Carla, diseñadora de éxito en Madrid, decide tener su primer hijo como madre soltera. Tras un parto prematuro y debido a la delicada salud de su hija recién nacida, se ve obligada a trasladarse con ella a un ambiente más limpio, concretamente a una vieja finca familiar que heredó de sus padres, en un austero ambiente manchego. Una vez allí, tendrá que enfrentarse a sus fantasmas del pasado, pero hay algo mucho más amenazante e inesperado que la llevará a una situación límite, más allá de lo imaginable…

Me fastidia no poder hablar bien de esta película, de cómo la ópera prima de Miguel Cruz supone una revitalización del género de terror puro en España, del prometedor futuro en el largometraje del cineasta, de una genuina historia de fantasmas que te mantiene pegado a la butaca, de su valía frente a otros productos americanos hechos con molde. Desgraciadamente, no soy capaz, ya que estamos ante todo lo contrario: una película de terror que no da miedo, hecha sin pasión y que pasará con más pena que gloria por las carteleras nacionales.

Su argumento es bastante típico, como veréis: Carla es una mujer soltera, a punto de dar a luz, algo que no le importa, por ser alguien muy independiente y luchadora. Tras un parto prematuro, en el cual su bebé a punto está de morir, se pasa un tiempo sin poder ver a su hijo. Para escapar de la gran ciudad, regresa a su tierra natal en La Mancha, junto al bebé. Años atrás, su padre dirigía unos prósperos terrenos, pero tras su muerte, Carla se marchó del pueblo y esas tierras quedaron prácticamente inservibles. Al llegar, decide poner en marcha de nuevo esos terrenos, pero hay algo que parece querer atacarla y llevarse a su hijo.

Está claro que la historia no es nada del otro jueves, pero sí es cierto que hay momentos rodados con maestría y que consiguen crear una atmósfera poderosa. No obstante, esos momentos son demasiado puntuales y quedan diluidos en una cinta sosa y efectista. Se nota que su director y guionista, Miguel Cruz, proviene de la televisión, donde ha sido durante años guionista de la serie Aída. Y es muy difícil dejar atrás ese bagaje, lo cual se percibe en la dirección, demasiado televisiva, casi de teatro, sin movimientos de cámara especialmente reseñables, y una fotografía poco cuidada.

Al principio, parece que vamos a ver una cinta found-footage, pero salvo algunas escenas hacia el final, dicho recurso no vuelve a emplearse y el resto sigue un lenguaje normal. La presentación inicial de los personajes es creíble, pero de un plumazo cambiamos la situación y nos enfrentamos a una película nueva con la marcha de Carla al medio rural, donde conoceremos nuevos personajes. El problema de ello es que las tierras manchegas, en un paraje aislado, no son bien explotadas en beneficio de la historia.

Poco a poco, nos adentramos en el misterio que rodea los sucesos extraños que cada noche ocurren en la casa del campo, pero este se hace aburrido y tramposo, como descubriremos con un giro de guión final incomprensible y ridículo. Si algo salva los trastos son sus actores, que cumplen, aunque el niño protagonista se hace repelente y no actúa bien.

No sé hasta qué punto esta película simplemente se hizo para recibir la subvención de turno, pero imagino que Miguel Cruz habrá querido presentar una primera obra digna, que le permita continuar en el cine. Desafortunadamente, su primer paso ha sido errado y nos ha ofrecido una película aburrida, carente de emoción, engañosa y sin sorpresa. Parece mentira que muchas veces se use el terror en nuestro país para ofrecer bodrios que no interesan a nadie: La Central, ESO, Intrusos en Manasés…, películas sin apenas publicidad y que están mal hechas, cuando estamos frente a un género muy rico e interesante, que podría funcionar en taquilla. Una película fallida en resumen, pero deseamos que su director nos regale en el futuro productos mejores. Y cuidado con el trailer a continuación, que es un spoiler gigante en sí mismo.

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