificio en el que deberá asesinar a su objetivo, justo antes de que este último alcance una verja de seguridad que protege su hogar de cualquier intento de intrusión que tenga lugar desde el exterior. Ku-Nam, absolutamente inexperto en el arte del asesinato, medirá sus pasos minuciosamente, calculará la cadencia de las luces de la escalera  – que se encienden automáticamente cuando detectan el paso de una persona y cuyo correcto funcionamiento un guardaespaldas del mafioso controla desde la calle para asegurarse de que su jefe llega sano y salvo a su hogar – y intentará imaginar mentalmente con la mayor precisión el clímax de la situación, en el que deberá acuchillar a su víctima, pues un arma blanca será la única herramienta homicida a su alcance, condicionando este factor una extrema y peligrosa cercanía física entre el asesino y su presa, a la cual una vez eliminada Ku-Nam deberá cercenar un dedo como prueba de que su trabajo ha sido completado con éxito.
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La muerte del mafioso marcará un punto de inflexión en el film, abruptamente convertido este en un hiperbólico, atropellado y caprichoso relato de acción y violencia paroxística, desprovisto de cualquier atisbo de verosimilitud y credibilidad, que propiciará el vertiginoso descenso de interés de The Yellow Sea, pues una vez Ku-Nam intente huir del lugar del crimen, el personaje se verá sometido a un acoso, imparable y demoledor, de casi dos horas de duración, por parte de asesinos a sueldo, policías y hampones de medio pelo, que querrán acabar con su existencia por motivos de lo más diverso. Sorprendentemente, Ku-Nam logrará zafarse una y otra vez de las balas, vehículos, hachas y sobre todo cuchillos, muchos cuchillos, que intentan despedazarlo, pretendiendo con ello el realizador Hon-jin que su propuesta entre en el terreno de la abstracción narrativa y el relato simbólico: la fuerza de voluntad de Ku-Nam, quien en realidad tan solo quiere encontrar a su mujer, devendrá algo así como un escudo místico para el personaje, capaz de librarle continuamente de la hostilidad y voracidad que muestra hacia su persona un entorno formado esencialmente por personas corruptas, violentas y crueles.
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El tipo de relato que plantea Na Hong-Jin con The Yellow Sea no difiere demasiado, en el fondo, del que sirve como base a películas como Memories of Murder (Salinui chueok, 2003), The Host (Gwoemul, 2006) o Mother (Madeo, 2009), todas ellas dirigidas por Bong Joon-ho, Thirst (Bakjwi, 2009) de Park Chan-wook, o Encontré al diablo (Akmareul boatda, 2010), dirigida por Kim Jee-woon. Todas ellas comparten una ácida mirada hacia la instituciones coreanas (familiares, policiales, políticas, sociales), y una extraña alternancia entre el drama intimo y el cine de género, siendo este último elemento – es decir, la pertenencia a un género concreto, sea este el policial, el terror o cualquier otro – el que permite lecturas más abstractas de los diferentes relatos, y también alusiones  indirectas y de carácter metafórico a la realidad que ha forjado el carácter de estos cineastas. La defendible y positiva crítica social que interesa a estos cineastas no excluye, de forma obvia en todos los casos citados, que sus obras presenten unas aspiraciones comerciales bastante evidentes, aspecto que sin ser necesariamente negativo sí que fuerza claramente la presencia de una constantes visuales espectaculares que en muchos casos resultan agotadoras y también bastante gratuitas, como demuestra de forma ejemplar un film como The Yellow Sea, cuya atropellada acumulación de secuencias de acción, y sobre todo la forma de filmar y montar estas, no difiere excesivamente – en mi opinión más para mal que para bien – del de tantos y tantos cineastas americanos que han tocado recientemente el género, caso de Michael Mann, Paul Greengrass, Doug Liman o muchos otros menos célebres. El tono narrativo disperso y poco convincente del segundo film dirigido por Na Hong-jin no encuentra el equilibrio que si tenían las otras películas coreanas mencionadas. Ni tan siquiera el de Encontré al diablo, film al que más recuerda el de Hong-jin, y que funcionaba mejor que The Yellow Sea porque desde el principio la obra de Kim Jee-woon adoptaba una estética y un tono narrativo de cómic, y en ningún momento existían unas pretensiones realistas.

trailer

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