Thirst

argumento

El film sitúa a Sang-hyun, un sacerdote que pasa parte de su tiempo acompañando a los pacientes de un pequeño hospital de su ciudad. Aunque es respetado por su fe inquebrantable y su dedicación por aquellos que lo rodean, sufre el desconsuelo que le provoca la duda y la desesperación de la vida en un mundo que parece ahogarse en el sufrimiento y la muerte. Con el claro deseo de salvar vidas, participa en un proyecto para encontrar una vacuna para un virus letal. Esta misión le conducirá a África donde queda infectado de una enfermedad mortal. Sin embargo, se recupera casi milagrosamente. La gente, convencida de sus poderes de curación, comienzan a peregrinar para conocerlo. Entre los visitantes se encuentra Kangwoo, un amigo de la infancia. Invitado por éste a su casa, Sang-hyun acepta y allí conoce a Tae-ju, la esposa de Kangwoo. Pero esa noche, Sang-hyun tiene una recaída. Entre vómitos de sange, Sang-hyun fallece. A la mañana siguiente recobra la vida convertido en vampiro: se siente reconfortado por una nueva vitalidad pero huye de la luz y siente rechazo por sí cuando se descubre chupando la sangre a un paciente del hospital.

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critica

De Park-Chan Wook sólo he visto, hasta el momento, dos películas: “Sympathy for Mr. Vengeance, 2002” y “Old Boy, 2003”. Ninguna de las dos se ganó mi respeto, aunque eso no ha logrado impedir que este crítico tenga algo de fe en el director coreano, pues su cine se aleja considerablemente del fantástico más convencional, y eso siempre permite tener el piloto alerta a los aficionados al género, nos gusten más o menos las propuestas de ciertos directores.

Lo primero que sorprende de “Thirst” es que hace gala de una contención formal y una sobriedad estilística alejada de las dos películas mencionadas líneas arriba. Ese control se mantiene durante aproximadamente una hora y cuarto del metraje del film, momento en el que se opera un cambio de registro o, mejor dicho, una acentuación de determinados elementos presentes durante toda la película, es decir, la presencia de sangre y situaciones disparatadas, presididas por un humor cada vez más negro, que no dejan títere con cabeza. Esa locura narrativa no resulta negativa en si misma, pero la excesiva acumulación de momentos delirantes impiden que la segunda parte del film resulte igual de compacta que la primera y, por lo tanto, que en estos momentos estemos hablando de una película plenamente conseguida.

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Si hace escasas horas decíamos que el humor de una película como “Yatterman” corre el peligro de ser incomprendido por espectadores occidentales, como en una de las sesiones de ayer quedó manifiesto, no ocurre lo mismo con “Thirst”, que haciendo gala de un humor también muy nipón (especialmente en lo que toca a aspectos como el sexo o la agresión física entre hombre y mujer) resulta más accesible, o comprensible, para ese mismo espectador. Las constantes carcajadas que la película, en su sesión matinal, ha provocado en el público, que prácticamente llenaba El Auditori, así lo demuestran.

El humor negro de la película se gasta frases tan demoledoras como las siguientes: “Dejad que Dios os ayude a través de la ciencia. Tomad antidepresivos”, o la frase, exclamada por un personaje secundario, “La mierda huele, pero no asusta”, justo después del insultante y ofensivo “Aquí huele a mierda”, dirigido a la chica-vampiro del film, que acto seguido demuestra al tipo que la mierda, aparte de oler, también puede dar miedo, pues le rompe el cuello al mismo propinándole un salvaje puñetazo.

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La excelente interpretación del actor Song Kang-ho también contribuye, decididamente, al éxito de la propuesta, moviéndose en un registro que navega al mismo tiempo por dos aguas distintas: la seriedad y la ironía, algo a lo que, de todos modos, ya nos tiene acostumbrados el actor coreano. La actriz Kim Ok-vin respalda plenamente a su compañero, entrando en un juego interpretativo especialmente sutil y que no todos los actores sortearían con éxito. Quizá, en el fondo, el único requisito imprescindible sea ser coreano.

Algunas de las imborrables imágenes de la película son: el protagonista aspirando la sangre de un hombre en coma directamente del tubo que suministra el suero necesario para mantener su organismo activo, o el mismo durmiendo en el interior de un armario volcado en el suelo, o sufriendo lo indecible la rotura de cada uno de los dedos de ambas manos para instantes después recomponerlos todos con suma facilidad.
Habrá que dedicarse más detenidamente a estudiar algunos de los aspectos de “Thirst”, que cuenta con algunos momentos brillantes, pero por el momento dejaremos constancia de que su final es extraordinario: unos minutos de humor visual que, poco a poco, van dejando emerger un poso de tragedia, que finalmente tiene lugar y que, al mismo tiempo, logranconformar un fragmento de pura poesía visual. Chan-Wook toca teclas muy diversas y las hace converger en varios momentos de “Thirst” con pleno éxito.

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