Valkoinen Peura (1952)

argumento

Pirita y Aslak se enamoran durante la celebración de una carrera de trineos y al poco contraen matrimonio. La felicidad y armonía de la pareja comenzarán a tambalearse cuando las reiteradas ausencias de Aslak en el hogar, debido a su labor de cazador, provoquen en Pirita una falta de afecto y de sexo que finalmente impulsarán a ésta a entablar contacto con Tsalkku-Nilla, un chamán de la región, en busca de una solución.
El chamán, previa consulta de sus runas, inducirá a Pirita a sacrificar a un animal ante el icono de una deidad, pero el ritual, lejos de alcanzar el efecto deseado, provocará que un hechizo recaiga sobre la mujer, haciendo que esta se transforme en ciertas ocasiones en un reno blanco que atraerá a los cazadores para de esa forma asesinarlos.
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critica
Según Imdb, el poco (o nada) conocido en España realizador finlandés Erik Blomberg dirigió tres cortometrajes documentales (“Porojen Parissa“, en 1947, “Kolmekymmentä vuotta Suomen kansan puolesta“, en 1948, y “Kauneuden juhlat 1955 II“, en 1955), y un total de cinco largometrajes: “Kun on tunteet“, en 1954, “Miss Eurooppaa metsästämässä” y “Kihlaus“, en 1955, “Noc poslubna“, en 1959, y “Valkoinen Peura“, el film de corte fantástico del que hablaremos en las siguientes líneas y cuyo título traducido al castellano sería El Reno blanco. Film finlandés, de género fantástico y filmado en los primeros años cincuenta: como puede deducirse de semejante descripción, se trata de toda una rareza, pero hay que subrayar que la rareza, en este caso, atesora un interés y una calidad artística más que notables.
Por establecer paralelismos, respecto a cinematografías mucho más populares que la finlandesa, como la norteamericana, “Valkoinen Peura” recuerda claramente, por múltiples razones (argumentales, estéticas, formato de serie B, etc.), a un clásico de la talla de “La Mujer Pantera” (Cat People, 1942), de Jacques Tourneur. En ambos casos, el protagonismo lo adquieren sendas mujeres, cuyo intenso y reprimido deseo sexual las transforma en animales: La Irena Dubrovna del film de Tourneur se transforma, evidentemente, y a causa de una maldición, en una pantera; por su parte, la Pirita de “Valkoinen Peura” adquiere, después de realizar el sacrificio de un animal a una deidad de un pueblo lapón, la capacidad de transformarse en un animal, en principio, mucho menos agresivo que el felino: un reno blanco. El film de Blomberg bebe de la ancestral cultura finlandesa (mitos y leyendas del pueblo lapón), mientras que el de Tourneur lo hace de la serbia (real o inventada para la ocasión), aunque en ambos casos, la capacidad para transformarse en animales de sus respectivas protagonistas se sugiera antes recurriendo a primeros planos de las actrices y a unos brillantes y muy atractivos juegos de luces y sombras proyectados sobre sus rostros, que no a espectaculares pero excesivamente concretos efectos especiales: si casi cualquier espectador puede imaginarse la transformación de un ser humano en un felino y mantener la compostura, mucho más difícil resulta esto al imaginarse la transformación de una mujer…en un reno blanco (¡¡!!). Es evidente que Blomberg es consciente de este factor, y sabe sortear con elegancia (recurriendo, principalmente, a apropiados cortes de montaje y a sugerentes efectos de luz) las imágenes que moverían a risa a los espectadores del film. De todos modos, el presupuesto que tuvo “Valkoinen Peura” de buen seguro que fue inferior al de casi cualquier film de serie B norteamericano de la época.
valkoinen peuravalkoinen peuraEl mayor atractivo físico que habitualmente tienen las actrices que protagonizan los films fantásticos norteamericanos (ayer tanto como hoy: en el caso concreto de “La mujer pantera”, Simone Simon, de origen francés, encarna a Irena en el film de Tourneur, mientras que la alemana Nastassja Kinski hereda el rol en el remake del mismo film dirigido por Paul Schrader en 1982) cede el paso, en “Valkoinen Peura“, a la particular presencia en pantalla de Mirjami Kuosmanen, actriz finlandesa de rostro más circunspecto y hierático que Simon o Kinski, aunque su labor encarnando a la aparentemente inofensiva Pirita resulte igual de turbador. En este sentido, el film de Blomberg se aleja decididamente, en su configuración del reparto, de los cánones físicos impuestos por las cinematografías norteamericana, francesa, italiana, etc., de la época, apostando por rostros (tanto de actrices como de actores) que, lejos de resultar atractivos físicamente, se revelan no sólo buenos actores, sino además especialmente apropiados para encarnar a sus respectivos personajes. Los rostros de Mirjami Kuosmanen, Kalervo Nissilä, Ake Lindman, etc., en “Valkoinen Peura“, recuerdan poderosamente a los de actores como los que protagonizaban films suecos como “Dos seres” (Tvä människor, 1945, Carl Theodor Dreyer), daneses, como “La brujería a través de los tiempos” (Häxan, 1922, Benjamin Christensen), o alemanes, como “Vampyr“, también dirigida por Dreyer en 1932.
La especial implicación de Mirjami Kuosmanen en el proyecto queda puesta de relieve al comprobar (otra vez gracias a Imdb) que ésta coguionizó “Valkoinen Peura” junto al propio Erik Blomberg;  tarea que la actriz volvería a compaginar (junto a la interpretación) en otros largometrajes del realizador: “Kun on tunteet“, “Kihlaus” y “Noc poslubna“. También podría decirse, a la vista de los intensos primeros planos de Pirita que la actriz soluciona brillantemente con su expresividad facial, que en “Valkoinen Peura“, el verdadero efecto especial es la propia Mirjami Kuosmanen, cuyo rostro puede recordar a los de actrices como la inglesa Barbara Steele o la danesa Anne Pedersdotter (que interpretaba a Anne, la segunda mujer de Absalon, y sospechosa de brujería, en “Dies Irae, 1943“, otra de las obras maestras de Carl Theodor Dreyer)

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Las primeras imágenes de “Valkoinen Peura” resultan, sin duda alguna, harto curiosas: desprovistas de sonido, y acompañadas únicamente por una suave pero inquietante música de percusión, y una voz femenina que parece entonar una letanía (más bien pagana que no cristiana) que narra los extraños orígenes de Pirita, y como ésta se asentará en el pacífico pueblo en el que transcurre la acción, habitado mayormente por cazadores de renos, osos, y otros animales, y sus respectivas mujeres, tienen la virtud de dotar al film de una atmósfera decididamente extraña, y predisponen al espectador para que lo inesperado haga acto de presencia en cualquier momento. Los 15-20 minutos siguientes a ese epílogo describen al pueblo y a sus gentes como un lugar verdaderamente tranquilo y alegre, cuyas actividades habituales consisten en la caza y cría de renos, la carreras de trineos tirados por renos, etc. Precisamente, será una carrera de trineos el curioso marco en el que prenderá la chispa del amor entre Pirita y Aslak (Kalervo Nissilä), uno de los cazadores del lugar. La felicidad de esta celebración popular se verá prolongada con la boda de la pareja, y a partir de ese momento todo transcurrirá apaciblemente, hasta que las reiteradas ausencias en el hogar de Aslak provoquen en Pirita una soledad y unas ansías sexuales que inducirán a la mujer a acudir a un chamán del lugar, Tsalkku-Nilla, que, previa consulta de las runas, la conducirá a matar al primer ser vivo que se encuentre en el camino de regreso a casa, que resultará ser un reno, el cual deberá sacrificar ante el icono que representa a una deidad de la región, y gracias al cual su problema encontrará una solución, aunque diferente a la esperada.
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Las secuencias que describen la felicidad y la armonía del lugar encuentran una adecuada puesta en imágenes por parte de Erik Blomberg, el cual dota a la secuencia de la carrera de trineos de un inequívoco tono documental, y también de un adecuado ritmo rápido en el corte de los planos que transmite al espectador el vértigo de la carrera. Los primeros planos dedicados a Pirita y a Aslak, observándose mutuamente desde sus respectivos trineos, también resultan apropiados para expresar ese “amor a primera vista” que se da entre ambos seres humanos. La música que acompaña a esta secuencia, alegre y festiva, encuentra, al igual que el tono dramático de las imágenes, una prolongación natural en los siguientes minutos, hasta alcanzar la secuencia en la que Pirita se reunirá con Tsalkku-Nilla, que dará paso a lo inquietante y perturbador, una vez el sacrificio llevado a cabo por Pirita permita a esta adoptar la apariencia de un reno blanco, animal que atraerá la atención de los cazadores hacia ella, y con los que mantendrá relaciones sexuales (recuperando previamente su aspecto humano, claro está), antes de asesinarlos brutalmente.
El cambio en el tono del film (de drama más o menos costumbrista a film de horror) permitirá a Erik Blomberg (también director de fotografía y montador) la creación de notables y atmosféricas secuencias cuyo poder de sugestión se apoyará en excelentes efectos de luces y sombras.
Una secuencia, la de la boda de otra pareja del pueblo, merece especial atención en relación la solución visual que encuentra Blomberg para sugerir la influencia invisible que Pirita ejerce en el hombre que va a contraer matrimonio. Aparte de independizar a ambos personajes con planos medio cortos que muestran sus respectivas reacciones ante algo que al resto de presentes a la celebración simplemente pasa inadvertido, el dedicado a Pirita, que parece entrar en trance en este momento, destaca por la iluminación blanca que hace destacar su figura respecto a las de la gente que la rodea. Instantes después, cuando la pareja felizmente casada inicie un viaje en carreta, Pirita, ya transformada en el reno blanco, se encargará de volver a atraer la atención del esposo, que se dirigirá a cazar al animal, para de ese modo asesinarlo. Lo extraño, lo fantástico, ha sido expresado por Blomberg con gran economía de medios, un efecto de luz, y, por supuesto, mucha imaginación, algo que será constante a lo largo de todo el film, tan breve y compacto como los mejores films de serie B norteamericanos.
valkoinen peuravalkoinen peuraValkoinen Peura” es un film fantástico, además, con una particularidad bastante atractiva: su atmósfera inquietante es tanto diurna como nocturna (otro film que combina ambas facetas es el extraodinario “El Manuscrito encontrado en Zaragoza” – Rekopis znaleziony w Saragossie, 1965 -, dirigida por el polaco Wojciech J. Has), en un género más bien inclinado con profusión hacia lo segundo, lo que permite a Erik Blomberg sacar partido visual, en varias secuencias, de la estepa helada y blanquecina que rodea al pueblo en el que viven los personajes: Pirita actúa tanto amparada en las sombras y la oscuridad como cuando el blanco domina por completo el escenario de sus acciones.
Sin duda alguna, un film a tener en cuenta, que no se merece el (casi) completo ostracismo en el que permanece en la actualidad, y que se une a otra joyas del cine fantástico europeo (algunas mencionadas a lo largo de este escrito) en una línea que alcanzaría hasta excelentes films recientes como el sueco “Déjame entrar” (Lät den rätte komma in, 2008), dirigida por Thomas Alfredson.

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