Un día, Dolph despierta para descubrir con estupefacción que aquello que más ama en el mundo, su perro Paul, se ha desvanecido. Desesperado, nuestro hombre se embarca en una búsqueda repleta de encuentros imprevistos y escenas demenciales.

 

Las películas cuyo humor se basa en situaciones que desencajan al espectador por ser delirantes, ridículas o inesperadas suelen gozar de bastante éxito, pero también son las que tienen límites delicados cuya principal complicación reside en no cruzarlos (es decir, en el caso de que el filme se convierta en un continuado de escenas sin sentido y no exista una interpretación al alcance del público se tratará del más puro surrealismo, exclusivamente dirigido a un público selecto); Wrong, el último largometraje de Quentin Dupieux (quien sorprendió hace escasos dos años con la magnífica Rubber, la cual supuso una experiencia religiosa de incalculable calidad), es delirante en su justa medida, siendo el mismo título un anticipo de tal característica (se podría traducir como algo que está mal, que es incorrecto o equivocado, algo que no encaja con la realidad).

Dolph Springer (Jack Plotnick, superlativo a pesar de la complejidad del personaje que interpreta) es un soltero que roza la treintena de edad cuya plácida existencia se basa en gran medida a la compañía que le ofrece Paul, un cariñoso perro al que ama incondicionalmente y con el que vive en un barrio y una casa muy agradables; un día se despierta y se encuentra ante la complicada asimilación de que el amor de su vida, su predilecta mascota, ha desaparecido misteriosamente, sin motivos aparentes, convirtiéndose en un reto (y una necesidad) personal encontrarlo.

En su ardua tarea de querer volver a la cotidianeidad, de retomar su normalidad, intenta que regrese para que los dos puedan volver a su rutina diaria (a pesar de que lo despiden de su trabajo él sigue yendo de forma regular) recurrirá a Victor (Eric Judor, comediante que demuestra sus dotes), su oportunista jardinero francés, a Emma (Alexis Dziena, sutilmente fabulosa), una empleada de pizzería que actúa de manera totalmente irracional con tal de abandonar a su marido, al detective Ronnie (Steve Little, cuya curiosidad transita de su aspecto a su encarnación), quien se dedica a investigar desapariciones de mascotas con un original dispositivo para filmar la historia de los desechos de los animales, e incluso a Master Chang (William Fichtner, inmaculado, cuya familiaridad se desprende sin estupor), un experto en psicología canina que ha desarrollado un avanzado método de hipnosis; éste último se dedica a secuestrar de forma aleatoria a mascotas para demostrarles a sus dueños lo importante que es cuidarlas, protegerlas y nunca abandonarlas, peculiar dedicación que le convierte en el personaje más intrigante, original y mejor logrado, de enigmática aunque importante relevancia tanto para Dolph como para el propio desenlace de la trama.

Wrong está construida a partir de escenas recurrentes de elementos incorrectos (por ejemplo el reloj despertador digital que pasa de marcar las 7:59 a indicar las 7:60), planificadas inexactitudes que se extienden a algunos espacios de la cotidianeidad del protagonista (como es el caso de su oficina, en la cual llueve torrencial y constantemente) y a las actitudes que los diferentes personajes adoptan (un hecho fantasioso y principal en el relato como el de la palmera que de repente se convierte en pino es el paradigma más significativo, provocando la resignación de éstos viéndose obligados a tomar tal hecho como una reparable incoherencia y adoptando la solución de volver a plantar una palmera); no cabe duda, el desconcierto prima en la historia, y es que los recursos surrealistas no son nunca cuestionados y dejan al espectador con la duda de si lo que está ocurriendo va a pasar a ser el sueño o el fruto de la imaginación de alguno de las caracterizaciones (la confusión alcanza su nivel más álgido cuando una de ellas tiene un sueño y se da por muerto, siendo en realidad la pesadilla de un hombre joven que no quiere ser padre).

Los títulos iniciales, que tienen de fondo un bombero haciendo sus necesidades fisiológicas en la vía pública ante la mirada impávida de sus compañeros del camión autobomba, son un preludio de lo que la obra significará, una laboriosa película en la que los colores pastel de la puesta en escena, los planos con elementos fuera de plano y los diálogos absurdos crean constantemente una atmósfera onírica que complica la tarea de discernir la realidad de la ficción que supondría pertenecer a un sueño (otro aspecto que contribuye a crear dicha sensación es que varios personajes masculinos se parecen bastante entre sí); es todo un misterio, más que la propia propuesta, la acogida que entre el público tenga la misma, pero la realidad es que la originalidad que desprende y las exclamaciones de agradable sorpresa que propician los delirios de Quentin Dupieux son todo un regalo de indiscutible genuinidad.

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