Emergo (2011)
Un grupo multidisciplinar de investigación paranormal acude a un apartamento donde se están produciendo todo tipo de fenómenos extraños: llamadas telefónicas sin respuesta, objetos que se desplazan solos, sonidos de origen desconocido y lámparas que estallan sin razón aparente. El grupo se dispone a investigar los hechos de forma científica, empleando los medios técnicos más avanzados a su alcance, pero poco a poco las misteriosas manifestaciones serán más y más violentas. Rodrigo Cortés, responsable de Buried, firma el guión de Emergo, una auténtica vuelta de tuerca al cine de casas encantadas.
Un desconocido pero magnífico Kai Lennox protagoniza el filme, interpretando a un padre de dos hijos que vive sucesos paranormales desde hace varios días; decide acudir a un curioso y aparentemente desaconsejable por su estética grupo de búsqueda paranormal (encabezado por un intermitente Rick González) para que estudie las manifestaciones de una forma profesional, el tema se complicará hasta tal grado que el trabajo precisará de las más sofisticadas dotes, recurriendo incluso a un espiritista (el inquietante como la cinta misma Francesc Garrido) para contactar con el espíritu errante que permanece en el hogar y hallar el motivo por el cual está manifestándose de forma tan violenta y poniendo en serio peligro la vida de todos los implicados.
Emergo es un título que se suma al recurso narrativo de la cámara subjetiva, tan en auge en los últimos años, empleándola de forma excelente y obteniendo de este modo resultados óptimos y sugerentes; al igual que otras películas catalanas, como las dos entregas de la exitosa saga [REC] o la prácticamente inédita Atrocious (solamente proyectada en la pasada edición del Sitges Film Festival), presenciaremos en primera persona los sucesos que acontezcan (aunque dicho formato se irá alternando con cámaras fijas al más puro estilo Caché, que servirán para poder tomar aliento tras escenas frenéticamente terroríficas), un recurso elogiado y odiado a partes iguales de transmitir el terror al público que en todo caso es efectivo como pocos si se utiliza en su justa medida (en esta ocasión así es).
Aunque Carles Torrens realiza el trabajo de forma atrevida y elegante (siendo un deleite para los fans del terror) éste queda enmarcado en un género que no gusta a todos, pero aunque la historia misma es una trillada mezcla de las películas citadas con anterioridad a lo largo de la crítica, la valentía con la que el director afronta su primer largometraje es admirable y a la vez meritoria (por lo general supera con creces todos los aspectos que aborda, provocando una sensación de inquietud y entretenimiento innatas); es por lo tanto una propuesta que no debería caer en el olvido y que tras su estreno en salas españolas merecería reconocimientos varios a nivel nacional e incluso internacional (si goza de tal difusión, algo fácilmente factible teniendo en cuenta el clamor popular que suscita Rodrigo Cortés).
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