Todos los Colores del Giallo (1963-2013)

50 AÑOS DE COLORIDOS Y SANGRIENTOS ASESINATOS

Desde el intenso rojo de la sangre, al característico negro de los guantes del asesino, pasando por los psicodélicos azules, violetas…, el indefinido blanco de los maniquíes, o el verde de la sensualidad, el erotismo o el dinero, y sin olvidarnos del amarillo que da nombre al género, podemos apreciar que el giallo es un estilo cinematográfico colorido, de gran poder visual, que transcurre por escenarios recargados y llamativos, donde las luces y las sombras, también juegan un papel importante. Una paleta repleta de innumerables posibilidades que intensifican cada uno de los fotogramas, con tonos vivos, que en ocasiones se muestran irreales, y una buscada saturación de colores que se impregnan en el misterio y el suspense de sus historias, en los brutales y sangrientos asesinatos, en las múltiples personalidades de los asesinos, o en los bellos cuerpos de sus víctimas. Entre otros elementos, ésta era una de las principales características en los trabajos de Mario Bava y Dario Argento, principales exponentes del giallo. 

La intensa utilización de los colores, es uno de los elementos más característicos de éste género también denominado ‘thriller all’italiana’ o ‘spaghetti thriller’, que nació en Italia en la década de los 60, derivado del thriller, el género policíaco y del cine de terror, que tuvo una mayor repercusión en los años 70, donde vivió un increíble esplendor creativo, al que contribuyeron grandes directores como los citados Mario Bava, Dario Argento, o los Lucio Fulci, Umberto Lenzi, Duccio Tessari, Luciano Ercoli o Sergio Martino, entre otros muchos. Las novelas policíacas y de misterio, publicadas en Italia por la editorial Mondadori en los años 30, que se distinguían por el intenso color amarillento de sus portadas, dieron nombre a ésta vertiente cinéfila llamada ‘giallo’ (amarillo en italiano), y también, tuvieron gran influencia en sus historias, aunque muy pocas de éstas producciones están basadas en las obras literarias, y solo heredaron ciertos elementos característicos. De hecho, muchas de sus tramas están influenciadas por el cine gótico italiano, el krimi (o criminal) alemán, el policíaco francés, o incluso por algunas películas de Alfred Hitchcock como “Psicosis” (1960).

Hace 50 años, Mario Bava, padre del género, filmaría la intrigante “La muchacha que sabía demasiado” (1963), considerada por muchos historiadores como el primer giallo de la historia. Cinta con tremendos aires hitchckonianos, tanto por su entramado como por su título, que presentaba los elementos básicos del género, como el suspense, el misterio, los crímenes, y un elaborado entramado entorno a la investigación y a la identidad del asesino. Un excelente film interpretado por Leticia Román y John Saxon, que sería el último que el director filmaría en blanco y negro. Un año más tarde, él mismo Bava se encargaría de definir aún más el género en otro de sus trabajos como, “Seis mujeres para el asesino” (1964), primer giallo puro que ya contenía los principales y más característicos rasgos de éste nuevo estilo, en el que destacaban los escenarios cargados de intensos colores, una trama repleta de posibles sospechosos, asesinatos elaborados y de bella factura cometidos sobre atractivas mujeres, y al asesino más representativo del giallo; un tipo con gabardina, guantes, sombrero y una media para ocultar su rostro. Personaje, que marcaría un modelo a seguir, adoptando diferentes variantes en su vestimenta.

Con estos dos títulos, Mario Bava marcaría el nacimiento del giallo, y abriría un universo a explorar por muchos directores en aquellos primeros años, cuando el género aún no terminaba de definirse. Aquella década, estuvo marcada por títulos que dentro de los márgenes propios del género, introducían otras vertientes fuertemente arraigadas a éste, como son el drama, el erotismo, la ambición por el dinero y los intensos relatos psicológicos, que recibirían el nombre de psycho-giallos, historias donde los giros de guión, las perversas situaciones y los asesinatos tanto pasionales como vengativos, siempre con un trasfondo económico, brindaban un espectáculo misterioso a las enrevesadas tramas.

Algunas de las obras y directores que comenzaron a experimentar con ello, fueron Luigi Bazzoni y su inquietante “La mujer del lago” (La donna del lago, 1965); la olvidable “Con el corazón en la garganta” (Col cuore in gola, 1967) de Tinto Brass; films policíacos como “La muerte no tiene sexo” (La morte non ha sesso, 1968) de Massimo Dallamano; psycho-giallos como “El dulce cuerpo de Deborah” (Il dolce corpo di Deborah, 1968), de Romolo Guerrieri; Giulio Questi y su rareza de finales de los 60 “Dos menos uno, tres” (La morte ha fatto l´uovo, 1968); pseudo-giallos como “Doble rostro” (A doppia Faccia, 1969) de Ricardo Freda; “Orgasmo” (también conocida como Paranoia, 1969) de Umberto Lenzi, que abriría una trilogía psicológica completada con Così dolce… così perversa” (1969) y “Paranoia” ya en 1970; o la excelente “Una historia perversa” (Una sull’altra, 1969) de Lucio Fulci.

Pero sería a partir del estreno de “El pájaro de las plumas de cristal” (L’Uccello dalle piume di cristallo, 1970) de Dario Argento, cuando el giallo tendría todo el protagonismo. Argento marcaría un estilo propio, y con esta cinta, pondría de moda esta manera de hacer cine y lo convertiría en un género en sí mismo, marcado por sus propias reglas y un estilo visual más sofisticado, que daba mayor importancia al ritual del asesino y a sus crímenes, mostrados de manera bastante gráfica. Historias llenas de trampas, falsos sospechosos, pistas ocultas y retorcidos giros de guión, eran acompañados por la visión subjetiva del asesino, que daba un punto de vista misterioso y el toque voyeur con el que hacernos tremendamente participes de sus actos. La ya citada paleta de llamativos colores vivos e irreales, la descarada utilización del zoom, con primeros planos de ojos y manos, y la tendencia al uso de largos travellings o ‘sequenza lunga’, daba mayor tensión a los momentos clave de la historia, que casi siempre culminaban con atractivas escenas de morbosa violencia y exquisitos planos, donde todo estaba magníficamente coreografiado. El gialli italiano es un género cinematográfico que entra por los ojos, tremendamente llamativo, que muestra imágenes sugerentes gracias a elementos clave como el encuadre, la fotografía, los colores y los movimientos de cámara, que en ocasiones, ha sido criticado por la falta de coherencia en algunos de sus guiones, por trabajos que dejaban de lado la calidad narrativa, para centrarse más en lo puramente visual.

Muchos fueron los directores que se sumaron a ésta moda cinematográfica, sobre todo durante la década de los 70, cuando el género viviría su etapa de mayor esplendor. Los pasos marcados por Argento y su trilogía zoológica compuesta por “El gato de las nueve colas”, “4 moscas sobre terciopelo gris”, y la ya citada “El pájaro de las plumas de cristal”, abrían un nuevo y sugerente estilo a explorar, que él mismo llevó a la perfección con su obra cumbre, la excepcional “Rojo oscuro” (1975), considerada por muchos como el mejor giallo de la historia. Una fiebre amarillenta que comenzaba a extenderse rápidamente, siguiendo unos patrones bien definidos y aportando nuevas tendencias dentro del género. Directores como Duccio Tessari aportarían al género bellas obras como la policíaca “Una mariposa con las alas ensangrentadas” (1971); Paolo Cavara haría lo propio con la imprescindible “La tarántula del vientre negro” (1971); Umberto Lenzi, uno de los grandes nombres del género, ofrecía su particular estilo en trabajos como “Siete orquídeas manchadas de rojo” (1972), “Detrás del silencio” (1972), “Spasmo” (1974) o “El ojo en la oscuridad” (1975); Lucio Fulci por su parte, nos dejaría títulos tan emblemáticos como la hipnótica “Una lagartija con piel de mujer” (1971), “Angustia de silencio” (1972) con Florinda Bolkan de protagonista, o la enrevesada trama de “Siete notas en negro” (1977). En ésta década, el gran Sergio Martino, realizaría unas cuantas películas para enmarcar como “La perversa señora Wardh” o “La cola del escorpión” ambas de 1971, títulos imprescindibles como “Todos los colores de la oscuridad” y “Vicios prohibidos”, y una de sus mejores obras dentro del giallo como fue “Torso, violencia carnal” (1973), considerada como una de las precursoras del slasher. Mario Bava, seguiría aportando su especial trato al género con títulos como “Cinco muñecas para la luna de agosto”, la curiosa “Un hacha para la luna de miel” y la antológica “Bahía de sangre”. Otras obras y directores que supieron plasmar el verdadero espíritu del género, fueron Luigi Bazzoni y su sensacional “El día negro” (1971); los giallos moralistas “¿Qué habéis hecho con Solange?” y “Corrupción de menores” de Massimo Dallamano; la tremendamente sexual “La bestia mata a sangre fría” de Fernando Di Leo; “¿Quién la ha visto morir?” y “La corta noche de las muñecas de cristal” de Aldo Lado; la entretenida “La dama roja mata siete veces” de Emilio Miraglia; o las tres únicas obras de Luciano Ercoli ligadas al giallo, como fueron “Días de angustia”, “La muerte camina con tacón alto” y “La muerte acaricia a medianoche”. Todo ello sin olvidarnos de “El ojo del laberinto” de Mario Caiano; “Sumario Sangriento de la pequeña Estefania” de Tonino Valerii; “Desnuda ante el asesino” de Andrea Bianchi; “Las lágrimas de Jennifer” de Giuliano Carnimeo; “La casa de las ventanas que ríen” de Pupi Avati; “Concierto para pistola solista” de Michele Lupo; “La muerte desciende ligera” de Leopoldo Savona; “Pasos de danza sobre el filo de una navaja” y “Pasos de muerte en la oscuridad” de Maurizio Pradeaux; “Sombra sangrienta” de Antonio Bido; y “La sombra del asesino” de Luigi Cozzi. Grandes títulos que son una clara muestra del apogeo que vivió el giallo en aquellos años.

A pesar de que en la década de los 80, existieron películas destacables en torno al gialli italiano, estos fueron unos años que marcaron la decadencia del género, que poco a poco, daba paso a jóvenes realizadores y a otras vertientes cinéfilas como el sangriento ‘slasher’, que en los años 70 ya había comenzado a dar sus primeros coletazos, pero que tendría su época dorada en los años 80, gracias a nombres tan importantes como John Carpenter, Wes Craven, Sean S. Cunningham, Bob Clarck o Tobe Hooper. En ésta etapa, muchos de los directores italianos buscarían su propio camino a seguir, como Sergio Martino, que guiaría sus pasos más hacia las comedias eróticas y la televisión; Umberto Lenzi, que se atrevería con títulos caníbales como “Comidos vivos” (1980) o “Canibal Feroz” (1981); o Lucio Fulci, que haría lo propio con su macabro cine de zombies, y títulos tan imprescindibles como “Miedo en la ciudad de los muertos vivientes”, “El más allá”, o “Aquella casa al lado del cementerio”.

También tenemos el caso de Lambero Bava, quien firmaría unos cuantos títulos dentro del giallo, tratando de emular la alargada sombra de su padre, con resultados un tanto diferentes. Entre ellos encontramos la decente “Cuchillos en la oscuridad” (1983); la insultante “Morirás a medianoche” (1986); o la correcta “Crímenes en portada” (1987).

Otros títulos y directores a tener en cuenta en ésta década, fueron la gótica y pesadillesca “Follia Omicida” de Ricardo Freda; uno de los giallos más salvajes y perturbadores “El destripador de Nueva York” de Lucio Fulci; la correcta “Sotto il vestito niente” (1985) de Carlo Vanzina; la entretenida “Pesadilla en la playa” de Umberto Lenzi; o la original “Aquarius” de Michael Soavi.

Pero nuevamente, Dario Argento sería el encargado de mantener viva la llama del género, y durante ésta década y hasta el nuevo milenio, nos ha ofrecido obras menores, o en ocasiones deficientes, que nada tenían que ver con sus primeros trabajos, aunque se mantenían fieles a su forma de ver el cine. Así tenemos la excelente y sangrienta “Tenebre” (1982), que sería considerada como el último giallo puro y duro de la historia, o “Terror en la Ópera” (1985), que posee momentos inolvidables. Incluso en los 90, se atrevería a intentarlo con incursiones más bien pobres, como “Trauma” (1993) o “El síndrome de Stendhal” (1996). Y ya en el siglo XXI, demostraría su falta de ideas y la pérdida de facultades, con obras olvidables como “Insomnio” (2001), “El jugador” (2004), la tv movie “Ti piache Hitchock?” (2005), o la fallida “La terza madre” (2007), que demostrarían que el director vivía de un legado irrecuperable, aunque seguiría intentándolo en 2009 con la floja pero aceptable “Giallo”.

En la última década y en lo que llevamos de la actual, el giallo parece estar viviendo un estimable revival gracias al trabajo de ciertos directores contagiados por la mágia de esa manera de ver y hacer cine. Obras que tratan de emular con mayor o menor calidad, la estética, los argumentos y el poder visual de aquellas historias que fueron desapareciendo con la llegada de nuevos estilos cinematográficos. A parte de las dirigidas por Argento anteriormente mencionadas, podemos destacar la notable obra dirigida en 2004 por Eros Puglielli, “Occhi di cristallo”, que recupera buenas sensaciones del género y cuenta con Simón Andreu entre su reparto; “La bestia en el cuore” (2005), una obra ciertamente desconocida dirigida por Cristina Comencini, que parece estar basada en la novela de la misma autora; o el remake “La ragazza del lago” (2007) de Andrea Molaioli, que recupera la historia dirigida en 1965 por Luigi Bazzoni y Franco Rossellini. 

A finales de ésta década y a partir de 2010, ese deseo por traer de nuevo el género nacido en Italia a la gran pantalla, está teniendo un mayor protagonismo, y son muchos los directores que a través de piezas/homenaje, trabajos experimentales o acercamientos más puros y directos, se atreven a plasmar aquellas coloridas y sobrecargadas obras de antaño. Entre ellas, destacamos la francesa “Les nuits rouges du bourreau de jade” (2009), dirigida por Julien Carbon y Laurent Courtiaud, que a través de un rojo muy intenso, propone una historia de asesinatos, erotismo y lujuria; las experimentales y obras personales de Hélén Cattet y Bruno Forzina, como “Amer” (2009) y la presentada este año al festival de Sitges 2013, “L’Etrange Couleur des Larmes de ton Corps”; así como la australiana “Sororal” (2010) de Sam Barrett, un neo-giallo que tira más por un entramado de extraños sueños, problemas mentales e incluso poderes telepáticos. “Come una crisalide” (2010) de Luigi Pastore, es otro intento por acercarse al clásico giallo, que se queda en una pobre aunque sangrienta aportación; y más recientes, como la alemana y tremendamente atmosférica “Masks” (2011) de Andreas Marschall; la tercera entrega de la saga comenzada en 1985 por Carlo Vanzina, “Sotto il vestito niente, L´ultima sfilata” (2011) que vuelve a dirigir él mismo; pasando por una de las mejores representaciones del género en la actualidad “Tulpa” (2012) de Federico Zampaglione; o el interesante homenaje “Sonno Profondo” (2013) de Luciano Onetti, que recupera todos y cada uno de los clichés del género amarillento. 

Un revival interesante que hace entrever, que en los próximos años podremos disfrutar de más historias que nos evoquen al pasado, y nos devuelvan a ese género tan adictivo como es el Giallo.

Deja un comentario