Una libélula para cada muerto (1974)

argumento

Paolo Scaporella, un rudo y eficaz inspector de la policía de Milán, está siguiendo las pesquisas de una serie de asesinatos que se están cometiendo por la zona, en los cuales las víctimas aparecen junto a unas libélulas manchadas de sangre. Poco a poco el inspector irá avanzando en sus investigaciones, pero a la vez, se irá introduciendo cada vez más en un terreno muy peligroso.

Una libélula para cada muertoUna libélula para cada muerto

critica

Siguiendo las pautas de un genuino ‘Giallo’ made in italia, pero con una definitiva estética española, ‘Una libélula para cada muerto’ sigue las andaduras de uno de esos típicos asesinos en serie vestidos con guantes negros y gabardina tan característicos de ese género, aunque aquí, se le añade al personaje un detalle como sello de identidad nacional o simplemente para diferenciarlo de aquellos, como son, unos llamativos pantalones rojo sangre, que desfiguran un poco el temible personaje y sus actos. Como hicieran los grandes directores italianos como Dario Argento o Lucio Fulci, con el título zoológico de algunas de sus obras, como ‘4 moscas sobre terciopelo azul’ ‘Una lagartija con piel de mujer’ o ‘El gato negro’, el film dirigido por León Klimovsky, se une incluso a este aspecto con un título de referencia animal, al que se le intenta dar sentido dentro del film sin demasiadas pretensiones y con un simple protagonismo.
Una libélula para cada muertoUna libélula para cada muerto
La floja trama de la película trata de complicarse sin éxito, y ni los personajes ni las situaciones que presenciamos consiguen la intensidad e importancia de memorables títulos como los citados anteriormente. Aquí, tan solo podremos disfrutar de escenas como la de los asesinatos, que muestran la deficiente pero carismática calidad del cine español de los 70. Películas como ésta, contaban con actores que ofrecieran algo de calidad o la posibilidad de enganchar al espectador, en el film que nos ocupa, encontramos a un correcto Paul Naschy al frente, como uno de los atractivos del metraje, ya que la calidad argumental y un guión solo escrito para el lucimiento de este personaje en concreto, no alcanzaba lo necesario para convencer al público.
Una libélula para cada muertoUna libélula para cada muerto
El personaje que interpreta Naschy, el Inspector Scaporella, es presentado desde las primeras escenas como un rudo y violento policía, constante y obsesionado por su trabajo, pero amable y cariñoso en el hogar con su mujer, con la que comparte hipótesis sobre el caso, arte culinario o agradables baños, eso si, siempre bajo el aspecto duro y varonil que proporciona un puro en la boca. A pesar de contar con uno de los mejores repartos que podemos encontrar en la filmografia de Naschy, los demás personajes son poco profundos y carecen de carisma e interés, lo que unido a una trama bastante lineal, componen una lejana imitación y un mala copia al género italiano que tan de moda estaba en aquellos tiempos.
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Las escenas de los asesinatos ya mencionadas, deficientes pero que guardan todo el espíritu de la época, son uno de los alicientes del film, en las que vemos al asesino que a su manera y con todo tipo de armas, cuchillos, hachas y hasta un paraguas, lleva a cabo los crímenes en los que deja su marca personal, una libelula ensangrentada. El desenlace del film es también bastante flojo, no nos aguarda ninguna sorpresa ni nada trascendental, y es que desde los primeros minutos el film va decayendo paulatinamente, solo reavivado con alguna escena que sin calidad consigue despertar curiosidad.
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En definitiva, al margen de si resulta recomendable o no su visión, este tipo de películas logran llamar la atención por el solo hecho de apreciar el cine que se hacia en nuestro país por aquel entonces. Títulos como ‘Los ojos azules de la muñeca rota’ (1973) de Carlos Aured, o ‘La noche de los asesinos’ (1976) de Jesús Franco, componen una lista de realizaciones en una época en el que el fantaterror intentaba abrirse paso en nuestro país, y éstas, lo probaban con un género que ya tenía su personal sello de calidad.
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El momento: Cuando el Inspector Scaporella, o sea, Paul Naschy, ha de pelear en un almacen abandonado contra cuatro delincientes, unos Nazis de postal ataviados con insignias y cadenas de la que el inspector sale mal parado a pesar de repartir unos cuantos golpes.

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Una libélula para cada muerto

 

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